Un puñado de glorias

Andanzas de escaños jubilados

León ha llevado a Madrid 57 elegidos y elegidas en los diez comicios celebrados desde 1977. Un ramillete relata su aventura parlamentaria y analiza el presente.

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ana gaitero | león
León

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Muchas personas son llamadas (a votar: 447.778) y muy pocas las elegidas (para ocupar un escaño: nueve en León). Un total de 57 elegidos y elegidas han tenido el privilegio de representar a León en las Cortes desde que, en 1977, se convocaron las primeras elecciones tras la muerte del dictador Franco. La provincia ha votado en estos 34 años para un total de 53 escaños a la Cámara Baja que han sido ocupados por 21 diputados y 5 diputadas. El relevo político se ha dado con más frecuencia en el Senado, donde los 40 escaños han sido ocupados por 24 senadores y cinco senadoras. El PSOE es el que más voces ha llevado a Madrid con una docena de parlamentarios para 24 escaños. El PP ha tenido 15 escaños y cinco diputados. UCD tuvo nueve escaños y cinco representantes diferentes y AP cinco escaños y cuatro diputados distintos. Un ramillete de ocho «viejas glorias» rememoran su experiencia pasada y ofrecen su mirada sobre la situación actual.

ORGULLO HISTÓRICO

«El aplauso a la Constitución fue el más entusiasta que oí»

Manuel Núñez Pérez, diputado por León entre 1977 y 2001, sigue activo a sus 80 años como presidente del Tribunal de Cuentas. De su larga vida parlamentaria no duda al apuntar que el recuerdo más satisfactorio lo guarda de la «tarde de otoño en que se aprobó el texto de la Constitución. No recuerdo un aplauso tan entusiasta, tan caliente y tan musical como aquel», subraya.

Fue fundador de UCD tras recorrer «pueblos y ciudades de España en defensa de la Ley de Reforma Política». Cuando fue elegido en 1977 no pensó, asegura, que sería casi 25 años diputado y otros diez miembro y presidente del Tribunal de Cuentas.

El 23-F, con la intentona fallida de golpe de Estado que se precipitó poco antes de que le tocara votar, lo recuerda como el episodio «más triste y vergonzoso» de los 34 años de democracia, aunque a la postre «proporcionó la gran oportunidad de fortalecer la Corona y todas nuestras instituciones democráticas». De sus aportaciones a León destaca la contribución a la llegada de servicios públicos esenciales a la provincia —luz, teléfono, carreteras, etc— en los primeros años de la democración y su participación en la creación de la Universidad de León.

De los «constituyentes leoneses de todos los partidos» rememora «la voluntad de cooperación. En ese grupo se anudaron entre adversarios políticos, teóricamente irrencocialibles, lazos de amistad que aún perduran», explica Núñez Pérez. «La concordia es lo que más diferencia la vida política de entonces con la actual», añade. Ahora le preocupa el paro y el futuro «de nuestros hijos y nietos», así como el restablecimiento del «sistema de valores y económico que proporcione trabajo, bienestar y justicia a todos los ciudadanos». Desde el despacho del Tribunal de Cuentas, en la madrileña calle Fuencarral, ve necesario un modelo «definitivamente asentado de la organización territorial de las administraciones públicas, autonómicas y locales que afiance un sistema racional y transparente de financiación y asunción de competencias». Se declara «enamorado de León» y espera que el 20-N «las urnas acierten» para que salga de ellas un «Gobierno fuertemente legitimiado que genere confianza y credibilidad».

EL VALOR DEL CONSENSO

«Las primeras campañas son inolvidables»

Manuel Ángel Fernández Arias, 72 años, acaba de jubilarse tras 52 años de vida laboral. Este ponferradino elegido diputado por León por UCD entre 1977 y 1982 también echa en falta el espíritu de consenso de aquellos primeros años de democracia. «Logramos una Constitución de todos a cambio de cesiones. Con los votos de UCD y de AP hubiéramos podido sacar nuestra Constitución, pero habría nacido muerta». Recuerda con especial cariño las campañas electorales. «Íbamos en Land Rover a los pueblos, no había casi carreteras. En Igüeña, uno de los pueblos rojos, no salía nadie a la calle cuando llegamos. La escuela donde íbamos a dar el mitin estaba abierta y vacía. Nos miraban desde detrás de las cortinas hasta que por fin salió una persona mayor y preguntó: ¿quién es el ministro?». Iban con Rodolfo Martín Villa, otro de los históricos. También se acuerda de haber interrumpido algún mitin porque «pasaban las vacas o un rebaño de ovejas».

