«Ser papón me llena de orgullo»

Los internos que pujarán con el Perdón hablan de su reinserción

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León

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Es martes y sólo queda una semana para la procesión del Perdón, la que cada año, desde 1965, organiza la Cofradía del Santo Cristo del Perdón del barrio ferroviario. En el almacén de la parroquia de San Francisco de la Vega, se prueban y retocan las túnicas de catorce papones especiales.

Son los internos de la cárcel de Villahierro (ocho) y del Centro de Inserción Social Jesús Haddad (seis) invitados por la cofradía para participar como braceros en el paso de La Condena de Cristo, que pesa tonelada y media y pujan un centenar de hermanos.

Todos se declaran cristianos, católicos y ortodoxos. Algunos han recibido la confirmación en la prisión de manos del obispo de León, Julián López. Todos han oido hablar de la Semana Santa leonesa, alguno ha visto el acto del Perdón y hay quien procesionará, además, con otras cofradías el lunes y el jueves.

«En Andalucía desfilé en la procesión de la Virgen de la Villa de Martos (Jaén) y ahora lo hago con una promesa muy importante, por mi madre que es la que más ha sufrido por mi condena», explica Edorta.

«Me presenté para participar en la procesión. Ya salí en procesiones con la legión en Andalucía», añade otro interno, J.M.M. que lleva nueve meses en el Centro de Inserción Social y sale cada día como ayudante de un abogado.

El deporte ha sido su principal terapia durante los 30 meses que pasó en Mansilla de las Mulas. La fórmula es, aparentemente, sencilla: «Con el deporte te cansas, si estás cansado no buscas bronca y si no tienes bronca, no tienes partes».

Tiene 44 años y cuando cumpla su condena «no quiero pasar otra vez por lo mismo. No voy a seguir con la vida que llevaba», asegura.

Para el más joven, la clave para reinsertarse en la cárcel es dejarse ayudar: «Si te dejas ayudar, te ayudan. Pero tienes que poner de tu parte. Conmigo se portaron muy bien. Me dijeron: elige entre patios malos o un módulo de respeto», afirma. El deporte también es su aliado. Entró en prisión con 50 kilos y ahora pesa 72, le recuerda el compañero.

Los ocho internos que están el penal de Mansilla de las Mulas trabajan en diferentes destinos que van desde el economato al apoyo a otros internos, como ordenanzas, responsables de jardinería, en el servicio de paquetería, en la enfermería y como monitores de deportes. Todos ellos son extranjeros: Cuba, Bolivia, Rumanía, Grecia, Bulgaria, Venezuela, Bolivia e incluso Nueva York tienen este año representación en el paso de La Condena de Cristo.

«Vamos a enfrentar la procesión con respeto y sencillez. Estamos muy agradecidos», comenta Rafael. Para Richard, de Venezuela, es una forma de sentirse más cerca de su casa porque en mi país «se vive la Semana Santa de todo corazón». La leonesa no la conoce aún. Está esperando el billete para ser repatriado a su país y espera llevarse «un buen recuerdo».

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«Ser papón me llena de orgullo», afirma Carmelo, de Bolivia, cuyas noticias de la Semana Santa leonesa son audiovisuales. «La he visto por televisión y sé que la mayoría de sus cofradías tiene una gran tradición», apostilla. Hay quien le apunta que hay una, el Dulce Nombre, que acaba de cumplir su cuatrocientos aniversario.