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Garzón queda en libertad tras admitir ante el juez una posible imprudencia
Entre las medidas cautelares del magistrado está la retirada del pasaporte .

En este coche policial se trasladaba al maquinista del Alvia a los juzgados de Compostela.
Francisco José Garzón, que admitió una imprudencia ante el juez, quedó ayer en libertad con cargos tras permanecer tres días detenido por la Policía. Lo hizo tras responder a las preguntas del titular del Juzgado de Instrucción Número 3 de Santiago, Luis Aláez, encargado de investigar lo ocurrido la fatídica noche del miércoles en la curva de A Grandeira, cuando el Alvia 151 que conducía se salió de la vía y segó la vida de 79 personas. Sobre el maquinista pesa la acusación de homicidio imprudente formulada por la Policía. Hasta ayer el juez había mantenido la imputación del maquinista aunque sin atribuirle un delito concreto. En torno a las 19.30 horas, el juez Aláez entregó el atestado policial, que incluye todas las diligencias, tomas de declaraciones y pruebas periciales recabadas hasta el momento.
Durante los tres días que permaneció arrestado, Garzón se acogió a su derecho a no declarar ante la Policía. Ayer, en cambio, sí accedió a responder a las preguntas que le formuló el magistrado. La declaración de Garzón se prolongó hasta las diez de la noche y a su conclusión el magistrado se inclinó por no enviarlo a prisión. En cualquier caso, como medidas cautelares le impuso la retirada del pasaporte, la prohibición de salir de España y la obligación de presentarse cada semana en el juzgado. Además, le inhabilitó provisionalmente para conducir trenes.
La Policía apuró al máximo el plazo de 72 horas que estipula la ley para que alguien pueda permanecer detenido antes de ser puesto a disposición judicial. Aunque el despliegue policial intento preservar la imagen del detenido, los fotógrafos congregados a las puertas del juzgado lograron sacar imágenes de Garzón. El maquinista, con la mirada oculta tras unas gafas de sol y la cabeza enfocada al suelo, llegó esposado y vistiendo camisa azul y tejanos.
Sus palabras
En contra de Garzón pesan las conversaciones que mantuvo tras el descarrilamiento, en las que reconoció que circulaba a 190 kilómetros por hora en lugar de los 80 permitidos o que si había muertos estos recaerían sobre su conciencia. La prueba principal es, sin embargo, la caja negra, que una vez abierta dará a conocer la velocidad a la que circulaba el convoy. Desde el miércoles permanece bajo custodia policial. En las próximas horas se espera la llegada a Santiago de un técnico especializado en extraer su contenido. En paralelo, la Policía investiga la actividad de los dos móviles que llevaba consigo Garzón para comprobar si los estaba usando antes del accidente. En caso de que así sea esta podría haber sido la causa de la supuesta distracción por la que el maquinista no habría frenado la velocidad del Alvia a tiempo. Aunque la investigación policial se centra en el error humano como causa del accidente, desde el Ministerio del Interior se aseguró que no se descartará ninguna hipótesis como causa del siniestro.