Diario de León

El príncipe ensaya el papel de rey

Llama a celebrar la «historia milenaria» de España con un brindis solicitado por el rey. Preside un 12 de octubre marcado por la tensión independentista en Cataluña.

La reina y la infanta Elena aplauden al príncipe de Asturias, junto a doña Letizia, tras su discurso del 12 de Octubre.

La reina y la infanta Elena aplauden al príncipe de Asturias, junto a doña Letizia, tras su discurso del 12 de Octubre.

Publicado por
Paula de Las Heras | madrid
León

Creado:

Actualizado:

El Príncipe de Asturias no es aún jefe del Estado y había que dejarlo claro. Don Juan Carlos pidió a su heredero que aprovechara la tradicional recepción del 12 de octubre en el Palacio Real, la primera de su reinado en la que no pudo estar presente, para decir unas palabras en su nombre.

No es habitual que el monarca pronuncie discurso alguno durante los actos de la Fiesta Nacional, pero tampoco la situación actual —la de la Corona y la de la política española, con la reivindicación independentista de Cataluña en plena efervescencia— lo es. Y el rey no quería estar ausente pese a su baja. «Hoy es un día para celebrar lo que nos une, recordar nuestra historia milenaria y lo que hemos construido juntos», trasladó don Felipe durante un inusual brindis, que abrió el cóctel posterior en los salones palaciegos.

Don Juan Carlos, al que esperan aún varios meses de baja actividad debido a su cuarta operación de cadera, es plenamente consciente de que su regreso al quirófano, ha vuelto a agitar el debate sobre su sucesión.

Todos los pasos dados tanto por la Casa del Rey como por el Gobierno —que por temor a abrir un debate con las fuerzas republicanas rechaza incluso llevar al Parlamento un Estatuto del Heredero que permita definir sus atribuciones en momentos como este— han estado encaminados, de hecho, a revestir de normalidad los acontecimientos y aplacar cualquier rumor que haga pensar que efectivamente el rey prepara su marcha. Eso explica, en cierto modo, su interés en pronunciar un discurso, siquiera por persona interpuesta, en una jornada en la que don Felipe fue el gran protagonista.

El rey virtual

Fue su modo de decir que sigue ahí, pese a tener que presenciar los actos de una jornada tan significativa por televisión, como cualquier ciudadano de a pie. No sale del palacio de la Zarzuela, pero mantiene sus despachos con el presidente del Gobierno y, según dejan traslucir sus palabras, sigue con preocupación el devenir del debate político en Cataluña.

«Si lo que nos une es mucho, mucho más es lo que cada día seguirá estrechando nuestros vínculos con la comunidad internacional. España, con la Corona a su servicio, continuará trabajando siempre para garantizar ese porvenir, superando cualquier dificultad», dijo.

La presencia virtual de don Juan Carlos en los actos de la Fiesta Nacional no evitó, en todo caso, que todos los ojos se posaran en la actuación de el Príncipe de Asturias, que por primera vez presidió el desfile militar que cada año, desde 1987, discurre por el centro de Madrid.

Una jornada «extraña»

Él mismo admitió después, en una charla informal con periodistas, haber vivido la jornada como algo «especial» e incluso «extraño». Tan extraño que, de no haber sido por una ordenanza, aprobada de forma casi inadvertida en el 2010 por la entonces ministra de Defensa, Carme Chacón, quizá no habría sido posible. Aquel texto modificó el Reglamento de Honores Militares que rige el modo en que las Fuerzas Armadas homenajean y manifiestan su respeto a Rey, a los símbolos nacionales y a determinadas personalidades y mandos militares -el jefe del Estado Mayor de la Defensa y los de los tres Ejércitos- para incluir en el listado «a quienes, como consortes, tengan la dignidad de Princesa o Príncipe de Asturias».

El heredero aprueba

Así se arregló la disfunción que provocaba la graduación inferior del Heredero con respecto a los mandos de los Ejércitos en aquellos eventos en los que el jefe de las Fuerzas Armadas no estuviera presente, ya que don Felipe es teniente coronel. Los honores que cabe rendir al heredero, en todo caso, son diferentes a los del jefe del Estado. Las banderas que portaron las grandes unidades militares no respondieron al saludo castrense del príncipe, ya que sólo lo hacen ante el monarca, se interpretó una versión más corta del himno nacional —20 segundos, frente a los 52 establecidos para el Jefe del Estado— y se rebajó de 21 a 19 el número de cañonazos y de siete a cinco los gritos de «viva España».

Son cuestiones de protocolo en las que pocos repararon. El análisis era otro. «Venía con la duda de cómo podría resultar todo -—dmitía a su salida del Palacio Real una ex ministra habitual en la recepción ofrecida por el Monarca cada 12 de octubre— y creo que lo han resuelto muy bien».

No muchas más entre las personalidades invitadas al Palacio de Oriente se atrevieron a hablar del asunto con tanta naturalidad. Ni el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ni la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, quisieron emitir juicio alguno. Y al líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, sólo se le pudo arrancar un comentario sobre el brindis de don Felipe: «una innovación afortunada», dijo.

En todos los frentes, porque hay interés en mantener el blindaje sobre una institución clave para el actual sistema democrático y cuya imagen ha sufrido un serio deterioro en los últimos años,

tracking