Perfil. Ignacio Fernández Herrero
El sindicalista escritor de poesía con aires soberbios
En sus ratos libres escribe poesía y escucha música, sus dos aficiones cuando lo deja lo que él considera «este mundo de teatro y escenificación» en el que adopta un aire de orgullo y soberbia, imagen que proyecta e intimida a quien lo conoce poco. Ignacio Fernández nació en León en el año 1958. Vive con su pareja. No tiene hijos por voluntad propia. Brillante orador, su preparación cultural como profesor de Lengua y Literatura convierte sus mensajes en un ejercicio contínuo para la reflexión. Sus detractores dicen de él que tiene un discurso trasnochado, pero sus mítines no dejan indiferente a nadie por su capacidad analítica de la realidad.
Su formación cultural es sólo una parte de su vivencia personal. Su infancia y adolescencia, en el barrio El Crucero, que él denomina cariñosamente «el barrio Lenin» por su marcado carácter obrero y de radicales clandestinos, marcó su destino. Siempre dice que él no fue al sindicato, sino que el sindicato llegó a él, cuando le propusieron, en el año 1986, que se afiliara en Castellón, donde comenzó su andadura profesional tras aprobar una oposición. A su regreso a León en 1998 continuó con su labor sindical y sustituyó a Agapito Muñiz en la Federación de Enseñanza en el año 2000. Es el secretario general de CC.OO. desde el 2004 y éste será su último mandato.
Detrás de esa coraza de orgullo y soberbia se esconde una persona sensible. «Lo más desagradable de ser sindicalista», dice, «es convivir todos los días con el sufrimiento. Es encontrar cada día la palabra de apoyo a las personas que sufren cuando me doy cuenta de que no puedo hacer nada y son cadáveres laborales».
Lo que más valora él de las personas es el respeto y la humildad y lo que los demás valoran de él es su inteligencia y su compromiso con la acción sindical y con los servicios públicos.
Sus adversarios en las negociaciones laborales, los empresarios, que pese a estar invitados no acudieron a la cita congresual de ayer en León, dicen que las diferencias ideológicas y de planteamientos no impiden que le reconozcan su talante dialogante y su gran defensa de los trabajadores.