Viri se abona desde el primer día a la ‘senda silenciosa’

María Dolores de Cospedal, Elvira Fernández y Esperanza Aguirre.
La emoción estaba arriba. Habían salido juntos de casa y durante la hora y veinticinco minutos de discurso —treinta folios A4— estuvieron el uno frente al otro, con el abismo del Hemiciclo entre ellos, juntos de lejos como una metáfora de la vida matrimonial que les espera.
Elvira Fernández Balboa, la del beso del 2008, la que se llamará señora en La Moncloa en los próximos días, apoyaba a su marido en la distancia con una solemne discreción, el codo apoyado en la barandilla de la tribuna de invitados, la mejilla apoyada en la mano. «Es que ya sabía lo que iba a decir», le excusaron en el PP.
Viri, pilar fundamental del lado personal de la carrera de Mariano Rajoy, estaba escoltada a un lado y otro por Dolores de Cospedal y Esperanza Aguirre, con la que mantuvo una agradable conversación. En las tribunas no cabía un alfiler durante el discurso de Mariano Rajoy. Luego se fueron vaciando. En la casilla de salida estaban los embajadores de Portugal, Francia y Estados Unidos, entre otros. También hicieron acto de presencia presidentes de comunidades como José Antonio Monago (Extremadura) o Luisa Fernanda Rudi (Aragón).
Para la anécdota Dolores de Cospedal se perdió brevemente por los pasillos de las tribunas.
En cierto sentido, Elvira continuará con la «senda silenciosa» que durante los últimos ocho años ha seguido Sonsoles Espinosa, la mujer de José Luis Rodríguez Zapatero, y a la que hemos visto lo mínimo posible. En España no somos de Brunis, Jackies ni Michelles, que visten de Dior y llevan Louboutins, y que deslumbran a sus propios maridos.