Andalucía, Madrid y Valencia trabajan para controlar el relevo de Rubalcaba

Eduardo Madina enfadó a los aparatos al forzar un congreso de ‘un militante un voto’.

El candidato José Antonio Pérez Tapias.

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paula de las heras | madrid
León

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No es el congreso extraordinario del PSOE que se avecina lo que el grueso de los dirigentes del partido había imaginado como panacea a sus problemas. La decisión de romper con la tradición del voto delegado e improvisar una fórmula para que todos los militantes elijan de forma directa al futuro secretario general, como ocurrió en Galicia en 2013, ha trastocado demasiados planes. Sin ese cambio las cosas serían ahora muy distintas.

Fracasado el intento de que Susana Díaz asumiera la secretaría general, Andalucía, Madrid y Valencia tratan de ahormar un acuerdo que permita un cierto control sobre el relevo de Alfredo Pérez Rubalcaba.

Fue el diputado vizcaíno Eduardo Madina, número dos del grupo parlamentario en el Congreso, el que obligó con un órdago televisado a modificar las reglas del juego. Alfredo Pérez Rubalcaba recogió el guante. Fue una jugada ganadora porque públicamente ninguna federación podía atreverse a pronunciarse en contra después de que a todas se les ha llenado la boca hablando de apertura desde la debacle de 2011 y la sacudida del movimiento de los ‘indignados’. Y porque Madina apenas habría tenido opciones en un cónclave tradicional frente a Díaz. Pero ganar una batalla no significa ganar la guerra.

«Edu enfadó a mucha gente y sea cierto o no, que en el fondo es lo de menos -dice un buen conocedor del partido-, se ha instalado la idea de que todo respondía a una operación de Alfredo para apartar a Susana y seguir controlando el partido. Eso le va a pasar factura». En contra de lo que un análisis ingenuo pueda señalar, el voto directo del militante introduce un factor de incertidumbre suficientemente alto como para que el ‘congreso a la andaluza’, de candidato único, que reclamaba Díaz no se produzca, pero eso no quiere decir que los aparatos del partido queden desarmados. Ni mucho menos. Sobre todo si deciden actuar de forma concertada. Y así será.

«Andalucía, Madrid, y Valencia iremos juntos a donde vayamos», advirtió ayer mismo un destacado dirigente territorial. Se trata de las tres federaciones con mayor número de militantes, sin contar al PSC, los segundos por afiliados. Y el voto es libre, sí, pero son muchos los militantes que miran hacia arriba en busca de una directriz. Un experto hombre de aparato se atreve incluso a hacer un pronóstico al respecto: «El 80% va a mirar a su alcalde, a su secretario provincial o a su secretario regional y el 20% irá por su cuenta».

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El grueso de los barones, incluso algunos de los que no lo dijeron abiertamente -las únicas excepciones son, prácticamente, el extremeño Guillermo Fernández Vara, el asturiano Javier Fernández y el ya fuera de juego catalán, Pere Navarro- trataron por todos los medios de allanar el camino a la presidenta de la Junta de Andalucía, convencidos de que sólo ella tiene el perfil necesario para el momento.