MOCIÓN DE CENSURA EN PONFERRADA. LAS RAZONES DEL LÍDER DE IAP
«No sé a qué se refiere Riesco con lo del chantaje; esto no es Venezuela»
Ismael Álvarez pasará a la historia como el hombre que dimitió dos veces. Lo hará si el 8 de marzo se consuma la moción de censura pactada con el PSOE para desalojar a Carlos López Riesco de la alcaldía y cumple su promesa de entregar el acta de concejal. Una década después de que dejara el sillón de alcalde acusando a los socialistas de conspirar para que le condenaran por acoso sexual, Álvarez reconoce que el acuerdo con el PSOE puede parecer contradictorio, pero dice que «Ponferrada necesita que me sacrifique»

Álvarez asegura que nunca interfirió en el gobierno de Carlos López Riesco tras dejar la alcaldía.
Ismael Álvarez recibe a este periódico en el vestíbulo de su Hotel Aroi. De nuevo es el centro de una tormenta política tras su pacto con el PSOE.
—¿Qué le dice la frase ‘la política hace extraños compañeros de cama’?
—Pues me dice que sí. Puede ocurrir. En la política y en la vida hay que admitir las cosas como son. La política es muy dura. Cuando se entra en esta actividad, sabe uno a lo que se expone y luego no vale lamentarse.
—En el 2002, se fue de la alcaldía acusando al PSOE de urdir una conspiración contra usted y ahora pacta con ellos...
—Bueno... Visto así puede parecer contradictorio, pero no hay por qué establecer ambas cosas en paralelo, ni por qué buscar una coincidencia.... Vamos a ver.... Perdón. Establecer en paralelo... Quiero decir, aquí lo que se analiza es la situación de Ponferrada en este momento. Después de muchos años, de algunos temas hay que saber pasar página. Y si hay alguno que no quiera pasar página es porque no le conviene. Las circunstancias son otras. Si Ponferrada estuviese ahora mismo extraordinariamente bien, esté usted seguro de que no habría moción de censura.
—¿El PSOE puso como condición que usted ya no firmara la moción de censura?
—¿Que yo no firmara? No, no. De hecho la he firmado...
—Me refiero al inicio de las negociaciones.
—Al iniciar las negociaciones, empecé hablando yo y dije que facilitaría esta moción con mi salida del cargo de concejal. En este momento, Ponferrada necesita que alguien se sacrifique. Espero que no sea criticable que uno dimita y renuncie a un cargo. Se suele decir que no lo hace nadie, pero cuando lo hace alguien, habrá que darle la importancia que tiene.
—¿Si Riesco se fuera, todavía podría romper el pacto con el PSOE para pactar con el PP?
—Hace poquitas semanas se hubiera podido analizar eso. En este momento, sería de poca ética personal haber adquirido un compromiso con una serie de personas y cambiar de ruta al día siguiente.
—¿Negoció a dos bandas con el PP y el PSOE? ¿Se reunió con Reiner Cortés en La Bañeza y le propuso que Juan Elicio Fierro fuera alcalde, que Riesco se marchara y usted también?
—En el Ayuntamiento de Ponferrada hay que mover ficha. Yo no negocio a dos bandas. Simplemente entablo conversaciones con los otros dos grupos que hay en el Ayuntamiento para ver qué salida puede haber ante una situación de desgobierno, donde el actual alcalde no tiene la iniciativa de buscar un pacto con IAP. Respeto la libertad que tiene de pactar o no. Lo que me parece menos respetable es que los asuntos personales, si le caigo bien o no, los traslade a la política perjudicando a la ciudad. Eso no debería hacerlo. Si yo tengo un grupo de concejales es porque vienen de las urnas. Y él debería respetar eso. Una cosa es que en tu vida privada no tomes un café con alguien porque no te cae bien, y otra utilizar eso en la vida pública y perjudicar a la ciudad con un gobierno en minoría que no es capaz de tomar una decisión.
—Riesco habla de chantaje...
