Diario de León

José Mariano López-Urdiales inventor del ‘bloon’

«La gente que sube, cambia; el viaje les hace un poco mejores»

El ingeniero aeronáutico José Mariano López-Urdiales.

El ingeniero aeronáutico José Mariano López-Urdiales.

Publicado por
m. romero | león
León

Creado:

Actualizado:

Hijo del reputado astrofísico que probó en León la sonda Cassini Huygens enviada a Titán, luna de Saturno, José Mariano López-Urdiales (Granada, 1978) sabe desde niño que para subir al espacio más cercano sólo es necesario un globo, nada de grandilocuentes y contaminantes cohetes. Padre del transporte estratosférico del futuro, es uno de los pocos inventores del mundo que ha conseguido sacar adelante su idea y rebajar casi 50 millones de dólares el coste del viaje al lugar donde la tierra se ve de día y de noche.

—¿Cómo nació ‘Bloon’ y cuándo será una realidad comercial?

—La idea de subir con personas en globos a la estratosfera de nuevo —de nuevo porque ya se hizo entre los años 20 y 60 del siglo pasado— la tuve hablando con mi padre, que ya había hecho experimentos en León justamente. Hablamos que algún día se desarrollaría el turismo espacial. Y todo el mundo pensaba entonces en cohetes, pero mi padre, que se dedicaba a la astrofísica, y yo, que lo había estado viendo desde pequeño, sabía que hay otras formas de llegar a alturas extremas y que la vista y la experiencia puede ser similar. Los globos vuelan muy alto y sabía que esto existía y de ahí salió una publicación, luego fuimos avanzando poco a poco y Bloon como nombre y como empresa nace en enero del 2009. Desde entonces pensamos que los primeros globos tripulados se podrían lanzar entre el 2013 y el 2015, y lo seguimos pensando. Hemos avanzado, pero aún nos queda. Los proyectos aerospaciales son siempre a largo plazo, nunca de un día para otro. Red Bull ha estado cinco años preparando el salto de Baumgartner.

—¿Qué fases faltan para desarrollar el proyecto a escala comercial?

—Faltan bastantes pasos. Primero volar algún prototipo más a escala, después volar algún prototipo tripulable, pero no tripulado, hacer los primeros vuelos tripulados y, lo más importante, obtener la certificación comercial. Lo importante es que tenemos un calendario bastante ajustado que, por ahora, se va cumpliendo. Tenemos confianza en que antes del 2015 empiece a subir público. Queremos facilitar el acceso al mayor número de personas posible, que no tienen porque ser todas turistas; los científicos tienen mucho que hacer allí arriba.

—¿Ya se sabe quiénes van a ser los primeros pasajeros?

—Seguramente los empleados de la empresa y los inversores. Sabemos de gente que ya está interesada en volar. No falta demanda. Al contrario, lo que falta es oferta de sistemas capaces de llevar a personas al borde del espacio. Hay muchas empresas que ya están hablando de sistemas, pero lo que son ensayos en vuelo somos menos.

—¿Y qué nos ofrece ver desde su nave?

—España entera. Se ve el mar, montañas, que la Tierra es azul, se ve la curvatura de su horizonte y se toma consciencia visual de que estamos en un planeta muy bonito pero frágil, porque al mismo tiempo que ves la Tierra azul ves también que el cielo es negro y la sensación de profundidad del espacio es algo que te cambia la vida. Félix Baumgartner, que se dedicaba a cosechar éxitos, ahora quiere dedicarse al servicio público. La gente cuando sube y ve eso suele tener un cambio, suele hacer un clic en la personalidad. Esto está estudiado en los astronautas. Es una experiencia enriquededora. Aparte de todo lo que se puede medir mirando para arriba y para abajo, el viaje tiene el efecto de hacernos un poco mejores. Es valioso e importante y mucha gente está dispuesta a dedicar muchos recursos para experimentar. Lo que pasa que los únicos que lo ofrecen de forma comercial son los rusos con sus cohetes Soyuz y cobran 50 millones de dólares, por lo tanto cualquier solución más económica y más ecológica que montarse en un cohete va a tener mercado.

