El día que Perón quiso aterrizar en la Valduerna
Pinos y maleza cubren hoy el camuflado aeródromo de Destriana, construido por el Gobierno franquista tras la Guerra Civil y escenario de una historia todavía ignorada. Un kilómetro cuadrado de pistas que dependían de la base militar de La Virgen del Camino. Fue un aeródromo modesto, pero clave para las operaciones del Ministerio del Aire franquista. En Destriana aún recuerdan los seis meses que el campo de vuelo estuvo tomado por la Guardia Civil ante el rumor de que Perón aterrizaría en España. Hoy, apenas queda rastro de aquella infraestructura que los vecinos convirtieron en huertos y pinar en cuanto el Estado les devolvió los terrenos expropiados.

Mariano Rubio, hijo del guarda del aeródromo, muestra una vieja fotografía donde se aprecian las ruinas de las instalaciones.
«Tendría unos doce años y ya me pagaban un jornal por recoger piedras en la finca del campo de vuelo. ¡Anda que no se quitaron piedras! Había mujeres y más mujeres haciendo lo mismo que yo». Casi 70 años después, Felipe Fernández recuerda las duras jornadas que vivieron muchos vecinos de Destriana para construir un aeródromo que estuvo operativo en los primeros años de la dictadura franquista y que ha sido cubierto de pinos y huertas en cuanto el pueblo ha recibido los terrenos expropiados en su día por el Ejército.
Se trata de una superficie de un kilómetro cuadrado, ubicada a unos 2,8 kilómetros de Destriana por la carretera que lleva a Puebla de Sanabria. Las instalaciones, pese a la importancia logística que tuvieron en su momento para la Región Aérea Atlántica, están hoy descatalogadas y existen muy pocos datos que documenten su existencia, pero un recorrido con el hijo del guarda por las memorias más viejas del vecindario y el acceso a los archivos y bibliotecas del Ejército del Aire permiten reconstruir la singular historia de un campo de vuelo que ha sido camuflado por décadas de indiferencia.
Terminada la Guerra Civil, el Ministerio del Aire del Gobierno franquista inició la construcción de un segundo aeródromo en la provincia de Leon. Así como el de La Virgen del Camino era notoriamente conocido, las pistas de Destriana fueron más bien ocultas. Hay diferencias de opiniones en el pueblo sobre quién lo construyó. Unos garantizan que venían batallones de trabajadores, pero otros, caso de Felipe, afirman haber trabajado de chaval para despejar este campo de vuelo en medio de un pedregal. Probablemente sean ciertas las dos versiones y que vecinos y militares cooperaran en la construcción del aeródromo franquista. En lo que coinciden todos los entrevistados es que las instalaciones comenzaron a estar operativas en 1941, hasta que en 1965 el Estado publicó el expediente de supresión del campo de vuelo, del que apenas se conservan dos planos diseñados por la Dirección General de Infraestructuras del entonces Ministerio del Aire. Aunque ya han pasado más de 25 años desde que terminó su historia —en términos generales, plazo establecido para permitir el acceso a información clasificada—, no se ha hecho público documento alguno sobre las operaciones aéreas que utilizaron esta base secreta durante 24 años de dictadura. De existir —ni el Archivo Histórico ni la Biblioteca Central del Cuartel General del Ejército del Aire tienen constancia—, estos documentos podrían ayudar a aclarar muchas de las especulaciones que han existido históricamente sobre la existencia de aeródromos secretos que Franco habría prestado a los alemanes para algunas misiones de combate. Bien es cierto que el caudillo negó rotundamente estas acusaciones de cara a los aliados, pero en 1944 España tuvo que desmentir oficialmente una información que había lanzado la agencia soviética de noticas TASS, en la que se afirmaba que la aviación alemana utilizaba campos de vuelo secretos construidos en el norte de España por técnicos alemanes. Según aquel comunicado, ningún aeródromo español había sido jamás utilizado por aviones beligerantes. Pero la excelente memoria de algún vecino de la Valduerna recuerda claramente aviones de ataque Junkers y cazas Fokker, ambos alemanes, utilizando este espacio aéreo.
