Ni recepción ni brindis, no sonó el himno nacional y no hubo honores

Herrera, Cirac, Medrano, Fernández y Chamorro.
Los tres días de luto decretados en Castilla y León modificaron de forma ostensible el acto. Así, no hubo honores de ordenanza para recibir a su alteza real, tampoco sonó el himno nacional y pasó revista a la tropa con un leve sonido de fondo del tambor. Además, durante todo el acto la bandera estuvo izada a media asta en señal de condolencia por las víctimas fallecidas y sus familiares. Asi mismo, también se suspendió la recepción y el brindis que Felipe de Borbón compartía con los nuevos sargentos y sus familias al finalizar la entrega de despachos.
Las víctimas de la tragedia ocurrida en Ávila también estuvieron presentes en el acto de Acción de Gracias que ofició el arzobispo castrense de España, Juan del Río Martín, poco antes de que el Príncipe de Asturias entregara el despacho al sargento número uno de la promoción, Alejandro Polo Lucas, imponiéndole la Cruz al Mérito Aeronáutico. Después, dos sargentos portaron la corona de laurel que se depositó en el monumento situado en la Plaza de Armas en el homenaje a los caídos en acto de servicio, finalizando con la descarga de fusilería y la pasada de una formación de aviones C-101 de la Escuela de Matacán. A continuación, Felipe de Borbón se situó frente a la formación de sargentos y dio la orden de «rompan filas por última vez en esta Academia», orden que fue seguida por el tradicional lanzamiento de gorras al aire. El acto concluyó con el desfile del Escuadrón de Alumnos, precedido por la exhibición de aviones de la Escuela de Matacán. Tras fotografiarse con los nuevos sargentos, dirigirles unas breves palabras y conversar unos minutos con sus familias el Príncipe regresó a Madrid.