—Además, en un cohete el viaje es cortísimo, de seis o seite minutos.

—En el Soyuz son varios días, pero los cohetes de seis o siete minutos son los suborbitales y esos sí tardan poco. Es subir, asomarte y caer. La vista es espectacular, pero quizá sea poco para algunos clientes.

—¿Qué me ofrece por 110.000 euros? Aunque es una cifra para la inmensa mayoría inalcanzable, resulta que es la más baja del mercado.

—Sobre todo por minuto. Estás unas dos horas por encima del 99,5% de la atmósfera. Es más económico que otras soluciones. Alguien puede decir que esto es para ricos. Pero no. Y me explico. Ahora es sólo para los superricos. Para que acabe siendo para los que no son ricos, tiene que pasar de los superricos a los ricos y después a los menos ricos, y así. El salto que estamos dando con Bloon , pasando de 50 millones a 110.000 euros, es enorme. Muy pocas cosas bajan tanto. Luego llegarán los saltos siguientes. Ya veremos cuáles son. También al principio los coches eran un lujo y la aviación era un lujo. Siempre es así. Supongo que al principio tener un taparabos de piel de animal también era un lujo porque sólo lo llevaba el jefe de la tribu. La única forma de progresar es que las cosas nuevas sean sostenibles económicamente.

—¿Cuál es el mercado de esta nave?

—Yo creo que va a ser muy grande. Sólo en la ciudad de Shanghái hay más de cien mil personas que se lo pueden permitir.

—¿Preparación física?

—Muy poca porque las aceleraciones que se esperan no son grandes. Hace falta que el sistema del oído no se tapone y algunas cosas más, pero no hacen falta pruebas complejas, ni centrifugadoras, ni nada de eso.

—¿Por qué la cápsula tiene forma de rosquilla?

—Es una forma muy buena para mantener presión interna y tener ventanas. La forma óptima es la esfera, el problema es que si le haces un agujero deja de ser tan óptima. El dónut sigue siendo muy eficiente como estructura y en esto tenemos una patente en la compañía. Es la única cápsula para ir al espacio cercano que tiene esta geometría.

—¿Y por qué 36 kilómetros y no 20 o cien?

—La mejor manera de explicarlo es fijándose en el salto de Red Bull. Si te das cuenta, de los 36 kilómetros a los 39 que ascendió apenas se notaba la diferencia. Es donde empiezas a ver lo mismo que los astronautas y subir más sólo complica las cosas y aumenta el riesgo. El rango bueno es entre 30 y 36 kilómetros. Una persona que tenga buena visión periférica, ya a 25 kilómetros va a ver la curvatura muy bien. 36 es un buen número.

—¿Hay turbulencias? ¿Y otros riesgos?

—Siempre puede haber, lo que sucede es que las turbulencias se notan más cuando vuelas muy rápido. Son como baches. Si vas en coche, y vas despacio, te enteras menos. En general, cuando hay vientos virulentos o que cambian mueven al globo entero, porque normalmente en globo te mueves con el viento; vas como pegado a él. Los riesgos tienen que ver con los riesgos generales de la aviación general. Tienes que tener máscaras de oxígeno por si hay pérdida de presión, etcétera. De hecho vamos a poner más sensores que los vuelos. Medidas que en la aviación comercial no se utilizan por coste nosotros las vamos a usar, puesto que se trata de un proyecto especial. En principio puede ser muy, muy seguro.

­—¿Qué aporta su proyecto que no tienen otros similares?

— Bloon es un paso más en la expansión de las expriencias humanas y de la toma de conciencia de que estamos en un planeta y que nuestro mundo no es nuestro barrio o nuestra casa. Nuestra empresa se llama Zero To Infinity (de cero a infinito) y lo que queremos es que sea el primer paso para seguir explorando y llevar al ser humano más lejos. Tenemos en cartera otros proyectos ilusionantes en esa dirección, pero no podemos hablar. No se va a acabar la cosa con Bloon .

tracking