Diario de León

Rubalcaba propone un pacto contra la pobreza y la reforma de la Constitución

juanjo martín

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Paula de Las Heras| madrid
León

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No olvidó su exigencia de dimisión. Es más, Alfredo Pérez Rubalcaba volvió a advertir a Mariano Rajoy de que su reacción ante los escándalos de corrupción que sacuden al Partido Popular debilita y condiciona la acción de Gobierno pero no quiso hacer de este asunto el eje principal de su discurso. Su tesis fue otra, más de fondo: la de que la situación que atraviesa España es tan grave que puede calificarse de «emergencia nacional», que desde la Transición no se había vivido un momento tan crítico y que es el momento de abrir una reforma de la Constitución.

«Creo que el acuerdo no es garantía de que las cosas salgan bien pero sin acuerdo no hay salida». La oferta sirvió de poco. El presidente del Gobierno ni siquiera la tomó en consideración.

Rubalcaba le quiso dar carácter prioritario en el debate sobre el estado de la nación. Y no fue la única. También insistió en la necesidad de alcanzar un pacto por el empleo junto a las organizaciones sociales y los sindicatos y de paralizar los desahucios en tanto la ley que se tramita en el Parlamento no entre en vigor. «Estas tareas son urgentes y la experiencia demuestra que no puede hacerlas un Gobierno solo, ni un partido solo, ni siquiera la cámara —dijo con la vista puesta, de nuevo, en la Transición— son tareas compartidas».

Aún así, y pese a la mano tendida, el secretario general del PSOE no se limitó a emplear ese tono conciliador que tantas críticas le costó en debates previos desde sus propias filas. Rubalcaba atacó al jefe del Ejecutivo con contundencia. «Usted no es capaz de sacar a España adelante», llegó a decirle. «Estamos intervenidos», alegó en referencia a las condiciones impuestas por Bruselas a cambio de las ayudas para el sistema financiero.

«Dijeron que iban a crear empleo y crearon una máquina de despido rápido y barato», reprochó. «Los españoles están más indefensos respecto a la enfermedad».

A cambio, tuvo que encajar un duro golpe. Rajoy cuestionó su legitimidad para hablar ahora de crecimiento, de pensiones, o de desigualdades sociales y exigir unas políticas que nada tienen que ver con la gestión realizada por el ejecutivo del que él fue vicepresidente. Y Rubalcaba asintió, pero no se arredró. «Reclamo mi derecho a rectificar como partido», adujo. «Si lo practicáramos todos esta cámara tendría más respeto. No me cuesta nada decir que cada vez que hay un desahucio pienso ‘maldita sea, por qué no arreglamos aquello’».

El líder de la oposición no se olvidó tampoco, en cualquier caso, de la corrupción. Y advirtió a Rajoy de que sus propuestas, el endurecimiento de penas y el aumento de los plazos de prescripción del delito, deben tener «carácter retroactivo».

«¿Cree que se puede gobernar pendiente de que a Bárcenas le entre un ataque de moralidad?», apuntó. «Por eso le pedí que diera paso a otro presidente. La decisión ahora es suya».

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