Diario de León
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Opinión | José Miguel Blanco

El presidente Rajoy, ha querido dejar bien claro que no va protagonizar ninguna componenda con Cataluña ni va a cambiar «ningún cromo» ante la situación que se vive en esa comunidad por las aspiraciones independentistas. Pero si sus palabras no le sitúan precisamente cerca de los postulados del partido de Artur Mas, sus hechos le han acercado a una de las frases que lleva en su bagaje el expresidente catalán Jordi Pujol: «Eso no toca». No lo ha repetido textualmente, pero es lo que Rajoy ha venido a decir en el Comité Ejecutivo Nacional del PP a todos los que consideran que es hora de abordar ya el nuevo sistema de financiación autonómica, y, especialmente, a los que están defendiendo esa tesis dentro de su partido con el presidente madrileño, Ignacio González, a la cabeza.

González, heredero de una forma de gobernar como la que llevó a cabo Esperanza Aguirre, no quiere quedar a la zaga de las reivindicaciones de su antecesora y está alzando la voz en su propio partido en defensa de lo que asegura que son los intereses de los madrileños. Un reparto del déficit que considera que perjudica a Madrid, una queja por la tardanza del Gobierno central en tomar decisiones que pueden poner en peligro el proyecto de Eurovegas... y ahora un golpe en la mesa sobre el momento en que debe abordarse el nuevo sistema de financiación autonómica.

Le ha dicho cara a cara a Rajoy que lo haga ya, y el presidente le ha contestado ese «no toca» porque hay que esperar aún a que mejore la situación económica y si las previsiones se cumplen, abordarlo en el segundo semestre del próximo año con las arcas del Estado más saneadas.

Primero hay que publicar las balanzas fiscales (un hecho que barones del PP como el extremeño José Antonio Monago han alertado de que puede provocar distorsiones), después acordar el nuevo sistema tributario y, por último, decidir la nueva financiación autonómica.

Con la economía mejorando y certificando Rajoy que la recesión ya es historia y ahora llega el desafío de dejar atrás la crisis, el presidente no quiere que el debate sobre la nueva financiación se convierta en una china en el zapato popular. Quien ha contribuido a sus deseos ha sido la máxima responsable del partido en Cataluña, Alicia Sánchez Camacho. Después de comprobar la pasada semana cómo la cúpula del PP decía no a su propuesta de reconocer una singularidad para Cataluña en el futuro modelo de financiación, ha dicho a todos sus compañeros que su único objetivo es la solidaridad que algunos (léase la Generalitat catalana) quieren poner en peligro.

Ese es el mensaje que la dirección popular, sin interferencias, quiere trasladar. Se trata de una idea que todos han compartido.

Pero en el plazo de un año tendrá que estar perfilándose ya el modelo definitivo. El debate, y los escarceos, no han hecho más que empezar.

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