león lucha por la minería | Los héroes salen del encierro
Los encerrados cambian de frente
Los siete de Santa Cruz del Sil abandonaron el pozo 52 días después de su encierro y fueron relevados por otros cinco compañeros. Ahora seguirán con la lucha fuera..

Primitivo Basalo abraza a sus hijos junto a su mujer, Ana Belén, a la salida del pozo.
Después de 52 días sin día, los siete mineros que permanecían encerrados desde el 21 de mayo en el pozo de Santa Cruz del Sil salieron ayer, a las 23.15 horas de la noche, de la galería transversal caleyo 5 sur. Un apartamento improvisado a 700 metros de profundidad y a tres kilómetros de distancia de la bocamina que, no obstante, no se ha quedado vacío, ya que otros cinco compañeros —también del mismo grupo— les han cogido el relevo. Eliseo Otero (Lillo del Bierzo), José Antonio Páez (Ponferrada), Luis Ángel Castañeda (Bembibre), Miguel Ángel González (San Andrés de Montejos) e Ivo Nitkov (Ponferrada) sustituyeron a Primitivo Basalo, Segundo Porto, José Antonio Pérez Molina, José Araújo, José Pérez, Alfredo González Carro y Víctor Manuel Almeida en la lucha en defensa del sector desde el interior de la mina. Entraron a las 22.30 horas subidos en una vagoneta y con la cara tapada entre los aplausos de las más de 2.000 personas que se congregaron a las puertas del pozo, en su mayoría recién llegadas desde Madrid.
Los protagonistas del nuevo encierro eludieron hacer declaraciones al inicio de una hazaña que ahora lleva sus nombres y que saben cuando y como empieza, pero no cuándo y cómo terminará. Los que sí hablaron a la salida de su encierro fueron los siete héroes de Santa Cruz —ocho con Eduardo González, que les estaba esperando en la bocamina como si nunca se hubiera ido—.
Primitivo Basalo hizo las veces de portavoz y tras salir sin señal alguna de flaqueza del agujero que ha sido su casa, se plantó ante los medios de comunicación para retar al ministro de Industria. «Que seamos tantos los que somos burros, según el ministro, y que el único que tiene cordura sea él, es imposible de creer», se lamentó Basalo, garantizando que su salida no marca el fin de la lucha. «Que sepan que esta lucha no se acaba y que al final ya veremos quien gana la batalla. Esto es cambiar de frente y seguiremos ahí, luchando y apoyando a los que ahora entran», apuntó el minero, abrazado a sus hijos y con los ojos empañados por lágrimas de sabor agridulce. «Como me siento no puedo describirlo con palabras. Es inmensurable la muestra de cariño que hay aquí. Toda esta gente es la que hace que aguantes ahí dentro», explicó.