La vieja guardia sale a escena
Socialistas históricos se ofrecen a Zapatero para paliar la debacle electoral y acallar la crisis interna por la falta de decisión sobre la candidatura del 2012
El PSOE es una olla a punto de estallar. Nadie en un puesto relevante puede dar ya un paso en falso y esperar que nada ocurra. El debate de la sucesión contamina todos y cada uno de los acontecimientos diarios del partido como se puso de manifiesto esta semana con la sorpresiva suspensión del gran acto de arranque de campaña previsto para el 3 de abril en la plaza de Vistalegre, hasta ahora símbolo del poderío de José Luis Rodríguez Zapatero. No son pocos los que creen que el partido va camino de entrar en una fase de descomposición irrefrenable. Y la vieja guardia quiere actuar.
Algunos de aquellos que fueron un día prebostes socialistas ya han ofrecido sus servicios al presidente del Gobierno con el compromiso de que su intervención no requerirá pago a cambio y de que no buscan más compensación que la de salvar de la hecatombe a la histórica formación; ni cargos, ni nombramientos. «Si las elecciones de mayo resultan un fracaso estrepitoso, como parece que ocurrirá, tendremos un partido sublevado y esa situación sólo se salva con un grupo de diez justos», argumenta un destacado miembro de este sector de veteranos.
Su análisis, y el de otros antiguos pesos pesados que, como él, ya han manifestado su deseo de remangarse para «recomponer» el PSOE, es francamente crítico con la actitud de los actuales cuadros del partido en esta gran crisis interna. Hablan de un «sálvese quien pueda» protagonizado por los -˜barones-™, que temen contagiarse de la impopularidad de Zapatero, pero van más allá. «¿Cuántos de los hoy ministros querrían ganar aunque tuvieran que dejar sus carteras? Con que haya dos me conformo», se plantean estos miembros de la vieja guardia.
Esa inquietud ha llegado a oídos del jefe del Ejecutivo que, por ahora, parece escuchar sin más el ofrecimiento de sus mayores. La idea que defienden es que, llegado el momento, sólo aquellos que ya no están en la cumbre pero poseen un cierto prestigio y una trayectoria avalada de manera reiterada por las urnas tendrían legitimidad suficiente como para poner en marcha un proyecto que anteponga los ideales a las «pequeñas parcelas de poder». Gente como el extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra, el castellano-manchego, José Bono, o el andaluz, Manuel Chaves, entre otros.
El hoy presidente del Congreso ha sido protagonista de múltiples rumores en las últimas semanas y aún es sospechoso de ambicionar el trono del PSOE, un honor que le arrebató Zapatero, contra todo pronóstico, en el 2000. Él ya ha asegurado en público que no tiene ninguna intención de regresar a la carrera y en su entorno más próximo aseguran que habla en serio cuando afirma que su tiempo político pasó. Pero sus dos encuentros con el jefe del Ejecutivo en el Congreso, y su sonrisa pícara y misteriosa al terminar las reuniones, la última este miércoles, no ayudan a calmar las aguas. «Hemos hablado de lo que ustedes se imaginan», juega siempre cuando se le pregunta.
Hoja de ruta. Lo que no está claro es cómo encajan los planes de este sector con la hoja de ruta de la sucesión. En principio, existe sintonía con la idea de que Rubalcaba es «el hombre» y que sólo él puede ser el candidato socialista en el 2012 si Zapatero decide no repetir. Pero otra cosa es que el ideario de fondo de unos y otros llegue a confluir porque la prioridad para alguno de estos veteranos es poner orden un modelo territorial que, a su juicio, es el principal responsable de la ruina del PSOE, más que la gravísima crisis económica, a la que se atribuye un carácter más coyuntural.