La economía de la Montaña Central se resintió en un 60% debido al conflicto

Una de las chimeneas de vapor de la térmica de La Robla ya hecha humo.
La Hullera Vasco Leonesa lo ha sido todo para la Montaña Central de León desde 1883, hace 118 años. Toda su estructura productiva y económica depende, o ha sido impulsada, por esta empresa que explota uno de los yacimientos mineros de carbón más importantes de Europa, la capa Pastora. Aunque ya no esté en su capital, la cementera o la propia térmica, también llegaron a La Robla de la mano de la familia Valle, su propietaria desde hace décadas.
Por eso, el cierre de los pozos desde el 1 de enero dejó una sensación diferente a todas las demás. «Por primera vez», explica el alcalde de Pola de Gordón, «hemos pensado que no había futuro. Lo que ahora ha estado en duda ha sido la viabilidad de la propia Hullera Vasco Leonesa en un conflicto que, por muchas razones, se nos escapaba de las manos».
La Vasco ha sido y es el gran motor económico de la cuenca, y toda la Montaña Central ha estado siempre al servicio de la empresa, en el sentido de facilitar su actividad. Desde los pozos de Santa Lucía de Gordón parte un túnel que lleva directamente el mineral hasta la central térmica de La Robla, a 15 kilómetros de distancia, en el que el carbón es transportado mediante una cinta, primero hasta el lavadero de La Vasco, ya en la localidad roblana, donde se elimina toda los restos de madera y piedras y se clasifica por tamaños, y más tarde hasta la planta eléctrica de Gas Natural.
En una zona con tanta dependencia del carbón, el conflicto no sólo lo han vivido los trabajadores. La economía local no ha sido la misma desde hace tres meses. Los mineros han gastado mucho menos. Según el alcalde de Pola de Gordón, la actividad en sectores como el comercio o la hostelería ha caído en más de un 60% en localidades como La Robla, Pola, Ciñera o Santa Lucía.
Hace 15 años, La Vasco tenía más de 1.200 trabajadores. La reconversión desde entonces no sólo ha destruido empleo en la zona. Los ayuntamientos de la Montaña Central ven cada año como pierden población a un fuerte ritmo.