Diario de León

El 'SECTOR REFUGIO'

El campo tira del carro

Las incorporaciones de jóvenes a la agricultura y la ganadería se han triplicado en León en los dos últimos años: la crisis y las ayudas reavivan un sector ‘refugio’

Rubén con el tractor en Los Oteros

Rubén con el tractor en Los Oteros

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Ana Gaitero | Los Oteros-Carrocera
León

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¿Qué queréis ser de mayores, niños?, preguntaban los frailes capuchinos en las escuelas de los Oteros y el Bajo Esla. Los críos tenían aprendida la lección y respondían ceremoniosos: «Misioneros». Los frailes insistían y los chicos añadían dócilmente: «Misioneros Franciscanos». Por tercera vez, repetían la pregunta y oían, por fin, la cantinela deseada: «Misioneros Franciscanos Capuchinos».

Salir del pueblo, dejar el campo, era casi mandato divino. Muchos misioneros y monjas dio León. Funcionarios de prisiones, de Correos, maestros y maestras... obreros para la industria, chicas para ‘servir’. Fueron tiempos de emigración. Ahora se clama por la vuelta de la juventud al campo. «Los hijos de agricultores y ganaderos tienen la oportunidad de labrarse un futuro digno y un modo de vida. El campo no se acaba, es atractivo», afirma Fidentino Reyero, jefe del servicio territorial de Agricultura y Ganadería de la Junta en León.

En la última década un total de 576 jóvenes se han incorporado a la actividad agraria y ganadera en León. Más del 40% (268) lo han hecho en los dos últimos años cuyas cifras han triplicado a los anteriores. Un total de 128 personas en el 2012 y otras 140 en el 2013 han roto una tendencia estable de entre 40 y 60 nuevas incorporaciones al año.

La crisis económica y las ayudas a la inversión —más de 20 millones de euros en León en los dos últimos años— son el aliciente de lo que apunta como un cambio de tendencia. León es la provincia que encabeza el número de nuevos agricultores y ganaderos en la Comunidad en estos dos últimos años. «El campo es un sector refugio en tiempos de crisis para gente que tiene algún enlace y las ayudas son muy importantes», admite Miguel Ángel Martínez, técnico de Ugal.

Los jóvenes —hasta el límite de los 40 años— tiene derecho a una ayuda de 31.000 euros a fondo perdido, con un 10% más si han hecho el curso de formación y otro 10% a mayores para aquellas personas que se instalen en zonas de montaña. Hay otra ayuda a una inversión de 100.000 euros de hasta el 60% para los jóvenes. «Para una inversión de 131.000 euros las ayudas pueden alcanzar los 90.000 euros», apunta Martínez.

Para José Antonio Turrado, secretario regional de Asaja, la ayuda pública no lo es todo. «Es importante que el joven entre con ganas, ilusión y cierta vocación, que le guste el campo. No es bueno que se haga porque no hay otras opciones y además del Estado tiene que ayudar la familia y los bancos ofrecer créditos en condiciones accesibles», subraya.

Las organizaciones agrarias constatan la atracción por el campo en el aumento de peticiones para participar en los cursos de formación. Desde hace tres años la demanda se ha disparado: de los 25 que se formaban anteriormente en Ugal-Upa y en Asaja a más de un centenar de ahora. Son cursos que los jóvenes que se imparten por 200 o 300 euros y los jóvenes se pagan.

La última convocatoria de ayudas a la instalación de jóvenes en el sector agrario es del 2012. La consejera Silvia Clemente ha prometido que este año habrá convocatoria y se espera para mayo. «Habrá una avalancha de solicitudes», pronostica Turrado.

Las ayudas a la incorporación están garantizas en el 2015 con la nueva PAC (Política Agraria Común). En la Comunidad, la ley Agraria de Castilla y León «le va a dar un impulso mayor y mayores facilidades», agrega Reyero. Se sustenta en el «carácter estratégico del sector agrario y agroalimentario para la economía de la Comunidad» y en el «reconocimiento de la importancia que la actividad agraria tiene en el desarrollo socioeconómico y ambiental» y en el mantenimiento del mundo rural.

El objetivo de rejuvenecer el campo —la media de edad de la gente es activo es de 55 años— y dar alternativas al medio rural es una tarea titánica pero se espera que las condiciones actuales y el panorama de la próxima PAC lo favorezca. «Hace falta ser competitivos y en León tenemos la ventaja de contar con los regadíos», apunta Turrado.

El responsable de Asaja habla por teléfono mientras regresa con un grupo de jóvenes en formación para nuevas incorporaciones de las instalaciones de John Deere en Madrid. Echa en falta «un poco más de vocación» hacia el sector ganadero y la agricultura intensiva (hortalizas, frutas) que tienen más valor añadido.