—No tengo ni idea de a qué se refiere. Y desde luego, no voy a entrar en cuestiones personales, ni de enfrentamiento con nadie, Voy a hablar de Ponferrada y de la ley. Y la ley es muy clara. Hay una figura que se llama moción de censura que se utiliza cuando no hay mayoría absoluta. Si tuviera que gobernar siempre el partido que más votos tiene como parece que defiende ahora, no sería necesaria la figura de la moción de censura. Hay que componer siempre una mayoría absoluta. Si hay un porcentaje de población muy superior que no votó al Partido Popular, los representantes de las demás opciones pueden presentar una moción de censura. Afortunadamente esto no es Venezuela. Esto es un país democrático. Y ya sé que a unos les va a parecer peor y a otros mejor. Pero nosotros (por IAP) estamos absolutamente convencidos de que debíamos dar este paso dada la situación del Ayuntamiento. Ahora, sobre el chantaje, no voy a entrar en ese juego. Para chantajear tiene que haber uno que chantajea y otro que se deja chantajear. ¿Quienes son esos dos? No entiendo nada de todo eso. En estos enfrentamientos personales puedo llegar a admitir lecciones de moralidad de otras personas de Ponferrada y de fuera de Ponferrada excepto de él. (Riesco) es el menos indicado para dar lecciones de moralidad ni a mí, ni a nadie.
—Pero sí puso la condición de que Riesco se marchara con usted y el alcalde fuera Fierro...
—Eso fue un comentario que se hizo. Una de las posibilidades. Cuando necesitas una solución, buscas diferentes fórmulas. El Ayuntamiento y la ciudad no van bien porque no hay una mayoría suficiente gobernando. En IAP, votamos a favor de la investidura del alcalde. Empezamos apoyando, diciendo que estábamos dispuestos a firmar un pacto de gobierno. Eso es democrático. El resultado de las urnas fue el que fue y parece que tenía bastante lógica un pacto de gobierno (del PP con IAP). (Pero Riesco) se ha negado. Se ha negado repetidamente. Y después de que haya pasado un año y medio largo, cuando se ve que el gobierno del Ayuntamiento no toma decisiones buscamos una fórmula. Entre esas fórmulas, además de insistir en ese pacto, cabía la posibilidad de que si había un problema por culpa de dos personas concretas, podíamos irnos los dos. Yo ofrezco cualquier solución para que Ponferrada prospere y camine por la senda del bien.
—¿No se puede interpretar que ofreció su cabeza a cambio de la cabeza de Riesco?
—No, eso no fue así tampoco. Igual que se ha firmado un pacto con el PSOE, se podía haber firmado con el PP. El alcalde no llegó a entrevistarse conmigo y se ve que no tenía mucha intención de pactar. Si ese pacto hubiera requerido mi renuncia, igual que la llevo a cabo con el Partido Socialista la hubiera llevado a cabo con el PP, seguramente. Pero si el alcalde quiere que Ponferrada siga así dos años y pico más, no estamos dispuestos.
—Muchos votantes del PP le apoyaron en las elecciones y no se imaginaban que acabaría pactando con Samuel Folgueral. ¿Cómo les explica eso?
—Soy consiente de que esta decisión a unos agrada y a otros no. La democracia es así. A IAP nos votó gente que en un porcentaje alto estaba descontenta con el gobierno municipal. El PP es mucho más que unos concejales de Ponferrada, con todo el respeto a los concejales. Pero no estamos analizando al PP, sino a un grupo de gobierno. Y este grupo se niega a establecer un gobierno estable que sea beneficioso para la ciudad.
—Riesco creció políticamente como su mano derecha. ¿En qué momento se enemistaron? ¿Se sintió abandonado después de dejar la alcaldía?
—Voy a tratar de no entrar en temas personales, porque estoy convencido de que no le interesa a la ciudadanía, aunque entiendo que para unos pocos o para incluso los medios de comunicación tenga morbo. Lo que quiere el ciudadano y la ciudadana de Ponferrada es que se pueda llegar con el salario a fin de mes y que haya trabajo y que la ciudad prospere. O por lo menos mantener lo que tenemos. Pero sí puedo decir, en honor a la verdad, y no podrá desmentirlo nadie, ni el señor Riesco ni nadie, que cuando dimití en el año 2002, no volví a pisar el despacho del alcalde, ni volví nunca jamás a hacerle una sugerencia sobre lo que debería a hacer o no hacer. Ni volví nunca jamás a meterme absolutamente en nada de la política. Estuve absolutamente ausente de todo. Y aunque ahora se están diciendo otras cosas, esto que acabo de decir es la verdad.
