El presidente recibe unos tímidos aplausos en su teórica despedida
Apenas dos segundos de aplausos. Y solo los protocolarios por parte del Príncipe o la vicepresidenta del Gobierno y algún magistrado afín. El resto ni movió los brazos, miró al techo, como si buscara un nuevo detalle en los frescos de la sala de plenos del Supremo, o al suelo.
La que debería ser la despedida de Carlos Dívar del alto tribunal que preside desde hace cuatro años estuvo llena de caras de circunstancias. Fue muy fría, tanto que incluso los miembros de la Sala de Gobierno del Supremo parecían ‘hacerse los suecos’ para evitar saludar a su presidente cuando lo tuvieron cerca. Dívar tuvo que conformarse con charlar con Soraya Sáenz de Santamaria y el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, convertidos ayer en una suerte de ‘salvavidas’ para el magistrado.
La esperada celebración del bicentenario del alto tribunal se convirtió en un incómodo acto, en el que el presidente, abatido y cansado, se ciñó al guión e hizo un discurso institucional en el que no cupo la más mínima referencia a la crisis que han provocado sus viajes. Solo una frase, quizás, puede interpretarse con cierta relación con la situación que pasa y en la que se siente una víctima. «Un Estado que socave la posición institucional del poder judicial dificulta o hace inexistente el Estado de Derecho», advirtió el presidente en la que debería ser su despedida del Supremo.
Tampoco don Felipe hizo referencias al tema. Si acaso destacó la importancia de la independencia del Tribunal Supremo y expresó su deseo de que el «acto de reflexión» que ofrece su bicentenario contribuya a «seguir perfeccionando el mejor legado que nos dejaron los diputados de Cádiz», precursores del alto tribunal.
Dívar no habló en público de ‘su asunto’, pero en todos los corrillos que se formaron tras los discursos oficiales, el tema era recurrente: el enfado de los magistrados por la insistencia del presidente por alargar su agonía al frente del órgano de gobierno de los jueces y del alto tribunal para poder presidir a toda costa el acto del bicentenario.
Hoy lo logró. Dívar recibió al Príncipe a las puertas del Supremo.