Diario de León

Normalidad en la Santa Sede tras la renuncia papal

El anuncio del Sumo Pontífice no deja indiferente a católicos, ateos y agnósticos.

Fieles transitan por la plaza de San Pedro.

Fieles transitan por la plaza de San Pedro.

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EFE | CIUDAD DEL VATICANO

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La normalidad fue la nota predominante ayer en el Vaticano y si no fuera por la numerosa presencia de periodistas, fotógrafos y cámaras de televisión, nada haría pensar que ayer el Papa Benedicto XVI anunció su renuncia al papado casi ocho años después de ser elegido.

La plaza de San Pedro del Vaticano está, como todos los días, llena de turistas y fieles, que hacen largas colas para entrar en la basílica, unas colas que llegan incluso a dar la vuelta a la Columnata de Bernini.

Preguntados por los periodistas, muchos turistas y fieles coinciden en expresar su sorpresa por la renuncia de Ratziger. En el pequeño estado vaticano ayer era un día normal y fueron cientos de personas las que acuden, como en otras ocasiones, a la farmacia vaticana o al supermercado.

Todas las miradas están puestas en la audiencia pública que celebrará hoy el Papa en el Aula Pablo VI del Vaticano, el tradicional encuentro semanal con los fieles de todo el mundo, que será la primera ocasión en la que aparece en público tras el anuncio de la renuncia.

El sábado próximo Benedicto XVI tiene previsto recibir al presidente del Guatemala, Otto Pérez Molina, y el domingo 17 de febrero, se retirará durante una semana en ejercicios espirituales, que celebrará, junto a los cardenales de la Curia romana, en la capilla «Redemptoris Mater», del Vaticano.

El retiro espiritual concluirá el sábado 23 de febrero y Benedicto XVI hará oficial su renuncia el 28 de febrero a las 20.00 hora local de Roma.

La renuncia del Papa no ha dejado indiferente ni a católicos, ateos o agnósticos, que, tras la sorpresa inicial por la noticia del lunes, siguió centrando ayer las conversaciones en las calles de Roma.

Desde el Lungotevere, Plaza Navona, Campo di Fiori o Plaza Farnese los romanos y turistas leen los periódicos con grandes portadas sobre la renuncia del Papa el próximo 28 de febrero en las terrazas en un día soleado, a diferencia de la jornada desapacible del lunes en la que un rayo cayó sobre la cúpula de San Pedro.

La imagen de ese fenómeno, captada por el fotógrafo Alessandro Di Meo, de la agencia italiana Ansa y distribuida por la agencia EFE, ha recorrido el mundo por la extraña coincidencia y se ha convertido en una de las fotografías más publicadas en los medios.

«Creo que estaba realmente cansado. Ha sido un hombre que ha querido reformar la Iglesia y ha sufrido muchas presiones. Pero el hecho de retirarse es un acto heroico», dijo a Efe Patrizia Porpora, atea, de 56 años, y dueña de la Librería Española en la Plaza Navona, al reflexionar sobre la decisión de Benedicto XVI.

Muchos romanos debaten las diferencias entre el final del pontificado de Juan Pablo II y el de Benedicto XVI. «Juan Pablo II prefirió seguir el ejemplo de Cristo, que nunca se bajó de la Cruz, y mostró su deterioro, su humana agonía al mundo con una humildad ejemplar hasta su muerte».

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