Rajoy exige el mismo consenso de 1978 para iniciar una reforma constitucional
El presidente admite contactos con Rubalcaba, quien insta a sentarse a negociar.

El presidente del Gobierno durante el acto central del Día de la Constitución.
Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba analizan desde hace meses la idoneidad de acometer una sustancial reforma de la Constitución española, que ayer cumplió 35 años.
Pese a los contactos, que confirmaron tanto el presidente del Gobierno como el secretario general del PSOE, las posiciones entre ambos están tan alejadas que ni siquiera logran un acuerdo de mínimos para iniciar una ronda de contactos.
Rajoy aseguró que no se cierra en banda a negociar una modificación de la Carta Magna, pero pone dos condiciones previas que se antojan imposibles en el actual momento político: lograr el mismo grado de consenso que alumbró el articulado de 1978 y la máxima concreción sobre los temas a remozar. Sin estas premisas, el Gobierno no dará un solo paso. «Hay que saber para qué queremos reformar la Constitución y con quién contamos», comentó el jefe del Ejecutivo en una conversación informal.
Sin embargo, es la primera vez que Rajoy deja abierta la posibilidad de abrir el melón de la reforma constitucional, pero se trata de una rendija muy pequeña. CiU, por ejemplo, votó a favor en 1978 de la actual Constitución pero no aceptaría apoyar un nuevo texto si no se incluyen aspectos como el derecho a decidir del pueblo catalán. Y tanto el Gobierno como el PP tienen claro que los artículos 1 y 2, en los que se establece la unidad de España, son innegociables.
Rajoy, además, declaró que considera un sinsentido intentar variar la Constitución para dar cabida a grupos que no quieren formar parte del proyecto común de España, en clara alusión a Convergencia y ERC, que han planteado abiertamente la segregación de Cataluña.
Alfredo Pérez Rubalcaba se mostró ayer muy satisfecho porque cree que su insistencia y la de su partido han colocado en el centro de la vida parlamentaria la urgencia de una reforma federal de la Constitución que dé solución a las tensiones territoriales, especialmente en Cataluña, y alumbre «el nuevo proyecto común y compartido» que precisa España para progresar en las próximas décadas.
Rubalcaba está de acuerdo con el PP en que los cambios en la Constitución tienen que ser concretos, meditados y limitados, y que no cabe abordar transformación alguna si no existe un muy amplio consenso político que la respalde. Pero rechaza que, como hacen muchos dirigentes populares, se descarte la idea a priori por falta de acuerdo sin siquiera haberlo intentado, sin haberse sentado en una mesa a hablar las principales fuerzas políticas, que cree que es lo que hay que hacer ya.