El comando etarra disponía de cinco bombas-lapa de última generación
La Guardia Civil cree que, pese a su silencio, serán acusados de varios atentados

Parte del material incautado tras la detención de los cuatro presuntos etarras.
El comando desarticulado la madrugada del martes en Bilbao y Galdakano por la Guardia Civil escondía entre su vasto arsenal cinco bombas-lapa de última generación, todas ellas listas para ser usadas a falta de conectar los detonadores y los sistemas de activación de sensor de movimiento. Se trata de unos artefactos idénticos al que ETA usó para asesinar el 19 de junio del 2009 al inspector de la Policía Eduardo Puelles en Arrigorriaga.
Según mandos de la lucha antiterrorista, en el trastero que el presunto jefe del grupo, Daniel Pastor, tenía en Galdakano los agentes se incautaron de cinco paquetes plastificados de la nueva pentrita de fabricación casera de alta potencia con la que la banda terrorista viene cebando sus bombas-lapa, al menos, desde octubre del 2007.
Cada uno de los paquetes es de 500 gramos y está perfectamente precintado. Exactamente, explicaron los técnicos del instituto armado, el mismo tipo de confección, idéntica sustancia e igual cantidad que la que tenía el artefacto que la Policía logró recuperar intacto el 16 de septiembre del 2008 de los bajos del vehículo particular del agente de Basauri que salvó la vida milagrosamente tras recorrer diez kilómetros con el artefacto adosado a su vehículo.
Los especialistas de la Guardia Civil también apuntan a que ese mismo tipo de potente bomba-lapa fue la que «casi con toda probabilidad» ETA hizo explosionar bajo el coche del escolta privado Gabriel Ginés el 9 de octubre del 2007 en Bilbao y que resultó gravemente herido.
Las nuevas bombas-lapa encontradas en el arsenal del comando Vizcaya se fabrican a base de pentrita y nitrometano, el combustible de aeromodelismo que ETA utiliza como potenciador de sus artefactos. Este tipo de artefactos se conocen como «sistemas de bomba-lapa multipropósito», ya que no pretenden, como antes, matar o mutilar al conductor con la onda expansiva y la metralla, sino que tienen como objetivo, según las fuentes consultadas, provocar un incendio, deformar el vehículo para evitar que se puedan abrir las puertas y convertir así la cabina en una ratonera en la que la víctima muera calcinada.
Con estos indicios, los investigadores creen más posible poder acusar a los cuatro detenidos en Vizcaya de los ataques de Puelles, Ginés y el policía de Basauri, a pesar de su silencio.