Diario de León

Entre el tajo y el bombo

Un minero jubilado o una leonesa residente en Asturias se unen al público que abarrota el salón del Teatro Real y que cada año genera imágenes inesperadas.

Felipe Rodríguez, jubilado de las minas de talco de Lillo lleva 39 años asistiendo en directo al sorteo.

Felipe Rodríguez, jubilado de las minas de talco de Lillo lleva 39 años asistiendo en directo al sorteo.

Publicado por
PACHO RODRÍGUEZ | MADRID
León

Creado:

Actualizado:

Cuando la suerte aún no es de nadie todo son sonrisas, aunque sean sonrisas congeladas, maduradas durante toda una noche rodeando el Teatro Real por la calle Carlos III.

Es Madrid y hace frío. Pasan toda una noche esperando en la cola que da permiso por riguroso orden de llegada a asistir al sorteo más famoso de España. El de la Navidad, el del día 22. Y el de esa canción, ahora también célebre, en la que, según dicen, Raphael acaba poniendo una bombilla que es toda una premonición.

Por eso, cuando la fortuna aún no es de nadie todo son caras de protagonistas de la suerte. Y así esperan en la helada pared del Teatro Real, muchos de ellos ataviados con lo que sea, para ver si son capaces de atraer a la diosa fortuna o, por qué no, a alguna cámara que les saque en el telediario y los vean en el barrio o en el pueblo.

«Todo el mundo se merece un minuto de gloria», dice un joven —la media de edad de este evento no es, como se podría suponer, precisamente alta— que espera en la fila. «Venga, anda, sácanos un poco», le insiste a una periodista de Antena 3 que rastrea personajes peculiares de los muchos que hay en este acontecimiento que comienza de madrugada, y, para muchos, el dia anterior.

Algo de todo eso: superstición, curiosidad, pasión lotera, mucho morro en algunos... lleva a que haya gente que desde la noche anterior haga cola, se desplace desde lugares lejanos, o repita durante años en un sorteo que es ingrediente imprescindible de la Navidad española. Por ejemplo, Carmen Blanco, una leonesa que quiere ver en directo cómo se forma ese tsunami que inunda de dinero la geografía española, aunque la mayoría solo lo veamos pasar. Llega acompañada de su pareja, un asturiano de Gijón: «Siempre he querido venir a ver cómo es. Siempre decíamos: un año vamos. Y aquí estamos», comenta Carmen desde una confortable butaca después de pasarse desde las 12 de la noche de ayer ocho horas esperando para entrar. Lo que evidencia tanta pasión que lleva a Blanco a confesar: «No pienso en que me toque, me conformo con estar», asegura.

Del norte también es uno de los personajes más peculiares que se vieron ayer. Y no era por ir disfrazado. Si no porque aquí estamos ante un veterano de la suerte y de la mina. Felipe Rodríguez, de Cofiñal, solo da noticias: 39 años seguidos asistiendo al sorteo, jubilado de las minas de talco de Lillo, se juega la friolera de 1.200 euros.

Y si le toca: «Lo reparto con los vecinos y con mi familia», cuenta este personaje voluntario que, además, pasa la Nochebuena en Madrid con su hermano y su familia, y desea con todas sus fuerzas darles una satisfacción.

El leonés Rodríguez se posicionó en la plaza de Ópera a eso de las 21 horas del 21 de diciembre. Un profesional. Y desde entonces a esperar en los primeros puestos de la fila: «Si acaba en 84, puede ser el mío. Vengo desde los 23 años y tengo 62», insiste ataviado con un gorro y una bufanda de La Roja. Felipe Rodríguez, este entusiasta de la Lotería Nacional, ya se desenvuelve como una estrella del sorteo, y aunque se juega lo suyo lo lleva con humor, y también piensa en que la Nochebuena está próxima, y que la pasará en Fuenlabrada para volver a su querido Cofiñal, con o sin premio. Felipe resulta un personaje navideño cien por cien, junto a unos amigos que derivan en él toda declaración.

Comienza la rutina de los números cantados por los niños de San Ildefonso. Muchos con sus billetes o décimos en la mano. Algún periodista resulta más excéntrico que el público protagonista. Y eso que hay un tuno (¿?), tres alicantinos vestidos de época (que se quedan en la calle), una familia con niños incluidos, unas señoras de Móstoles de la peña Huesca que si no salen en la foto se mueren, una pareja de jóvenes que se besan y se van, gente con pelucas de España, disfraces difíciles de entender, gorros de todo tipo... En general, buen humor. Gente que va y que viene y que parece tener claro que la suerte gratis es la que no toca.

tracking