Mariano Rajoy ordena echar el cierre a la polémica por las críticas de Aznar

Elude abordar las palabras de su antecesor, pero defiende «unos impuestos razonables».

Rajoy participa en un foro sobre economía en el Encuentro Empresarial en Cali.

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montilla/de las heras | Colpisa) col0mbia/madrid

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Mariano Rajoy no quiere que la polémica sobre las críticas de José María Aznar a su gestión económica y su alusión a un retorno a la primera línea de la política siga en el candelero. Abogó por pasar página y echar el cierre, un mensaje que fue recogido de inmediato por el PP, que también apostó por apagar cuanto antes el incendio. El presidente del Gobierno dio ejemplo y desde la ciudad colombiana de Cali optó por el silencio cuando se le preguntó por la manifestaciones de quien le designó sucesor.

Fuentes del Gobierno apuntaron que Rajoy no hará ninguna valoración más allá del «respeto» que mostró el miércoles en Bruselas a las palabras de cualquier ex presidente de España y, en especial, a las de Aznar. Estas mismas fuentes negaron que los reproches de Aznar, en especial a la política impositiva de Rajoy, puedan agrietar al Ejecutivo o al partido. De hecho, consideraron «muy sensatas» todas las respuestas que han dado hasta el momento ministros y dirigentes del PP sobre la posibilidad de un hipotético regreso de Aznar a la primer la línea política.

En cuanto a los motivos que han podido motivar la reacción del ex presidente, esta misma fuente gubernamental destacó que sería un ejercicio estéril intentar interpretar los razonamientos del actual presidente de honor del PP. «Presidente, considera una deslealtad las palabras de Aznar», le preguntaron a Rajoy a su llegada a Cali, donde participó en la VII Reunión de la Alianza del Pacífico. El jefe del Ejecutivo se dio la vuelta sin pestañear y, obviamente, sin hacer ningún tipo de valoración. Ésta llegó, aunque de manera cifrada, durante un coloquio ante unos 400 representantes de multinacionales de América Latina, Asia y Europa. «Todos los países sensatos tienen que establecer unos impuestos razonables y no confiscatorios para mantener el estado de bienestar», destacó Rajoy pese a que la cuestión de la presión fiscal no era uno de los temas esenciales del debate, que giro más en la seguridad jurídica que reclaman los emprendedores para invertir en América Latina.

Una reflexión que en otro contexto podría haber pasado más desapercibida pero que, con la andanada de José María Aznar aún en mente, suenan a argumentario puro y duro.

El jefe del Ejecutivo, asimismo, defendió a capa y espada su programa de reformas estructurales y ajustes «pese al alto coste que ha tenido en empleos» que paga la sociedad española.

Esfuerzos

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Un esfuerzo que, recalcó, no caerá en saco roto. Dentro de esta técnica de lo subliminal, Rajoy también pareció disipar las dudas que haya podido generar la defensa del liberalismo puro y duro que hizo Aznar. Lo importante es propiciar las condiciones para que los empresarios generen «puestos de trabajo y riqueza», y negó que la función de las administraciones públicas sea la de crear puestos de trabajo. Dicho esto, dejó claro que su Gobierno sabe por dónde va y, sobre todo, el objetivo final que persigue, el cambio del modelo productivo en España para que la recuperación económica sea sostenible Juega en contra Superado el ‘susto’ del primer día y con tiempo para reposar lo ocurrido y calibrar su impacto, los dirigentes del PP se entregaron a su vez al férreo cierre de filas. Quizá ayudara el ser conscientes de que el exjefe del Ejecutivo dio a la oposición una artillería que el PSOE, con la portavoz paralamentaria, Soraya Rodríguez, en primera línea de ataque, se apresuró a utilizar el mismo miércoles durante la sesión de control al Gobierno. «Eso juega en contra de los propósitos de Aznar, sean los que sean -dice aún con dudas un alto cargo de la formación conservadora-; solo había que ver las caras de espanto de nuestros diputados».