—¿Y por qué Riesco habla de vendetta? ¿No se ofreció usted como candidato al PP en las últimas elecciones?
—Sí, claro... es que esto tendría una larga explicación. Y eso sería entrar en asuntos personales y explicar muchas otras cosas que me dijo el actual alcalde en otras épocas, cien mil cosas que no quiero. No es evadir la pregunta, pero ¿para qué?....
—¿Despachará con Emilio Cubelos sobre cuestiones del gobierno de Ponferrada?
—La otra vez dimití y nunca jamás intervine, ni siquiera para opinar. Ahora hay un pacto IAP y PSOE. Quizá algún compañero del grupo que yo presido pueda consultarme algún tema porque yo tenga un poquito más experiencia, pero no va a ser con mucha frecuencia ni intensidad porque yo, afortunadamente, tengo mucho trabajo en casa. En la hostelería de Ponferrada no es fácil mantener 25 puestos de trabajo y, me gustaría que se resalte, son 18 mujeres y siete hombres.
—¿Y cómo convencerá a los ponferradinos de que no gobernará entre bambalinas. De que esas consultas no significan que llevará usted el timón?
—Yo lo diría de otra manera. Que nos convenzan los ponferradinos, a usted y a mí, de que gobierno entre bambalinas. Que lo demuestren. Eso es una tontería como una casa de grande. ¿Es tanto pecado que yo dé alguna opinión alguna vez? Aunque algunos quieran hacer de mi una mala persona o un ser extraño, hay otros que están encantados de que opine y colabore con la ciudad. Y de hecho, no hay ningún antecedente en Ponferrada de que, sin unas siglas conocidas, se haya obtenido cinco concejales en unas elecciones. Las 5.719 personas que nos votaron son muchas personas.
—¿Cómo encajan el programa de IAP y el del PSOE?
—En lo que necesita Ponferrada ahora no es difícil coincidir. Hace falta ocuparse de las cosas pequeñas. No hay que ocuparse en las cosas grandilocuentes.
—¿Habrá recortes en las dedicaciones exclusivas?
—Sí. Pero prefiero no concretarlas yo. Hay que tener presente desde el principio hasta el final de esta entrevista que yo me voy a ir. Creo que hago un gran servicio a Ponferrada marchándome y me voy, pero hay quien se agarra al cargo y no se va ni aunque tire de él el tractor.
—¿Y habrá menos gasto en servicios públicos?
—Lógicamente se tenderá al ahorro. Pero hay que hacer un equilibrio que no es fácil entre la calidad del servicio y el mantenimiento del empleo.
—Folgueral ha dicho que Riesco tiene fobias. ¿Y Folgueral?
—Habría que preguntarle a él. Las del alcalde hacia mí parecen evidentes. Folgueral se ha mostrado contrario a gastar cantidades elevadas a su modo de ver en ciertos contratos de servicios. No sé si eso se le llaman fobias o no. Tocará entenderse, pero no hay que perder de vista que estamos hablando de un periodo corto de tiempo. Dentro de dos años se le da la voz al pueblo otra vez.
—¿Y dentro de dos años, se presentará a la alcaldía?
—No tengo tendencia a evadir las preguntas. Me gusta contestar. Pero esta no tiene respuesta. Mi experiencia me dice que es mejor no hablar del futuro....
—Le voy a hacer la pregunta mas directa. ¿Le gustaría presentarse a las elecciones dentro de dos años con el PP?
—Si fueran mañana las elecciones, tendría una decisión tomada, pero dentro de dos años, quién sabe... Yo creo que no van por ahí los tiros, ni por mi parte, ni por el PP.
—Puede garantizar que Folgueral llegará como alcalde a las próximas elecciones.
—Creo que sí. Hay 13 personas comprometidas en este pacto. Y estoy confiado en que estas personas concretas son lo suficientemente responsables como para saber que adquieren un compromiso que tiene que durar dos años. Habrá discrepancias, pero hay que saber ceder y ser tolerantes.