El testaferro de Urdangarin dice que le prestó una cuenta en Suiza
Reconoce que se la cedió para que Aguas de Valencia le pagase 375.000 euros.

Urdangarin y su abogado salen de un coche particular el pasado 26 de febrero.
Sábado 3 de marzo. San Lorenzo de El Escorial. El fiscal anticorrupción Pedro Horrach y los agentes de la Unidad Contra la Delincuencia Económica y Fiscal (Udef) acaban de aterrizar en Barajas y en cuestión de minutos se plantan en la puerta de un chalet sin lujos de la sierra madrileña. En esa vivienda los investigadores buscan la respuesta a la pregunta que una semana antes en los juzgados de Palma el duque había eludido: ¿A quién pertenece la famosa cuenta de Credit Suisse de Lausanne y para qué se utilizó?
Una cuenta de la que nadie habría sabido jamás su existencia si la asistente personal del duque, Julita Cuquerella, no hubiera escrito una nota en el 2008, incautada por la Policía, y dirigida al dueño de Aguas de Valencia, Eugenio Calabuig, en la que le instaba hacer un pago en Lausanne por indicación de Urdangarin. «Iñaki me dice que tú ya sabes para qué es?», concluía aquella comprometedora nota.
El yerno del rey, durante su interrogatorio, aseguró no tener ni idea de esa cuenta y explicó que, probablemente, fuera una indicación para que un jordano de nombre Massour Tabaa cobrara por algún trabajo a Aguas de Valencia, en el que el duque simplemente intervino para presentar a ambas partes.
Ni Horrach ni el juez José Castro creyeron una sola palabra del marido de la infanta Cristina, máxime porque para entonces ya conocían que esa cuenta pertenece a la sociedad Alternative General Service Limited, una firma radicada en Dublín a nombre del belga Robert Cocks, un conocido testaferro que reside desde hace años en El Escorial y que se dedica a crear sociedades en países de fiscalidad laxa para ponerlas a disposición de sus clientes.
Una actividad legal para Cocks, aunque puede acarrear serios problemas con Hacienda a las personas que recurren a sus servicios, como ya ocurrió con los condenados del caso Banesto.
El interrogatorio de Cocks no empieza bien. Su mujer, de nacionalidad española, cuando supo que el fiscal y la Policía iban a hacerles una visita coge el ordenador de su esposo y trata de ocultarlo en una bolsa de basura cerca de la piscina. Los agentes encuentran el portátil enseguida y copian toda la memoria. Al principio, Cocks, que no puede negar en modo alguno que ‘Alternative’ sea su empresa y que la cuenta esté a nombre de esa sociedad, no se aviene a colaborar y comienza a improvisar sobre la marcha. Al final, afirma que él no es más que un ‘hombre de paja’, que antes de este lío jamás había oído siquiera nombrar a Eugenio Calabuig ni a Aguas de Valencia ni a Massour Tabaa. Explica, ahora sí de forma coherente y con todo lujo de detalles, que desde hace años tiene subarrendada la cuenta de Credit Suisse a un socio español, el que sí conoce a Urdangarin, para que la utilice con el cliente que quiera, siempre que no sea un «político ni un delincuente». Su negocio consiste en que se lleva el 5% del dinero que entra en esa cuenta.