«De niños íbamos a la collada de Sotillos a ver el frente»

Nano Varela muestra la foto de su padre, Ángel Varela.
Nano Varela también es hijo de un represaliado. Su padre, Ángel Varela, había sido concejal y según cuenta fue detenido por dos veces. Ambas detenciones figuran en el expediente de prisiones que forma parte de los fondos documentales de la Asociación para el Estudio de la Represión en León (Aerle). Por aquel entonces tenía seis hijos, aunque llegó a formar una familia de ocho vástagos.
Ángel Varela también era minero y natural de Llamas de Colle, un pueblo cercano al valle de Sabero. Ingresó por primera vez en la prisión provincial de León el 20 de enero de 1938 acusado de un delito de auxilio a la rebelión. Su causa se unió a la de Isidoro Álvarez Colín.
En una ocasión, apunta su hijo en Olleros de Sabero, «se escapó de un camión». Durante mucho tiempo ha creído que iba en el mismo camión que Zósimo, pero está seguro de que no fue en la época en que se llevaron a Serapio Lera, su tío, a quien recuerda, sobre todo, porque «le molieron a palos en el cuartel de Sabero».
Nano contaba diez años de edad cuando se produjo el golpe de estado de 1936. Recuerda haber visto muertos a algunos fusilados en las inmediaciones. «Íbamos a la collada de Sotillos para ver el frente, desde allí se veía muy bien lo que hacían en Boñar». Lleva la cuenta de algunos de los paseados por allí cerca: Agapito Pacho, Ceferino, dos portugueses y los tejeros de Oceja.
Entre los que iban en el camión de la muerte que terminó su trayecto en Joarilla de las Matas también recuerda a Gregorio González, Goyo, dice. Su esposa, apellidaba Saldaña, ya falleció.
«Éramos unos críos y nos dábamos mucha cuenta de lo que era aquello, sólo teníamos curiosidad», se justifica al reflexionar sobre las escenas dantescas de las que fueron testigos con tan corta edad.