El ambiente está aún fresco en su memoria. «La gente quería paz y tranquilidad y en el Congreso en los ratos entre comisiones los viejos comunistas hablabana de que no volviera a ocurrir lo del 36», resalta.

Fernández Arias regresaba de Madrid a Ponferrada en el ‘correo’. «Llegaba los viernes a las siete de la mañana, me daba una ducha, desayunaba e iba a trabajar todo el fin de semana». Entonces en Roldán, la empresa de aceros en la que ha trabajado, no paraba de producir en toda la semana. En el 79 pidió la excendencia. Fue ponente en todas las leyes laborales y ahora barrunta una reforma para «afrontar estos duros años de sacrificio». De Zapatero dice estar «desilusionado». De Rajoy espera que si gana las elecciones el 20-N integre en el Gobierno a «gente capaz e independiente».

LA PRIMERA MUJER

«El aeropuerto ha tardado años y espero que nos lo arrebaten»

La Cámara Alta fue pionera en acoger a políticas leonesas. Y la socialista Manuela García Murias, la primera en cruzar las puertas del Senado. Tenía 27 años cuando en 1982 se sentó en su escaño. «Estoy muy agradecida porque a pesar de ser tan joven confiaron en mí», afirma. Fue ponente en el Estatuto de Autonomía de Castilla y León y en la ley de la Función Pública. En 1986 terminó su fulgurante carrera, que había empezado como concejala en el Ayuntamiento de León en 1979 con 23 años, y se incorporó a su puesto de trabajo como funcionaria. Se hizo una foto memorable con otros cargos públicos reclamando un aeropuerto. Les tacharon de utópicos. «Ha tardado años en cuajar pero ahí está y espero que no nos lo arrebate Villanubla», recalca.

Tras finalizar la legislatura y con los cambios ocurridos en el partido, cuenta, «volví a mi trabajo y he sido feliz, ahora estoy jubilada —anticipadamente por salud— y vivo entre Lillo y León», apunta. Tenía dos oposiciones y luego una tercera por promoción. «Todo lo que tengo se lo debo al trabajo de mi madre y a mi esfuerzo», comenta desencantada por el giro que ha tomado la política como «aparcaderos laborales». De aquellos años recuerda a Celso López Gavela, Maximino Barthe y Ángel Capdevila. «No seguí en política porque los cambios orgánicos hicieron que entraran otras personas», el también joven Zapatero entre ellas. Sigue militando en el PSOE, ahora en la agrupación de León, es una activista del partido en las redes sociales y quiere tomar partido en su renovación. «El ski y el PSOE son mis pasiones», confiesa. Consciente de que su partido no lo tiene fácil, «cada día que me levanto pienso si habrá un nuevo susto», mantiene la confianza «nuestro magnífico candidato».

EL DIPUTADO MINERO

«En 1982 teníamos la sensación de construir un país nuevo»

Conrado Alonso Buitrón (Toreno. 1946) fue bautizado en 1982 el diputado minero. Entró por primera vez en el Congreso de los Diputados, con un jersey que le tejió su esposa. Regresó al pozo de Gaiztarro por un tiempo en 1986 y desde entonces hasta el 2000 no abandonó la vida parlametaria, durante la VI legislatura como senador. Tuvo habilidad para sobrevivir a las tormentas del PSOE y fue vicesecretario con Zapatero tras el pacto de la Mantecada. Se retiró a tiempo, aprovechando un plan de reestructuración en la empresa: «Lo anuncié un año antes», recuerda.

Ahora, ya jubilado, vive plácidamente en Congosto, el pueblo de su bisabuela, donde construyó una casa y cultiva una huerta. También se mueve por Internet, en facebook y Twitter, y se mantiene vinculado al partido en Ponferrada, una agrupación en la que todavía no ve claro si hay líder. «Después de 18 años en Madrid esta es la vida que soñé. No tengo ganas de follones», contesta.

Los mejores recuerdos son de los primeros años: «En 1982 teníamos la sensación de estar construyendo un país nuevo: se universalizó la Sanidad, eso que estos lobos de los mercados se quieren comer ahora», afirma. «Fui ponente de la ley de pensiones que tantos quebraderos de cabeza me trajo —selló su ruptura con Fermín Carnero y la UGT— pero que al final ha servido para garantizar las pensiones por 25 años», agrega.

También forzó la redacción del Estatuto Minero. «Con otro diputado asturiano vencimos la voluntad del grupo y concretamente de Almunia, a quien perseguíamos por los pasillos», recuerda Buitrón. El 20-N lo ve «jodido» y lamenta que Zapatero, que «siempre tuvo tanta suerte, ahora la haya tenido tan mala». Pero cree que «algún día la historia le reconocerá por los avances sociales».

