Diario de León

Un ferrocarril lleno de viday recuerdos

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León

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Aquel micromundo que ayer pasó a ser historia, entretenía la vista de los niños, condicionando y encarrilando muchas veces unas vidas, donde la tradición ferroviaria ya tenía poso familiar y que muchos querían continuar. El Crucero era barrio de casas precarias, donde cuando faltaba el agua, nuestras madres bajaban a Vías y Obras a cogerla en garrafas y subirla a las casas. Tiempos en los que nos bañábamos en baldes de zinc. Eran tiempos en los que las calles olían a revolución industrial, a carbón quemado por las calefacciones, porque el tren se electrificó pronto.

Tiempos donde jugaban la partida los ferroviarios en bares como la Zamorana, el Maragato, el Norte o el Ferroviario y donde hasta hace poco, llevamos a reparar la bici a aquel minúsculo taller de Alberto. La vida del barrio ferroviario eran olores. Olían las calles al refinado de Elosúa, al sebo de la Jabonera o los productos químicos de Abelló.

El Crucero fue un barrio donde se «distraía» el carbón de los vagones o briquetas a las locomotoras para calentar las cocinas económicas, que tanto nos gustaban atizar. Momentos de escaquear de los vagones que iban al economato de «la RENFE» el preciado vino de los fudres, o naranjas que eran un tesoro, a riesgo de que la «brigadilla» diera unos buenos palos. Cientos de chavales que daban vida al barrio, rivalizaban. Los del barrio de la Estación a pedradas contra los de la Vega, separados pero unidos por el tren.

León es ferroviario. El ferrocarril quiere seguir presente en la ciudad, adaptado a los nuevos gracias al esfuerzo de todos. Finaliza una importante etapa. Sale el último tren, se despide la estación de León con el último silbido entrañable de la Mikado. Y allí, en su territorio de siempre, se vio pasar el último tren. Día histórico para León y para las intrahistorias personales, recuerdos de muchas vidas. De una forma de vida. Abuelos, padres o amigos tendrán ahora, en sus memorias, muchas estampas ya en color sepia, de un mundo que se va, y otro que llega. Estampas de aquel paisaje ferroviario leonés, tejido con hilos de metal plateado que se difumina. Ayer con el vapor de una locomotora, León agradece en el alma, el trabajo de aquellos ferroviarios que nos dieron un porvenir mejor.

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