Diario de León
Las mulas se usaron en Santa Cruz hasta hace dos décadas.

Las mulas se usaron en Santa Cruz hasta hace dos décadas.

Carlos Fidalgo
Ponferrada

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El cierre del pozo Santa Cruz, una explotación con 70 años de historia a sus espaldas, ha dejado huérfana a la cuenca de Fabero-Sil, que pierde su última mina de interior. Explotado desde la posguerra, de las capas Perdiz, Bienhallada, Cazadora, Sila o Desván, o de las que llevaban nombres de nacionalidades europeas como la Inglesa, la Alemana o la Francesa «salía la mejor antracita del país, que alimentaba las calefacciones de las grandes ciudades», cuenta el periodista de la localidad de Santa Cruz del Sil José Antonio Otero.

El último propietario de la mina, el presidente de la patronal Carbunión, Victorino Alonso, se la compró a Victoriano González en 1988. Por entonces, las mulas de carga todavía servían para tirar de las vagonetas, según revelan viejas fotos que vecinos y antiguos habitantes de Santa Cruz del Sil han colgado en el grupo que han creado en Facebook sobre el pueblo.

En 1999, Alonso emprendió una modernización del pozo, donde se recolocaron los trabajadores de Combustibles de Fabero y Antracitas de Gaiztarro. El empresario concentraba así toda su produción de Unión Minera del Norte y cerraba pozos emblemáticos como el Julia, Caleyo o Escandal. Trece años después, le ha llegado el turno a la última mina. En unos días, cuando se hayan llevado de Santa Cruz toda la maquinaria que todavía se puede aprovechar, Alonso habrá apagado definitivamente la luz.

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