Diario de León

El 'postrubalcabismo' ya se palpa

La candidatura del vicepresidente fue planeada como una solución de emergencia temporal y en Ferraz ya se baraja a Óscar López como posible líder tras el 2012

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paula de las heras | madrid
León

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Alfredo Pérez Rubalcaba es desde este fin de semana pasado el candidato oficial del PSOE a la Presidencia del Gobierno. Lo era de facto desde el mismo momento en el que José Luis Rodríguez Zapatero y los secretarios regionales del partido le coronaron como su elegido y evitaron así la hasta entonces sacrosanta competición en primarias. Pero este sábado el comité socialista de garantías lo designó de manera efectiva. El suyo es, sin embargo, un reinado al que buena parte de los socialistas ven una fecha de caducidad clara, mediados de 2012. El postrubalcabismo empieza ya a cocerse.

El hecho de que el vicepresidente afirmara en su discurso de aceptación ante el Comité Federal que no persigue una «derrota digna» sino una nueva victoria frente al PP no es casual. Eso, la idea de que a estas alturas lo único a lo que puede aspirar el PSOE es a obtener un resultado mínimamente decente, estuvo detrás de toda la operación para situarle como cabeza de cartel del partido en lugar de Zapatero. Nadie, entre los promotores de su designación, hablaba de ganar; tan sólo de evitar una catástrofe igual o peor que en el 2000, cuando los socialistas, con Joaquín Almunia al frente, rebajaron su presencia en el Congreso a tan sólo 125 escaños.

Rubalcaba es consciente de que un partido no puede concurrir a las elecciones con semejante ánimo y sabe que a menos que logre subir la moral de sus filas -para eso está recorriendo las federaciones y celebrando charlas con la militancia- condenará a su partido a una nueva y penosa travesía del desierto. Con el agravante de que, entonces, había en el PSOE auténticos pesos pesados en edad de merecer y con capacidad para tirar del carro y ahora hay valores en alza, pero con un poder y una influencia mucho menores que la de los barones de antaño.

La opción de que el hoy número dos del Gobierno, ministro del Interior y portavoz opte a la Secretaría General del PSOE en el próximo congreso federal, tras las generales, está prácticamente descartada. Salvo que, contra todo pronóstico, venza a Mariano Rajoy. El propio Felipe González lo dio casi por imposible este jueves cuando admitió que «los signos» de que el líder del PP gobernará «son claros». «No vamos a ser tan tontos de presentar en el 2016 a un tipo de 62 años», admitía hace unos meses uno de los dirigentes que estaban en la cocina de la hoja de ruta que ha marcado la salida de Zapatero.

El relevo del relevo, sin embargo, está aún en el aire. Como señala uno de los líderes territoriales castigados por las urnas el 22 de mayo, «quien quiera optar a liderar el PSOE tiene que moverse sin que se note mucho». Pero ya hay nombres en cartera. Algunos suenan con fuerza, otros como mera posibilidad y el futuro de todos está al albur de los acontecimientos.

Entre las aspirantes más factibles, muchos socialistas sitúan a la ministra de Defensa, Carme Chacón, de 40 años. Pero no tanto porque de verdad crean que tiene posibilidades de ganar un congreso, como porque creen que deseará luchar por la oportunidad perdida.

En la lista de posibles futuros líderes tiene un lugar destacado el secretario general de los socialistas de Castilla y León, Óscar López, de 38 años. Es poco conocido para el gran público, pero tiene predicamento interno y contaría con el respaldo de su mentor, el vicesecretario general, José Blanco, y del propio Rubalcaba, que ha llegado a afirmar que es su «diputado favorito». Entre sus cartas: tiene una federación detrás -"aunque no es, desde luego, la más numerosa; sólo la quinta en número de militantes-", se entiende bien con las vacas sagradas del partido que le tienen en alta consideración, como José Bono o Alfonso Guerra, y además conoce al dedillo los intríngulis de su formación porque fue adjunto a la Secretaría de Organización en la época dorada del zapaterismo con Blanco. Eso mismo, y su mal resultado electoral podría jugar en su contra.

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