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Opinión | JUAN MANUEL NOVO garcía

pRESIDENTE DEL COMITÉ DE EMPRESA DE HULLERAS DE SABERO CUANDO SE CERRÓ LA COMPAÑÍA

Como ex presidente del comité de empresa de Hulleras de Sabero y miembro de la mesa para la reindustrialización de la comarca de Sabero se me pide mi opinión sobre la situación actual de la minería. Quizás no sea el más indicado por no haber sabido defender mejor la empresa que daba de comer a toda una comarca, quizás por mi ignorancia, mi desconocimiento y por haberme fiado de personas que a toro pasado creo que lo querían era todo lo contrario.

En principio nos tocó luchar contra una orden ministerial que decía que todas las empresas mineras privadas que necesitasen subvenciones deberían cerrar observando el coste social. Y sucedieron muchas cosas.

Primero, luchamos. Sabíamos que teníamos que defender lo que teníamos y que nos daba de comer a más de mil trabajadores directos y miles indirectos, era una comarca entera, un trocito de León. Nos hicimos oír con muchas manifestaciones en la comarca, en León, en Madrid, etc... pero no sabíamos que estábamos solos. En realidad nadie nos apoyó, ni partidos políticos, ni sindicatos... Sabían de antemano que nuestra batalla era una guerra perdida. Éramos un puñado de mineros y gente de la comarca.

Me acuerdo de una reunión de un sindicato a nivel estatal a la cual fui invitado. Los demás representantes no nos apoyaron, incluso algunos que pertenecían a la empresa estatal Hunosa nos dijeron que a ellos no se atreverían a tocarlos. Yo, con mi ignorancia, dije que era el principio del fin de la minería.

Pasé a ser el enemigo público cuando nos manifestábamos en León. Mucha gente nos llamaba gamberros en lugar de apoyarnos. Pobrecitos, ¿no sabían que un trocito de León también moriría?

Tuvimos que arreglarnos solos económicamente para poder movilizarnos. Todos los políticos de turno se hacían la foto con nosotros, pero en realidad, ¿qué hicieron? Desde distintos foros y formas nos fueron minando, metiendo miedo y ofreciendo dinero a los trabajadores para que se marchasen voluntariamente y bien que lo consiguieron. De luchar por la defensa de los puestos de trabajo tuvimos que ponernos a negociar el cierre de Hulleras de Sabero. Esto aún hoy lo digo con mucha vergüenza... pero sólo unos pocos querían seguir luchando. Se nos ofrecieron millones de pesetas pero eso era pan para hoy y hambre para mañana. Se nos ofrecieron puestos de trabajo alternativos para todos los mineros, toda una bicoca...

Tuve que hacer como Poncio Pilatos y sometí a los mineros a una votación sobre defender con uñas y dientes nuestros puestos de trabajo o aceptar lo que nos ofrecían. Y más del 90% preferían lo que ya sabemos. El dinero se gastó, las promesas de crear empresas para recolocar a los mineros ya se ven con solo una visita al polígono industrial de Vidanes... Allí se ve lo que queda de aquellas empresas, unas vinieron con buenas intenciones, y un montón vinieron a llevarse mucho dinero en subvenciones fantásticas y maravillosas.

Podría escribir durante días pero es un pequeño ejemplo de lo que ha sucedido, sucede y sucederá, y sin ser la persona más indicada yo invito a los pocos mineros que quedan a que no se resignen a que sus empresas se sigan sumando a la larga lista de las que desde entonces han desaparecido, de Teruel, de Asturias, de León, de Palencia, etc... Seguramente estaréis solos y os intentarán desangrar día a día haciendo pequeños cortes hasta que os manden a la uci. Pero bien os digo que en estos tiempos en donde al obrero lo están machacando y masacrando de una forma brutal estaréis solos frente a las fuerzas del orden. ¿Por qué a quien le importa que muere la minería, que una parte del producto y riqueza de León se vaya al cuerno si quienes lo que tienen que defender van a seguir cobrando sus grandes sueldos y van a seguir disfrutando de sus privilegios?

En todo esto hay muchos intereses que los pobrecitos mineros no llegamos a comprender. Deseo mucha suerte a todos aquellos mineros que siguen luchando por subsistir y defender sus derechos, que bien se lo han ganado. Pero, cuidado, para no acabar defendiendo los intereses de otros inconscientemente.

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