DE LA BURBUJA A LA CALLE. LA DACIÓN EN PAGO COMO SALIDA
Vidas hipotecadas salen del coma
Tres leoneses que han conseguido la dación en pago de su vivienda se enfrentan a un largo proceso de ‘recuperación’ personal y social, sin hipoteca pero sin vivienda y, alguno, arrastrando deudas en forma de préstamo personal.
Toño con el documento notarial de la dación en pago de su piso que firmó en el mes de abril. Desde entonces está «en la calle», asegura.
Cuatro mil personas se han quedado sin vivienda durante la crisis en León. La burbuja inmobiliaria enriqueció a unos pocos y su pinchazo fue un ladrillazo en la vida de mucha gente. Algunas personas, como Toño, empiezan a salir del coma. Pero la hipoteca que ha zanjado ha hipotecado su vida.
Este jardinero leonés consiguió la dación en pago de su vivienda para librarse de una deuda de 139.219 euros, de los cuales 85.840 euros eran capital y el resto intereses. La financiera UCI, del Banco de Santander, ya había vendido el piso nuevo «a mitad de precio», alega.
«La dación ha sido una oportunidad en mi vida como no he tenido otra: como si hubiera salido del coma después de un accidente», admite. Antes de firmarla ante el notario, el pasado 16 de abril, pasó por un calvario, «sin dormir, sin descansar». Ahora tampoco tiene un panorama muy halagüeño: sin trabajo, sin casa... En la calle.
«Hace cinco meses que espero la renta garantizada y estoy pendiente de un alquiler social, pero dicen que no hay pisos; haber, hay, pero no los dan», lamenta. Tiene 38 años y es jardinero. Trabaja desde los 18 y en el año 2003 decidió comprarse un piso pequeño y antiguo. Con el boom inmobiliario, cuatro años después, en 2007, se planteó comprar un piso nuevo. «La idea era vender el antiguo y me dieron una hipoteca puente con un plazo de dos años para venderlo», explica.
Pero comprar el piso nuevo y quedarse sin trabajo fue todo uno. Negoció con la financiera una rebaja del pago mensual de la hipoteca. «Pagaba 500 euros y me lo dejaron en 300 para poder asumirlo con lo que cobraba de paro. No dejé pagar», explica. De hecho, sólo le reclamaron 1.105, 21 euros de impagos.
Lo que no sabía es que sólo pagaba «intereses de intereses y cada día debía más». Así estuvo durante dos años: «Me tuvieron engañados y gracias que un profesor me advirtió: Muévele rápido porque cada día estás debiendo más». Inmediatamente, se puso en contacto con Stop Desahucios de León. Fue la segunda persona que acudió a la asociación fundada en León en enero de este año. «Si no conseguía la dación en pago me quitaban los dos pisos y la casa de mis padres, que eran mis avalistas», agrega.
«Eché las cuentas y podía con los dos, pero me pilló la crisis de lleno», alega Toño. Desde entonces no ha conseguido un contrato de trabajo. Es de los parados que no figuran en las listas del desempleo porque está fuera del paraguas de todas las prestaciones. «Pasar por este trance es indigno, quedarse de tu casa te desubica de tu vida: tengo 38 años y estoy perdido», concluye.
Lo más duro fue cuando la financiera se acogía a su condición de empresa extranjera para no cumplir la ley. Finalmente, en el documento notarial el precio de la dación de inmueble se fijó de común acuerdo en 57.357,76 euros, casi una tercera parte de lo que le reclamaban, para cancelar la totalidad de la deuda.
Sobre el papel la que pierde es la financiera. «La entidad de crédito asume el quebranto generado entre el mayor importe de la deuda y el actual valor del inmueble hipotecario cedido». En la práctica, Toño ha perdido las dos viviendas, la de 75 metros cuadrados y la de 30 metros cuadrados, y el dinero que pagó durante los últimos diez años de su vida. «Mis padres me han desheredado y ahora soy una carga para todo el mundo. A lo máximo que puedo aspirar es a compartir habitación: estoy en una situación jodida y es ahora cuando la administración debería ayudarme», pide Toño.
‘Me han sangrado’
David firmó la dación en pago de su vivienda el 28 de agosto de 2013. No fue el mejor día de su vida, quizá uno de los peores. Todo empezó en el 2007. Compró con su esposa una vivienda por 152.000 euros. Para pagarlo pidieron una hipoteca a 30 años con el Banco Popular. «Pedí el 80% aunque me dijeron que me iban a dar el 100%, mis padres eran los avalistas», explica.
«El problema es que no me dieron el 100%: la hipoteca era de 109.000 euros y 13.000 euros me lo metieron como un préstamo personal. Y con ello me metieron un plan de pensiones, una tarjeta, un seguro de vivienda y un seguro de hipoteca», agrega.