Leyendas, realidades. Y es que la rápida desaparición de las pistas de vuelo de Destriana ha dejado algunas leyendas, pero también muchas verdades. Como aquel verano —nadie recuerda de qué año— en el que los guardias civiles iniciaron una vigilancia que duró seis meses, de día y de noche, bajo la orden de esperar a Juan Domingo Perón, presidente de Argentina, del que se decía que había huido en avión desde Portugal con la intención de aterrizar en España, algo que finalmente conseguía hacer en 1955. «Era ya por la tarde y vimos un avión que parecía tener intención de aterrizar. Los guardias civiles llevaban como seis meses instalados en casa, esperando. Cuando vieron el avión no sabía si coger el mosquetón, enterrarlo o echar a correr», recuerda bromeando Mariano Rubio Simón, uno de los nueve hijos de Victorino, el mutilado de guerra que cuidó las instalaciones hasta que en 1965 el aeródromo fue suprimido y él trasladado a La Virgen del Camino como guarda de la barriada militar. «En los años 40 ya teníamos cuarto de baño en la casa, algo que no llegó a Destriana a lo mejor hasta los años 70», describe.
La vivienda familiar estaba en uno de los ángulos del aeródromo, el más cercano a la carretera de Puebla de Sanabria (Zamora). «En uno de los vértices estaba la manga de trapo (paño que mide la dirección del viento), que se rompía constantemente porque era realmente un trapucho. Entonces mi padre enviaba un oficio a La Virgen del Camino y le enviaban otra manga». Cada vez que Mariano llevaba una carta de este tipo, pagaba con un huevo.
Un oasis entre el centeno. En aquellos años, los más viejos recuerdan que el paisaje sólo estaba dibujado por un enorme campo de centeno y que el aeródromo era una especie de oasis, puesto que era el lugar donde los labradores se acercaban para beber agua. «Si es que en aquellos años no había ni agua en el pueblo». Lo constata un grupo de mayores de Destriana que pasan una mañana primaveral de invierno sentados al sol. Alguno de ellos estuvo más de una jornada quitando piedras para abrir las pistas. «Había un capataz y era el que nos dirigía, y al final del día nos pagaban el jornal. Fuimos muchos de aquí», cuentan en el corrillo. Felipe, que cumplirá 80 años el 5 de marzo, talla en madera unos realistas animales. Las liebres parecen reales. Y cómo gustaban las de verdad a los militares de entonces. «Venían muchísimo a cazar dentro del campo de vuelo. Y de paso le decían a mi padre que les buscase un par de kilos de alubias o unos kilos de garbanzos... Y mi padre con la bicicleta para arriba y para abajo. Claro, luego nunca le pagaban», explica Mariano mientras muestra algunos de los pocos papeles y fotografías que demuestran la existencia del aeródromo de Destriana. Uno de los documentos mejor conservados es el folio fechado en Valladolid el 11 de junio de 1941, en el que se detallan las instrucciones del guarda jurado Victorino Rubio, que había ocasionado baja militar en Teruel durante la Guerra Civil.
Tributo a un mutilado. Como mutilado le correspondía un puesto de este tipo —a las viudas se les facilitaban los estancos— y se le encomendaba hacer un inventario de todo lo que se encontraba en el campo de vuelo, con el objeto de que se hiciese cargo de su mantenimiento. Victorino, de su puño y letra, redactó dos carillas de un mismo folio y describía así el paisaje que se encontraba a su llegada: «Entre los objetos de los que me hago cargo hay un barracón de tropa de madera de 29 metros de largo por nueve de ancho. Su estado es completamente nuevo. Tiene dos departamentos, destinados para oficial de guardia y cuerpo de guardia. [...] También hay un barracón de madera viejo para guardar objetos». Victorino firmaba este papel como guarda entrante, puesto que relevaba en el puesto al primer cuidador del aeródromo: Toribio Fernández Falagán.
En aquel tiempo, Destriana era como una pequeña metrópoli. Además de las pistas de aterrizaje, el pueblo tenía un cine, fonda, bar, farmacia, dos escuelas y cuatro maestros para 250 chavales, una fábrica de escobas y otra de gaseosas, un estanco y hasta cinco molinos. Hoy quedan ocho niños y niñas, ya no hay aeródromo, tampoco fábricas y la población que reside habitualmente son mayores. Aunque han pasado muchos años desde que la base estuvo operativa para los militares franquistas, los vecinos no olvidan este pasado. Porque Destriana es un pueblo de muchas viudas cuyos maridos habían sido ejecutados durante la Guerra Civil. Todavía hoy se percibe recelo. Quizá por esta división, en cuanto las propiedades expropiadas por el Ministerio del Aire fueron devueltas a los pueblos, los vecinos las repartieron y las cubrieron por una amplia extensión de huertas. Con los años —y también los euros que subvencionan las reforestaciones de pinares— el kilómetro cuadrado del aeródromo es un pinar que apenas se aprecia entre el resto de fincas, ni siquiera en el visor por satélite.