Diario de León

LEÓN LUCHA POR LA MINERÍA. Los ocho de Santa Cruz

«Para un parche, no salimos»

Los ocho encerrados se niegan a dejar el pozo Santa Cruz sin una solución a largo plazo para el carbón.

Seis de los ocho encerrados, ayer con el ánimo intacto: Eduardo González, José Antonio Pérez, José Pérez, José Araújo, Alfredo González y Víctor M. Almeida.

Seis de los ocho encerrados, ayer con el ánimo intacto: Eduardo González, José Antonio Pérez, José Pérez, José Araújo, Alfredo González y Víctor M. Almeida.

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CARLOS FIDALGO | PONFERRADA
Ponferrada

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Huele a tierra mojada. Corre un reguero de agua junto a la vía. Y en un recodo del travesal del caleyo cinco sur del pozo Santa Cruz ocho hombres esperan después de pasar cuatro noches y cinco días a 700 metros de profundidad bajo la montaña. Esperan a 25 periodistas, cámaras de televisión, fotógrafos, redactores... Esperan el rancho del día: una comida caliente y una cena fría. Esperan a que su encierro indefinido y las movilizaciones de sus compañeros, los cortes de carretera, las manifestaciones, y la presión de la calle, y las obligaciones de los políticos locales, y la firmeza de los empresarios a la hora de quejarse, eviten el cierre de la minería. Y esta vez, insisten, no se van a conformar con un parche.

«Hasta que no tengamos algo firme, no vamos a salir de aquí. Que no tengamos que estar otra vez así dentro de seis meses», decía ayer José Antonio Pérez, uno de los ocho mineros de Uminsa encerrados desde el pasado lunes en el pozo Santa Cruz, al principio un poco abrumado por el aluvión de periodistas que participaron en una multitudinaria visita organizada por la empresa. Y en un momento, el rincón donde duermen en colchones situados sobre una tarima de madera, —con un par de calefactores para combatir la humedad y secar la ropa y una mesa grande donde comer y leer la prensa y jugar al dominó y a las cartas— se convierten en lo más parecido a los vestuarios de un equipo de baloncesto después de un partido de la NBA, con un enjambre de informadores escogiendo interlocutor para preguntarle cómo va el encuentro. «Lo estamos haciendo bien. Vamos a estar aquí lo haga falta. La camilla la tenemos ahí», asegura Pérez. Segundo Porto le secunda y deja claro que quieren una solución a largo plazo para el carbón. «Llevamos muchos años tapando parches», se queja.

Los ocho encerrados procuran acostarse todos a la vez, sobre las 22.30 horas. Y levantarse todos a la vez, sobre las 8.00 horas. Hacer ejercicio y desayunar. Lavarse en una ducha improvisada en el pasillo. Matar el tiempo hasta la hora de comer. Caminar 500 metros para hablar por teléfono con sus familiares. Y esperar novedades.

Combaten la monotonía jugando a la rana. Y cuando llega el aluvión de periodistas, demuestra paciencia. Y buen humor. Y un rocoso sentido del compañerismo. «Si sales de la mina, te pones en la cola del paro», recuerda Alfredo González.

La salud está en segundo término. Lo demuestra Víctor Manuel Almeida, que tiene segundo grado de silicosis. «La mina te va comiendo poco. ¿Pero y si me quedo sin trabajo?», devuelve la pregunta. Y vuelve a insistir en que no quieren apaños. «Para un parche, no salimos», advierte. Después, y casi como si fuera una celebridad, se deja fotografiar junto a sus siete compañeros con un par de periodistas que bajan por primera vez a la mina y se quieren llevar un recuerdo.

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