Diario de León

La campechanía inédita de don Juan Carlos en León

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Opinión | José-Magín González Gullón

Periodista-Jefe de protocolo municipal en la visita de los Reyes a León

De todos es sabido el carácter cordial, espontáneo y desenfadado que caracteriza a nuestro monarca y con el que tantos afectos y simpatias se ha ganado en España y en cuantos paises ha visitado. En los viajes realizados a León, muchos y por variados motivos, también dejó constancia de ello, suficiente como para completar todo un anecdotario.

Su primera visita a nuestra ciudad, acompañado por doña Sofía, fue siendo aún Príncipes de España y jovencísimos recién casados. Se hospedaron en el Hostal de San Marcos, donde tuve ocasión de ser distinguido para grabarle en exclusiva para Radio León unas palabras de agradecimiento y despedida al pueblo leonés. Me preguntaron por todo cuanto hacíamos la juventud leonesa, salidas, vida nocturna, alternes. E iniciamos la grabación del mensaje previamente redactado. La primera vez se confundió en dos ocasiones por los que hubimos de repetir el intento. A la segunda, tras caer en el mismo error, no pareció decidido a un nuevo intento y solicitó mi opinión profesional, convencido de que no iba a contradecirle. Pero doña Sofía, hasta entonces callada y divertida, dijo que repitiéramos la grabación y que de ninguna manera podía radiarse un mensaje con esos fallos en la pronunciación. Mantuvieron un intercambio de opiniones, que el periodista presenció tan silencioso como nervioso, hasta que, repetida la grabación, a la tercera fue la vencida.

En otra ocasión, ya como Rey, asistiendo en el Campo de Tiro del Teleno a unas maniobras militares, y tras comerse con envidiable apetito el bocadillo de sardinas que se ofrecía a los asistentes, se dirigió sonriendo a los mandos militares que le acompañaban disculpándose para ir a ver por su parte trasera, y con urgencia, una de las tiendas de campaña cercanas. Evacuó y regresó aliviado.

La primera visita oficial a León, ya como reyes, concidió con la alcaldía de Óscar Rodríguez Cardet, un conocido y popular empresario, poco versado en tratamientos monárquicos, cuyas ocurrencias singulares y campechanía similar, dieron lugar a situaciones increíbles y en ocasiones jocosas. Pronto congenió con el monarca, al que tan pronto llamaba alteza o le trataba de usted como le indicaba el lugar que debía ocupar diciéndole, «majestad, tú siéntate aquí». «Lo que tu mandes, alcalde», contestaba el rey.

Visitando el Panteón de Reyes de San Isidoro, el abad Antonio Viñayo, manifestaba con solemnidad: «Aquí, majestad, hay enterrados veintitrés reyes y reinas, doce infantes, y nueve condes», Al oír aquello, el rey tapándose la boca con la mano se volvió hacia el alcalde y le dijo «Jodo, petaca».

Más tarde, en la plaza Mayor, abarrotada de público pendiente de los reyes, se sirvieron unas sopas de ajo que picaban exageradamente. «Estas sopas, dijo el alcalde, resucitan a los muertos». «Pues llévaselas a mis antepasados del panteón», contestó el monarca.

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