Las primeras hipótesis
Tras la tormenta, llega la calma, momento en el que el Seprona investiga palmo a palmo el terreno para averiguar los motivos del origen del incendio
Castrocontrigo. León. 14.06 horas del domingo 19 de agosto. Un incendio se inicia en el monte, con viento de dirección norte, en varios focos. Todo apunta a una fechoría, un fuego de carácter intencionado, algo que aún hay que determinar. Quien se encargará de eso será la Guardia Civil que, mientras las brigadas antiincendios se afanan en extinguir el fuego, ya trabajan en encontrar sus causas y su origen.
En un escenario totalmente ennegrecido, con todo perdido, asolado por unas llamas que parecen no haber dejado nada de lo que se han encontrado, un equipo del Seprona tratará con el máximo cuidado y detalle de averiguar el cómo, el por qué y quién inició la fechoría, en el caso de que el incendio sea intencionado, o las causas, si es accidental.
Tras acudir en primer lugar la patrulla del puesto de zona, que elabora las primeras diligencias con quien se encuentra en el lugar o el alarmante, el caso pasa a manos de un equipo especializado del Seprona, que nada más llegar conversa con el primero que ha llegado, bien un agente forestal o un guardia civil.
Marceliano Vivas, guardia del equipo del Seprona en la provincia Salamanca, que ha abordado numerosas investigaciones sobre incendios forestales, explica que se analiza la dirección del viento para ver cómo ha sido su avance. «Se acota la zona quemada y se hace el recorrido inverso a la dirección al fuego», dice. ¿Por qué al revés? Argumenta que si las llamas van en sentido norte los agentes los recorren hacia el sur para ver los indicios de geografía real. «Ahí se aprecia la orientación y el recorrido, porque va dejando marcas muy evidentes de la dirección que ha llevado. Llegas a una zona que llamamos de indecisión, que va a un lado o a otro», explica.
Al caminar en sentido contrario, se encuentran marcas más evidentes, con indicadores a los que se coloca una bandera roja. Todo aporta información. Las piedras, postes de la luz o postes de cercado desvelan la dirección del viento, ya que por detrás la llamada zona de protección de cada objeto queda limpia porque las llamas no la tocan. También ayuda el grado de carbonización de las plantas y las gramíneas, que dejan unas marcas diferentes. «Incluso si el incendio avanza lento, la caída de la gramínea al suelo es diferente», justifica.
Detallado y minucioso
Ya en el punto concreto del inicio del fuego, tras recorrer metros al revés, el análisis es aún «más minucioso». Vivas señala que, por ejemplo, una lata evidencia si ella es la causante de la tragedia o no dado que deja un asiento en el terreno si lleva varios días, con lo que se desestima. Lo mismo que la lata, ocurre con un palo caído sobre el suelo o con la cristalización de las ramas caídas.
Ya sobre la zona acotada, la cual se toca poco por los medios de extinción, se tamiza el terreno en busca de colillas, mechas, cerillas, vidrio, algún acelerante o retardante que el autor utilice para facilitar su huída: «Se hace minuciosamente para ver si hallamos algo. Todo se marca con banderines». Cada objeto se recoge y se envía al Servicio de Criminalística de la Guardia Civil o del Seprona de Madrid. Incluso se analiza la tierra para su análisis. Los restos de ADN en colillas también se investigan, dado que puede dirigir la investigación directamente al autor. Con esos datos se elabora un informe final en el que se determina si el incendio ha sido intencionado, accidental o por una negligencia, causado con una radial o barbacoa, entre otras herramientas.