Diario de León

Las empresas españolas pendientes de adjudicaciones, a la expectativa

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a. jalón | madrid
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El contrato que se firmó en enero del 2012 entre empresas españolas y el Gobierno de Arabia Saudí para unir La Meca y Medina con alta velocidad no supuso sólo un ingreso de 6.500 millones de euros para las compañías, sino que convirtió a España en líder mundial en tecnología ferroviaria.

Más de un año después de este punto de inflexión, las principales empresas nacionales del sector forman un consorcio para conseguir el contrato que, por valor de más de 13.000 millones de euros, les permita construir la primera línea de alta velocidad en Latinoamérica, la que unirá Río de Janeiro y Sao Paulo, así como explotarla durante cuatro décadas. El éxito español en el área ferroviaria podría verse afectado por el trágico accidente del Alvia en la entrada a Santiago.

El sudeste asiático es una zona en auge, así lo demuestra el proyecto de ampliación del metro de Singapur para unirlo con el de Kuala Lumpur (Malasia), valorado en 40.000 millones de euros, y por el que compiten un equipo de cinco empresas españolas. Rusia tampoco se queda atrás en las proyecciones de infraestructuras y se fijó hace un año en la candidatura de empresas españolas para construir una línea de alta velocidad entre Moscú y San Petersburgo a cambio de 17.000 millones de euros y una posible concesión de 30 años para la gestión de la línea.

La mayor flota

España, con 3.100 kilómetros, dispone de la segunda mayor red del mundo de alta velocidad, sólo por detrás de China, algo que, junto a la experiencia en proyectos como el saudí le otorga al país una gran reputación en tecnología ferroviaria.

El accidente de Santiago podría afectar a la consideración española en el extranjero, y dificultar a las empresas el acceso a los concursos de adjudicación. Los expertos no se atreven a hacer previsiones a largo plazo, pero el catedrático de la escuela superior de ingeniería de la Universidad de Cantabria Enrique Castillo considera que el error humano, de confirmarse como desencadenante del accidente, «no pone en tela de juicio la calidad del sistema». También recuerda que la seguridad del AVE está muy por encima de la de cualquier otro medio de transporte —exceptuando el avión—, si bien «reducir a 0 la probabilidad de accidente es imposible».

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