La tradición familiar pesa y es indispensable: «Empezar de cero en el campo es complicado», afirma Héctor Alonso Romo, de 22 años, es de Velilla de los Oteros y ya lleva más de tres años en activo en el campo. Hizo un módulo de Mecánica en el instituto de Valencia de Don Juan pero el tractor le gustaba desde niño para conducirlo, no para arreglarlo. Acaba de invertir 80.000 euros en un New Holland. «El tractor hace el 90% del trabajo pero en la temporada fuerte, desde ahora hasta septiembre, te pasas entre 12 y 14 horas diarias en él», explica.

Arar, gradar, sembrar, abonar, sulfatar... casi todo menos cosechar y quitar y poner lluvia (el regadío), se realiza con el tractor en estas tierras de cultivos extensivos que se riegan con los nuevos regadíos de la margen izquierda del Porma. «Llevamos seis años con el regadío. Da muchos gastos pero ahorra trabajo y eleva las producciones», apostilla.

El joven cultiva 30 hectáreas de regadío y otras 30 de secano, todas en renta y algunos viñedos de nueva plantación, herencia de sus abuelos. Las tierras que está arando para la próxima siembra antiguamente fueron barcillares. La viña da mucho trabajo y la uva se paga mal, se queja. Tampoco es muy halagüeño el panorama de los cereales: «Están a bajo precio y el abono, el sulfato y el gas oil se suben a la parra», explica.

Con este panorama no es extraño, dice, que cada vez haya menos ganaderos. Héctor ya cobró la ayuda a la incorporación, pero su amigo Rubén Muelas Melón, de Gigosos de los Oteros, está a la espera despúes de dos años en activo. La genealogía de este joven de 22 años hunde sus raíces en la labranza.

«Nuestros abuelos trabajaban juntos», apunta Héctor y Rubén. «No me gustaba estudiar y me decidí a quedarme aunque mi padre no quería», explica. Los dos jóvenes hicieron el curso al mismo tiempo en Ugal-Upa. Héctor se incorporó de inmediato, pero Rubén tuvo que esperar porque no había fincas disponibles.

La nueva Ley Agraria crea un Fondo de Tierras Disponibles de Castilla y León con parcelas de agricultores que hayan optado a la prejubilación, si lo solicitan, y con las masas comunes y fincas sobrantes de concentración parcelaria. Los jóvenes tienen prioridad en la reserva nacional de tierras de la PAC y el 2% de las ayudas de la nueva Política Agraria Común está destinada directamente a las nuevas incorporaciones.

El pago de las rentas, 200 euros por hectárea, 3.000 euros para el amueblamiento de regadíos, y los complementos para el tractor, 15.000 euros un arado, son inversiones añadidas. Los jóvenes señalan el importante papel que tiene la cooperativa de Ucogal. «Sabes que cobras», subrayan. La cosechadora de remolacha, de la cooperativa, todavía está en plena acción. La cosecha viene retrasada por el lluvioso invierno.

Héctor y Rubén piden que «el producto valga lo que tenga que valer», más agilidad de la Junta para las ayudas y que las ayudas de la PAC sean sólo para agricultores y ganaderos a título principal. Ya bastante tienen con la incertidumbre de la meteorología. «Vamos a sembrar la remolacha de este año y si hace frío no nacerá», explican.

Faltan mujeres

La incorporación de mujeres a la actividad agraria es otro de los objetivos de la nueva ley. Sin mujeres no hay pueblos. En los cursos de formación más del 75% de participantes son hombres. «Necesitamos jóvenes y mujeres que tengan por delante 30 años de vida laboral», recalca Reyero.

Patricia Verdugo Álvarez es una de las pocas mujeres que han optado por el campo. Tiene 31 años y toda su vida trabajo en el sector del comercio y en Madrid, donde nació aunque su familia es oriunda de la zona de La Magdalena.

Su aterrizaje en el campo, como ganadera, se debe a su marido. Rubén Fernández Caballero es ingeniero industrial y es uno de los jóvenes que cambió la emigración por el retorno al mundo rural. Estuvo un año en Alemania y finalmente optó por continuar con la tradición ganadera de su familia.Patricia y Rubén se formaron y hace tres meses consiguieron dar de alta su explotación ganadera de vacas y cabras en régimen de titularidad compartida. Agrorrupa se dedica al pastoreo en extensivo de una cabaña de 60 vacas y 170 cabras. «El ganado en extensivo es más fácil porque no hay que darles de comer. Hay que cogerlas para sanear, destetar... a veces hay problemas en el parto y hay que ayudarlas», explica. Peor que el cuidado del ganado, manifiesta, es la burocracia. Dar de alta una explotación de titularidad compartida lleva mucho papeleo. Espera que lo mejoren por quienes vienen detrás. La ayuda y el apoyo de Asaja ha sido crucial en su proyecto.

Todavía no han cobrado la ayuda. Son de los que están a la espera de que salga la próxima convocatoria. Tienen que afrontar una inversión de casi 150.000 euros y recibirán unos 74.000 euros a fondo perdido si todo sale como está planeado. Mientras tanto, comenta, «te tienes que buscar la vida».

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