Diario de León

león lucha por la minería. Los ocho de Santa Cruz

«Merece la pena perder la salud cuando te quitan lo único que tienes»

Es un veterano del carbón, estemplero con 21 años de mina. Cumplió 18 días encerrado en el pozo Santa Cruz, pero la humedad lo doblegó. Una bronquitis se metió en su pecho y le hizo salir para evitar una neumonía. Con gafas de sol no duda al decir que merece la pena enfermar por lo único que t iene.

El minero Eduardo González, ayer a la puerta de su casa en Torre tras dejar el encierro.

El minero Eduardo González, ayer a la puerta de su casa en Torre tras dejar el encierro.

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M. Félix | torre del bierzo
León

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Con el de ahora, Eduardo González tiene dos encierros mineros entre pecho y espalda. El anterior, de 16 días con sus noches, fue en 1999 en Malabá. De aquella luchaban por lo mismo que en el encierro de ahora, que se ha visto obligado a abandonar. Habla con voz pausada, serena y con un aplomo tal que da la impresión de que sus palabras le salen del corazón. Incluso llega a emocionarse un momento detrás de las gafas oscuras que le han obligado a ponerse.

—¿Cómo se encuentra?

—Me encuentro mejor, porque los medicamentos están haciendo su efecto.

—¿Y psicológicamente ?

—Ahora estoy fastidiado por dejar a mis compañeros ahí abajo. Estoy dolido por eso. En el encierro anterior, de aquella, salí bien.

—¿Merece la pena perder la salud por estar ahí abajo tantos días y en esas condiciones?

—Yo creo que sí. Cuando te quieren quitar lo único que tienes, que es tu trabajo y tu forma de vivir, creo que sí, que merece la pena perder la salud por eso, aunque duela.

—¿Y sus compañeros, tantas horas y días ahí abajo une mucho, no?

—Sí, y cuando uno marcha de un encierro los compañeros también quedan preocupados, pero ellos son fuertes y con ánimos al 100%.

—Hay uno, Víctor, que incluso tiene silicosis de segundo grado.

—Sí, pero está bien, está perfecto, él mismo nos animaba mucho y entre todos lo llevamos bien. Teníamos bastante humedad, los días van pasando, se mete en los huesos y bueno, es fastidiado.

—¿Era capaz de dormir?

—Sí dormía por la noche. Hasta las ocho de la mañana dormíamos bastante bien, despiertas a veces, porque no respiras bien.

—¿Llegó a perder la noción del tiempo?

—No, porque nos llevaban el desayuno, la comida y la cena a las mismas horas, pero yo creo que si no fuera así, por eso sí se perdería y no sabría en qué día y hora vives.

—Les está costando mucho arrancar un compromiso de solución al conflicto minero ...

—Estamos preocupados, porque vemos que esto no avanza de ninguna de las maneras, pero no nos rendiremos nunca.

—Si tuviera delante al ministro de Industria, ¿Qué le diría?

—(Sonrisa nerviosa). Pues no lo sé. Prefiero no entrar a valorar, porque bueno ...

—Prefiere ser prudente y no pronunciar adjetivos.

—Bueno, sí. Somos gente educada y creo que en Madrid dijeron de nosotros que éramos esto y lo otro. Yo les invitaría a que vinieran a conocer las cuencas a cualquiera de los políticos y que vean nuestro trabajo y si aquí se trata mal a la gente.

—¿Habrá solución?

—Pienso que sí, creo que él, el ministro tiene la forma de arreglar esto. Tiene que haber solución, porque nosotros no vamos a rendirnos nunca hasta que haya una solución para la minería. Esto no se puede cerrar así, de esta manera, echar a la gente a la calle. Está en juego el futuro de todos, no sólo de los mineros. Estoy convencido de que lo arreglarán, no queda otra, cueste lo que cueste.

—¿Qué va hacer ahora?

—Pues cuando esto se arregle, volver a trabajar. Estoy de huelga como mis compañeros y cuando esto se solucione, volver al tajo que es lo nuestro, es lo que queremos y nada más.

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