Diario de León

El Gobierno se refugia en el silencio para no «hacerle el juego» a Bárcenas

El PP niega que los papeles del ex tesorero sean la contabilidad B del partido.

La vicepresidenta general del PSOE, Elena Valenciano.

La vicepresidenta general del PSOE, Elena Valenciano.

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A. Montilla | (colpisa) Madrid

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La defensa ante un enemigo que conoce los puntos débiles del rival encierra gran dificultad, pero si encima se desconoce con qué armas cuenta la tarea es aún más compleja. En esa tesitura se encuentra Mariano Rajoy tras el cambio de estrategia de Luis Bárcenas. El ex tesorero del PP ha pasado de negar ser el autor de una supuesta contabilidad B del partido, que reflejaría una financiación ilegal del PP durante 20 años, a remitirla parcialmente a varios medios de comunicación. Bárcenas estaría dispuesto a ratificar los apuntes contables que reflejan pagos a Mariano Rajoy y al resto de la cúpula del PP ante el juez Pablo Ruz, según fuentes de su entorno.

Rajoy, que se encuentra sereno y volcado en su trabajo de Gobierno, según explica un miembro del Ejecutivo, intenta evitar que el ex tesorero marque la agenda política. Desde la Moncloa lamentan y asumen que pasarán varios meses, si no años, antes de que vuelva la calma a la familia popular.

A segundo plano

Una convulsión que tiene como primera consecuencia que cualquier iniciativa del Gobierno quedará relegada a un segundo o tercer plano a causa del escándalo Bárcenas. Por todo ello, el presidente ha optado por enrocarse en el silencio para evitar «hacerle el juego» al ex tesorero del PP, que amaga con tirar de la manta, pero que en el partido dudan de que lleve a efecto sus amenazas. Fuentes cercanas al jefe del Ejecutivo recuerdan que el 2 de febrero, durante su intervención ante la junta directiva del PP, Rajoy fue contundente al negar que hubiera recibido o repartido dinero negro en el partido o en cualquier otro sitio. «No voy a necesitar más de dos palabras: es falso»; «no he venido a la política a ganar dinero», dijo entonces. Rajoy entiende que sería contraproducente responder a cada movimiento de su antiguo colaborador.

Bárcenas, indica un diputado del PP para justificar que no se entre en su juego, «intenta desviar la intención de lo realmente importante, que es cómo ha logrado amasar una fortuna de más de 30 millones de euros».

Rajoy no tuvo ayer agenda oficial, pero sí buena parte de sus ministros que intentaron capear el temporal de los supuestos pagos en negro al presidente del Gobierno mientras fue ministro de José María Aznar entre 1996 y 2003 remitiéndose al comunicado oficial del partido. En el escrito, el partido reiteró que desconoce dichas anotaciones y su contenido, y no reconoce que se traten de apuntes contables suyos. «La contabilidad del PP a lo largo de todos estos años es única y se ha venido haciendo en los términos previstos por la legislación de partidos políticos y ha sido sometida a la fiscalización del Tribunal de Cuentas».

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ofreció una conferencia en un hotel a la que asistieron sus compañeros de gabinete José Manuel Soria, Ana Pastor, Fátima Báñez, José Ignacio Wert y Jorge Fernández Díaz. El titular de Interior fue el único que habló para decir: «Yo también me remito al comunicado del PP». El resto escurrió el bulto. En la sesión de control al Gobierno en el Senado se reprodujo la situación de silencio. Todos los senadores del PSOE que plantearon preguntas introdujeron alguna alusión en sus preguntas a los pagos de Bárcenas. Todos los ministros interpelados hicieron mutis por el foro.

Ya en los pasillos del Senado, los informadores preguntaron a los ministros si pondría la mano en el fuego por Rajoy. «Yo pongo la mano en el fuego por el aceite de oliva español», fue la sorprendente respuesta del titular de Agricultura, Miguel Arias Cañete. Más ortodoxo fue el titular de Interior: «Pongo absolutamente la mano en el fuego por el presidente Rajoy, es una persona honrada y honesta»; idéntica postura adoptó el ministro de Industria, quien señaló que «absolutamente» pondría la mano en el fuego.

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