Del Pacto de la Mantecada tiene un vivo recuerdo. «Allí estuve con Daniel García y los de Laciana. Recuerdo que Daniel que llevaba la corriente de Izquierda Socialista le decía: «A ver si te vamos a apoyar y luego nos dejas tiraos. Era un crack, Daniel. De aquel pacto, el resultado fue que, por primera vez, la delegación berciana fue unida al congreso socialista», concluye. Conrado Alonso admite que ser desconfiado es lo que «me ha salvado el pellejo» en los años de la política activa.

CON DECEPCIÓN

«Me duele que vivan de la política y no se jubile gente como Morano»

María Dolores Otero fue la primera teniente de alcalde que tuvo el Ayuntamiento de León, con Juan Morano de alcalde. Y la primera mujer de Alianza Popular que llegó al Parlamento. Consiguió ser senadora en las elecciones de junio de 1986 tras una larga trayectoria en la vida política municipal. «Trabajé mucho y no me sirvió para nada», afirma al hacer repaso de aquella tercera legislatura de la democracia. «El Senado no sirve para nada y menos entonces con el rodillo de González: recuerdo que en la huelga del 14 de diciembre de 1988 debatimos en el Senado mis peticiones para que saliera adelante la creación de juzgados en León. No me admitieron nada. Se creó el de Villablino porque lo pidió uno de Izquierda Unida», añade.

Lo que más le duele a esta mujer de rompe y rasga —fue ella quien rompió el Pacto Cívico del Ayuntamiento de León que devolvió la Alcaldía a Morano «por orden de Aznar»— es que «ahora vivan y se enriquezcan con la política. ¿Por qué no se jubila Morano cuando hay tanta gente joven en el paro?».

Pese a sus críticas, asegura que hace campaña a favor del PP «porque los socialistas nos llevan a la ruina». No comprende cómo es posible que «todavía la gente no sepa cómo se vota al Senado: cogen las papeletas de casa, que llevan las tres cruces y no se ocupan de más. Llevo dos semanas explicándolo en charlas y conferencias».

Madre de cuatro hijos e hijas y abuela con cinco nietos, Otero recuerda que tuvo que aguantar frases muy desagradables cuando estaba en política: «Me decían que me fuera a casa a fregar. Que fuera a criar a mis hijos y eso que cuando salí el más pequeño ya tenía catorce años», repone.

Nunca se arredró. Tras dejar el Senado se fue de procuradora a las Cortes de Castilla y León y luego fue jefa del gabinete de Estella, presidente de las Cortes, durante siete años. «Estos últimos siete años fueron los únicos que coticé. No tengo pensión ninguna, que no se engañe la gente», recalca. La única pensión que cobra es la de viudedad.

ESPÍRITU CRÍTICO

«Yo fui el senador que quitó a Dios de la Constitución»

No fue fácil decidir para Miguel Cordero del Campillo sumarse a la candidatura independiente que aglutinó a partidos de diferentes tendencias en las elecciones de 1977. Otros como el escritor Miguel Delibes al final no dieron el paso. Él fue en la candidatura con José Álvarez de Paz y Cristóbal Halffter y fue el único que consiguió el escaño por León. «Había mucha inseguridad y era arriesgado, mira lo que pasó el 23-F: yo estaba el primero en la lista de los fusilables...». A sus 86 años acude a diario a la Facultad de Veterinaria, es catedrático emérito. Toma el autobís a las 8.30 de la mañana. El coche se lo regaló a una nieta. Es un prolífico escritor y un curioso impenitente. Hurga en la memoria de su pueblo, Vegamián, anegado por el pantano del Porma.

Del los dos años de senador recuerda la heterogeneidad de su grupo parlamentario (PSI de Progresistas, Socialistas e Independientes). Su oratoria le valió una portada de la revista Triunfo con un gran titular: Revelación en el Senado. Con la vista atrás, sostiene que el Senado «es la Cámara de los ecos y no vale para nada. Nos enterábamos de las leyes por los periódicos. Y sigue siendo inútil, ahora con el esperpento de la traducción simultánea».

«Yo fui el que quitó a Dios de la Constitución», afirma al recordar la etapa constituyente. Cordero sabía latín, leía la Biblia y había sido presidente de la congregación de Los Luises en León. Su intervención fue en respueta a otro parlamentario que quería que la divinidad se aposentara en la Carta Magna. «Esto no se puede soportar», le decía el portavoz, pero cuando el presidente del Senado, Antonio Fontán, dio la palabra nadie abrió la boca. «Intervén tú», le dijeron a Cordero. Lo primero que apuntó es que «no hace falta que conste Dios en la Constitución». Argumentó que los soldados nazis llevaban en su cinturón una leyenda invocando a Dios ( Got mit uns) y «miren lo que pasó». Esta intervención le valió a Cordero una lluvia de cartas de reprobación, incluida la del párroco de San Marcelo, don Librado Callejo. No obvió que en los billetes de dólar americanos aparece la leyenda In God we trust (en Dios confiamos) pero —matizó— «puede que sea en realidad In gold we trust (en el oro confiamos)». Espera el 20-N con «desilusión y tristeza. No se ha aprovechado la ocasión y se ha hecho demagogia con el dinero. Ahora estamos en la UVI».

