Diario de León
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SONIA LÓPEZ | Madrid
León

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Además del dolor por la pérdida, en la capilla ardiente de Adolfo Suárez instalada en el Congreso se respiraba el orgullo por el legado que deja, ese espíritu de consenso al que todos rinden reconocimiento, especialmente quienes recorrieron junto a él ese camino hacia la democracia.

Un camino en el que siempre tuvo a su lado al ex ministro y ex presidente del Congreso Landelino Lavilla que ayer fue a la Cámara Baja a despedirse de un hombre con quien no rompió su relación ni siquiera durante el proceso de la enfermedad que le robó la memoria y al que recordó como un presidente «más cabal de lo que nadie pueda pensar».

Apenado pero orgulloso de haber participado con Suárez en ese periodo, Lavilla confesó un «desgarramiento» similar al que tuvo cuando Adolfo Suárez Illana le contó las consecuencias y el deterioro que supondría para su padre la enfermedad neurológica que padecía.

Pero «las figuras históricas no desaparecen nunca», son «permanentes», y eso es lo que quiso trasmitir uno de los padres de la Constitución, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, tras dar el pésame a su familia.

«Ay de los pueblos que no reconocen» a sus figuras históricas», advirtió Herrero, que destacó de Suárez su capacidad de fraguar un gran consenso nacional para esa «tarea histórica» que fue abrir las puertas de España a la democracia.

Para Suárez se abrió ayer la Puerta de los Leones, y por ella pasó también otro de los padres de la Constitución, José Pedro Pérez-Llorca, quien sólo lamentó que este reconocimiento no haya llegado antes.

«Generoso, valiente, inteligente y decidido». Así era Suárez, según Pérez Llorca, que recordó ese trabajo «nocturno» del ex presidente ocupado en una «misión clarísima», que no abandonó en ningún momento: la transformación de un país que salía de una dictadura y entraba en la democracia.

La emoción que a todos embargaba al hablar de Suárez se vió también en el rostro de quien fuera uno de sus ministros, Mayor Zaragoza, para quien el mejor homenaje es imitar al ex presidente que apostó por el pluralismo político, la legalización del PCE y la Constitución.

No fueron muchas las políticas que acompañaron a Suárez en esa trayectoria —una decena de diputadas y unas cinco senadoras— pero entre ellas estaba la defensora del pueblo, Soledad Becerril, que recordó cómo todas le asaltaban para acabar con las discriminaciones en la legislación. Y lo lograron porque Suárez fue «muy sensible hacia la condición de la mujer».

Y así se fueron despidiendo de Adolfo Suárez, con gratitud y sencillez. El hombre al que le bastaba de pa una tortilla francesa y un café con leche para seguir trabajando.

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