Diario de León

El Tribunal Constitucional, subordinado a los intereses partidistas de PP y PSOE

El órgano está escéptico ante el compromiso de renovar en junio a los magistrados.

Imagen del exterior de la sede del Tribunal Constitucional en Madrid.

Imagen del exterior de la sede del Tribunal Constitucional en Madrid.

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alfonso torices | madrid
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PP y PSOE nunca han resistido la tentación de tratar de condicionar en función de sus intereses partidistas las decisiones del Tribunal Constitucional, el órgano garante, intérprete y árbitro de la Carta Magna. Los dos grandes partidos saben que las resoluciones de la corte, que deciden la constitucionalidad de las leyes, dan forma al sistema autonómico y fijan los límites a derechos y libertades, tienen siempre un potente efecto en la vida política. Por ese motivo, y de forma más evidente en los últimos cinco años, no han tenido empacho en supeditar el funcionamiento e incluso la estabilidad del tribunal a sus objetivos particulares. Así lo han denunciado los dos últimos presidentes de la institución.

Este comportamiento no ha hecho más que abonar el escepticismo entre los magistrados hacia las fuerzas políticas. Incluso el acuerdo alcanzado este viernes entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba para renovar en junio a los tres miembros con mandato caducado desde año y medio y designar el sustituto de un jurista fallecido hace cuatro años fue recibido incredulidad.

Populares y socialistas han dado la vuelta a la previsión constitucional. La Carta Magna establece que los magistrados deben ser designados por los dos tercios del Parlamento para asegurarse de que PP y PSOE estén obligados a pactar los nombres dado que es casi imposible que un solo partido obtenga semejante mayoría en la cámara. Sin embargo, la constante desde el 2007 es que uno u otro o los dos partidos han utilizado su imprescindible cuota en las designaciones para bloquear la renovación del tribunal y evitar el cambio de mayorías, ya sea progresista ya sea conservadora, por conveniencia o cálculo electoral.

El pacto desmentido

La disputa que desencadenó el Estatut de Cataluña, plebiscitado en el verano del 2006, provocó que un tercio del tribunal tuviesen que estirar su mandato durante tres años, el incumplimiento más largo soportado por la corte, ante el bloqueo de las renovaciones. Una parálisis que buscaba condicionar el fallo. La sustitución de cuatro magistrados, que debió producirse en diciembre del 2007, nunca fue querida por el PP porque suponía el aumento de jueces progresistas y el seguro rechazo de su recurso contra el Estatut. El PSOE, que sí perseguía los cambios, aflojó algo la presión sobre los populares cuando en mayo del 2008 la corte retornó al empate a cinco.

Los grandes partidos siempre desmintieron esta versión y se culparon uno a otro del bloqueo, pero lo cierto es que la renovación imposible durante tres años se pactó en solo dos meses una vez que, en julio del 2010, el Constitucional resolvió el recurso contra el Estatut.

Como denunció la presidenta María Emilia Casas en su despedida, ante todos los altos cargos del Estado, PP y PSOE «incumplen de forma grave» la disposición constitucional de renovar un tercio de los doce magistrados del tribunal cada tres años y «empañan la legitimidad» de sus resoluciones con el mantenimiento interesado de los juristas en la interinidad. Casas advirtió de que esto pone en duda la independencia obligada del árbitro constitucional.

El rapapolvo de Casas no tuvo efectos. El PSOE cuenta con una mayoría progresista en la corte, y el PP quiere aprovechar su rotunda mayoría parlamentaria con lo que equilibraría la balanza en el tribunal e incluso podría intentar colocar en la presidencia a un conservador.

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