UN PRIVILEGIO

«Estoy en Laciana aguantando la crisis y creando empleo»

Nieves Fernández Rabanal, exsenadora del PSOE, contempla la vida política desde el otro lado de la barra. Hace catorce años dejó la política por motivos personales y se metió en un negocio de hostelería en su pueblo, Caboalles de Abajo. Es autónoma y ha creado cinco empleos. «Aquí estoy, aguantando la crisis y creando empleo, al contrario que todo el mundo», subraya. Un cliente perdió una cena con otro que le trató de convencer de que aquella mujer que les sirve el café fue senadora «de las de Madrid».

Su paso por la Cámara Alta fue «un privilegio», asegura. «Cuántas personas trabajan por el partido, pegan carteles y nunca tienen un cargo público. Conmigo Laciana siempre se portó bien», admite. No se arrepiente «de nada», si acaso de no haber tenido la experiencia vital que atesora ahora para blindarse frente «a puñaladas». Sigue militando en el PSOE e irá de apoderada el 20-N. «He visto las cosas tan mal que me he prestado», explica.

Mirando por el retrovisor de la memoria sostiene que en su etapa de su senadora fue «muy consciente» de que había que buscar alternativas al carbón. «En 1992, antes de la huelga minera, viajaba por las cuencas mineras de Francia, Inglaterra y Alemania y veía que allí se hacía la reconversión y se creaban empresas nuevas», recuerda. El turismo fue una de las vetas que vislumbró para Laciana. «Fuimos por primera vez a Fitur con el eslogan «Laciana, paraíso desconocido», pero me criticaban porque viajaba», apostilla. También apunta en el haber de su etapa de senadora y concejala iniciativas como el cámping, que apenas funciona, el polígono industrial y la promesa de Zapatero de que si llegaba a presidente Laciana tendría parador. «lo único que salió fue la estación de esquí, de la época de Pérez Ruiz».

«Zapatero le debe mucho a Laciana», recuerda Fernández. Asegura que escribió una carta al presidente advirtiéndole: «Zapa, nos dejan sin parador. Me contestó: Gracias por avisarme» y al poco «apareció una partida de 250.000 euros». Al otro lado de la barra aguanta las bromas del 20-N.

EL SUPERSENADOR

«Mi mejor recuerdo son las indemnizaciones por el incendio de Tabuyo»

Jaime Lobo Asenjo llegó a presentar más de mil iniciativas, la mayoría de ellas referidas a León, en sus diez años de senador por el PP. De la que más orgulloso se siente es de «las indemnizaciones por el incendio de Tabuyo: conseguí traer a León al ministro de Defensa, Eduardo Serra». Su memoria recuerda en positivo. De Daniel García, que fue senador socialista, recuerda que entre ambos «conseguimos el túnel que comunicó por primera vez los dos hospitales» y de Conrado Alonso también rememora sus «relaciones amigables: nos conocíamos de los sindicatos verticales», apostilla.

Al ministro Borrel le increpó por la A-6 y por el fiasco del canal de los Payuelos, que se rompió nada más estrenarse. También se ufana por su defensa de los mineros en huelga contra los que cargaron las fuerzas antidisturbios en la autopista de Asturias.

Fue ponente en Trabajo y Asuntos Sociales y recuerda que al marchar quedó dormida en el cajón una ley de huelga que considera «imprescindible» ahora que ve el presente con «preocupación por los nubarrones».

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En Villaseca de Laciana hay una calle a su nombre por contribuir a recuperar el cuartel de la Guardia Civil. «Era la calle del Pilar y, claro, mi mujer que se llama Pilar, se enfadó», bromea. Jaime Lobo se jubiló hace cinco años como jefe de servicio de la Junta en León. Ahora navega por la red, recala en los confidenciales y pasea con su bretón Foker. Sigue militando en el PP, «aunque el partido no milita conmigo» y considera un fiasco la reforma de las listas en el Senado. Escoció mucho su triunfo sobre Mario Amilivia cuando las candidaturas se imprimían por orden alfabético. No duda en que el balcón del PP, en el Paseo de Salamanca, se abrirá el 20-N para saludar el triunfo.