Diario de León

Begoña Pérez Álvarez | psicóloga de adavas

Las mujeres mayores sufren más las graves secuelas de una violación

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León

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«Eso sólo les pasa a las jóvenes». Eso, la violación, es algo que las mujeres mayores no asumen porque, debido a su edad, no se ven objeto de semejante delito, asociado al atractivo físico de las jóvenes a quienes frecuentemente se culpa de «provocar» con su aspecto.

El caso del violador de ancianas, entre otros, demuestra que se trata de una creencia social errónea. No es un caso frecuente, pero la gerontofilia ya ha sido objeto de estudios en Estados Unidos. Begoña Pérez Álvarez, psicóloga de Adavas desde hace 18 años, ha tratado a algunas de las víctimas leonesas del violador de ancianas.

De su experiencia con otras mujeres -"ha hecho terapias con 420 a lo largo de este tiempo-" concluye que el «impacto de una agresión sexual en mujeres mayores es mayor que en otras edades». Al no sentir, a priori, que pueden ser objeto de agresiones sexuales «no comprenden lo que ha sucedido», lo que las hace sentirse «más indefensas y vulnerables ante el futuro».

El estrés postraumático que sufren las mujeres violadas es superior en las mujeres mayores porque perciben la agresión, en mayor medida que las jóvenes, como «una amenaza hacia la propia vida». Las mujeres han manifestado que durante el delito pensaron que las iban a matar. Otro pensamiento que las acucia, al no comprender que ellas puedan ser objeto de una agresión sexual, es que «alguien por un motivo que desconocen quiere vengarse de ellas, les cuesta entender que el objetivo sea únicamente la agresión sexual», añade.

Los sentimientos negativos comunes a las mujeres mayores que han sufrido agresiones sexuales son miedo, vergüenza e ira, además de depresión y aislamiento. La psicóloga explica que son «sentimientos especialmente difíciles de superar adecuadamente en mujeres de mayor edad» pues tienen menos «recursos y capacidades psicológicas para afrontar las secuelas» y a su edad es más difícil que puedan adquirirlos.

El miedo, que suele aparecer en los primeros días, imposibilita a las víctimas el desarrollo de sus conductas habituales. Posteriormente el miedo aparece asociado a estímulos del suceso como el lugar de los hechos o a la apariencia física del agresor, la noche y la soledad.

La vergüenza «es un sentimiento clave en la recuperación a nivel social en víctimas de agresiones sexuales» pues «refuerza la autoestimagtización», añade la psicóloga. Este sentimiento es especialmente intenso en los pueblos pues en las pequeñas comunidades «se produce la desindividualización de la víctima y ésta observa cambios comportamentales en sus vecinos que atribuye al suceso», indica. En cuanto a la ira, la psicóloga subraya que «es una consecuencia directa del sentimiento de humillación, indefensión e injusticia vivido por la víctima» durante la agresión.

El estrés postraumático se manifiesta en las víctimas de agresiones sexuales «reviviendo intensamente la agresión en forma de recuerdos constantes involuntarios, pesadillas, malestar psicológico» y con conductas que tienden a evitar estar solas, salir a la calle o por la noche y ver escenas violentas. Además, suelen rehusar hablar de lo ocurrido con sus seres queridos, mostrar respuestas de alerta exagerada, dificultades de concentración, irritabilidad y problemas de sueño.

Otras manifestaciones son la pérdida de interés por todo lo lúdico y social, así como una cierta «incapacidad para captar y expresar sentimientos de ternura». Depresión, pérdida de autoestima, culpabilización, alteraciones sexuales y desconfianza hacia el futuro son otras de las secuelas frecuentes de una agresión sexual.

En definitiva, concluye la psicóloga, «una agresión sexual es una experiencia traumática que se instala en la memoria de las víctimas de forma fragmentada» y que puede variar «desde el recuerdo total hasta la amnesia completa». La labor terapéutica busca «encajar e integrar imágenes, sentimientos y pensamientos angustiosos». Si no se hace, «permanecen en el tiempo».

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