«Los discapacitados no son mano de obra barata»

secundino pérez
Julio Sanmartín se enroló hace diez años en la aventura de abrir un centro especial de empleo —Cerámica Manos— para dar trabajo a enfermos ingresados o en proceso de rehabilitación en Santa Isabel. La administración le proporcionó local a cambio de terapia ocupacional. Ha empleado a 20 personas, pero no le han salido las cuentas. Los tres empleados están en un expediente de regulación de empleo: «Esto se cerrará porque no tengo posibilidad de mantenerlo y estoy muy endeudado. Me cuesta más toda la burocracia que pagar a un empleado». No ha encontrado el apoyo institucional que esperaba. Sanmartín, famoso por sus palomares y el calendario agrícola de San Isidoro, subraya que «es una falacia que los discapacitados sean mano de obra barata» y defiende la utilidad de los centros especiales de empleo «porque es fundamental que el discapacitado encuentre una forma de ocupar el tiempo y recibir una remuneración». Para las personas con enfermedad mental la alfarería es «una forma de que recuperen, no pierdan o adquieran las habilidades manuales; puede ser tan importante como la medicación porque el mundo también lo aprendemos a través de las manos», subraya.