Diario de León

Ellas lloran a nuestros abuelos

El empleo doméstico es el encargado del cuidado de ancianos y niños.

María Jesús Muñiz Prieto
León

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«Estamos encantados de cuidar a los mayores. Tenemos cariño, fuerza y energía. Podemos disfrutar con ellos y evitar el abandono, pero sin un trabajo con derechos no hay posibilidad de seguir». Hasma, Ana desde que llegó a España, enjuga las lágrimas cuando habla de «la abuela», que acaba de fallecer. «No me acostumbro a que ya no está».

La abuela, la de la familia en la que trabajaba como interna, se convirtió en el objeto de los mimos de sus amigos. «Siempre iba con ella, le gustaba la gente joven, cuando nos reuníamos. Si hasta la traían bombones».

En los seis años que lleva en España ha estado interna en cuatro casa. «No trabajo sin contrato, lo necesito para permanecer aquí». Aunque las condiciones no siempre han sido las mismas. Desde 24 horas al día 30 días al mes hasta lograr descansar fines de semana y fiestas; desde 900 euros de lunes a domingo, sin extras, hasta 1.100. ¿El horario? «Todo el día. La casa, los ancianos, el hospital, controlar las medicinas,...» ¿Enfermar? «Y quién va a estar pendiente de todo».

De todo, para quedar en la calle sin paro y sin ayudas. «¿Cómo voy a vivir?» Ahora realiza un curso de geriatría, pero no descarta irse de un León del que se declara enamorada, pero que ofrece pocas oportunidades.

Pocos aceptan que aparezcan sus nombres. A. se considera bien remunerada, aunque asegura que a las españolas se les paga siempre más. «¿Vacaciones y pagas extra? Ni hablar». Pues ahora es obligatorio. «Ya veremos...»

Española es Isabel. A sus 60 años lleva toda la vida trabajando, los últimos 15 años con la misma familia. Es «de la casa», pero no cree que vayan a contratarla a estas alturas. Su trabajo ha sido siempre un apoyo de la economía familiar, pero nunca ha cotizado. Así que sus derechos son los de alguien que no ha trabajado nunca. «Un corre que te vas...»

Vicky busca trabajo, su experiencia se reparte entre la hostelería y el cuidado de personas mayores bajo la denominación de «empleada del hogar». «Siempre he exigido mi contrato y mis vacaciones, lo necesito para estar aquí. Y no he tenido problemas». Se arregla con esmero porque tiene una entrevista de trabajo. «Yo también comozco gente que trabaja todo el día con un contrato de 4 ó 5 horas».

Tampoco todos los empleadores son iguales. Teo, empresario jubilado, siempre ha tenido a todos sus trabajadores «con los papeles al día». Incluidas a las mujeres que han cuidado de su esposa desde que está incapacitada. «¿Complicado cumplir la nueva norma? No, yo se lo encargué a mi asesor. ‘El primer contrato bien hecho que nos llega’, me dijeron e la Seguridad Social».

Su empleada, interna, ya estaba contratada en el régimen especial. «Es lo normal, tienen que tener los mismos derechos». ¿Y ahora? «Ahora hasta me sale más barata».

No siempre las trabajadoras se encuentran con empleadores tan convencidos de lo que es justo. «He llegado a cobrar hasta 3 euros la hora, pero hay que comer». N. tiene ahora contrato, pero no siempre ha sido así. «Yo ahora tengo los papeles como española, pero seré extranjera aquí toda la vida». No está muy convencida de que la nueva legislación vaya a cambiar sus condiciones laborales.

Tampoco F., cuyas condiciones actuales como interna son casi un privilegio en el sector. «Antes también estuve con una familia que me trató como una hija. Cuando venían los hijos me ayudaban, porque decían que mi trabajo no era fregar para todos cuando se juntaban».

También ha trabajado cuidando enfermos en el hospital por la noche. «Hay gente generosa que paga sin regatear, pero otros al final te dicen que les sale muy caro, y pretenden pagarte menos de lo convenido. No hay derecho, porque yo soy pobre, pero no miserable».

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