En 2012 se queda sin trabajo y empieza a tener problemas para pagar. El suelo de la hipoteca era del 4%, pero «nunca quisieron negociarlo», lamenta. Cuando lo intentó no pudo salir más decepcionado: «Nunca me sentí tan mal. Has firmado, me dijeron, que era como decirme eres un pobre hombre».
Llegó un momento en que decidió que más importante que la hipoteca era sus hijos. «No podía seguir sacrificando a los niños y decidí dejar de pagar. Me puse en contacto con Stop Desahucios porque la situación era insostenible», alega.
En seis años, su piso pasó de tener un valor de 150.000 euros a 88.400 en la tasación efectuada para el proceso de dación en pago. Con el valor de la vivienda era imposible cubrir el importe de la deuda. «Me dijeron que lo aceptaban por el valor de tasación y el resto lo ponían en un préstamo personal. «Se han quedado con el piso por un precio irrisorio y yo he perdido más de 70.000 euros. Esto no es pillar. Es sangrar», denuncia.
El día que llegó a firmar la dación en pago al notario tuvo que esperar más de dos horas con sus padres y su esposa. El préstamo ascendía a 27.500 euros, cuatro mil euros más de lo que, asegura, habían pactado verbalmente. David, aunque no contento, salió del despacho del despacho «convencido de que estaba todo liquidado». Pero a la semana siguiente le llaman del banco amenazando con acciones legales por la deuda de la tarjeta de crédito.
«Tengo la vida destrozada», afirma por teléfono desde Benavente. Tras un año y medio en el paro consiguió trabajo en las obras de la A-66. Es jefe de equipo y cobra 950 euros al mes, un salario por el que no hubiera trabajado hace dos años. Tiene que pagar gas oil y piso»..
«Me quedan 500 euros y 334 son para la letra del préstamo más lo que debo de la tarjeta. No sé lo que voy a hacer. He tenido una vida muy dura y he asumido que cuando me equivoco, pago por ello. Alguien tendrá que pagar por lo mío. Voy a estar 10 años sacrificado para no tener nada», advierte.
Salvando al marido
Olvido no puede pensar en el futuro. «Los dos últimos meses de mi vida han sido terribles: mi marido se intentó suicidar y ha estado dos meses en el hospital», relata. Hace cuatro años que no paga las cuotas de la hipoteca que firmó en 2005 para vivir en un chalé adosado de La Virgen del Camino. El marido, expulsado de la Guardia Civil, se quedó sin trabajo y sin sueldo. «Cuando te expulsan no tienes nada», afirma. Olvido hizo un curso de geriatría y empezó a trabajar en una residencia de ancianos. También perdió el trabajo.
Hasta febrero estuvieron malviviendo con la ayuda de 426 euros, con los alimentos de Cruz Roja y de los padres Capuchinos. «He colaborado con Cáritas y he vendido las joyas que tenía de mi abuela, pero el invierno pasado no podíamos poner la calefacción. Con la nevera vacía, sin teléfono y con problemas con la familia porque llega un momento en que ya no te pueden ayudar más», aplica.
Cuando le llega el aviso de que su piso sale a subasta en los juzgados le aconsejan ponerse en contacto con Stop Desahucios. Caja España (ahora Banco Ceiss) está dispuesta a firmar la dación en pago, pero tiene que ponerse al día en el pago de la comunidad de propietarios. Debe 1.800 euros y está a la espera de una ayuda de la Junta para firmar la dación en pago.
Ha solicitado un alquiler social, pero los pisos que le han ofrecido no se ajustan a sus necesidades. «Ahora tengo un trabajo en León y no puedo pagar los gastos de desplazamiento con los 600 euros que gano», afirma Olvido.
Son seis horas de jornada y el mismo sueldo que cobraba en 1992 como secretaria en Madrid. Por el trabajo de su marido vivió en Guatemala y en Colombia. «Vi mucha miseria y nunca pensé que en España llegáramos a ésto», explica.
«Ahora lo importante es que mi marido salga adelante», añade. Su relación no pasa por los mejores momentos pero se ha visto en el deber de atender: «Esta situación ha desgastado mi matrimonio, mi familia. Mis sobrinos son mi motor. Soy optimista y pienso que saldremos», concluye.
Moratoria de cinco años
Mª Jesús de la Fuente es de las pocas personas que dan la cara y salen a la calle: «Tengo tres hijos y les digo que tenemos que ir con la cabeza alta. Pero la gente tiene miedo y vergüenza. Y los pocos que se acercan a nosotros son gente mayor». Hace 17 meses que no paga la hipoteca y no sabe lo que debe: «Cuando dejas de pagar no te mandan información». Vive de la ayuda social y familiar ha solicitado una moratoria de cinco años para volver a empezar a pagar la hipoteca. También espera un alquiler social.