GRUPO DE RESCATE E INTERVENCIÓN EN MONTAÑA DE SABERO
Rescatados: del alivio al sentimiento de culpa
«Hay que tener cabeza para tomar la decisión inteligente de renunciar a la actividad programada. La montaña siempre estará allí, pero es posible que por no retirarte no regreses».
A la lista de recomendaciones para realizar con la mayor seguridad posible los deportes de montaña —no salir solo, dejar dicho el destino y la ruta que se realizará, llevar el móvil, conocer la provisión meteorológica...— los greim de Sabero añaden una más: «Hay que tener cabeza para tomar la decisión inteligente de renunciar a la actividad programada. Al fin y al cabo, la montaña siempre estará ahí, pero existe el riesgo de que tú nunca regreses».
Pero una vez metidos en harina, la relación entre los especialistas y las personas a las que ayudan siempre es cordial. «Encontrarlos ya es una alegría», porque localizar a la víctima siempre entraña dificultad y se dan anécdotas como que el Espigüete «tiene dos caras norte» o que el agente indique al montañero que llama desde su móvil solicitando ayuda que es imposible «que éste donde refiere, porque allí no hay cobertura de móvil».
La información sobre las situaciones de apuro que reciben los rescatadores no se corresponde en muchas ocasiones con lo que luego encuentran, «sobre todo si procede de terceros», aunque hay situaciones «que resuelves por teléfono, preguntando ‘¿qué ves?’, para indicar luego por dónde tiene que pasar».
La primera sensación de quien precisa socorro «es de alegría y luego llega el arrepentimiento: ‘Perdona, no tenía que haberme embarcado en esto’. Incluso si llegas de noche, te pregunta que qué haces allí a esas horas». Pero del rescatador nunca sale el enfado o el reproche. «¿Acaso le riñes a un atleta porque se ha roto el tobillo?», apuntan.
«Los enriscados —que no pueden continuar y se encuentran en una situación de peligro de caída—, en ocasiones se quedan paralizados por el medio, hasta el punto de que tienes que ponerles los pies donde deben apoyar para sacarles de ahí», explican en Sabero.
Los problemas de parejas también llegan a las cumbres. «El marido, montañero, le pone un día los crampones a ella» y suben hasta el punto de no retorno: «Los encuentras a cada uno en un lado». La situación violenta incluso para el rescatador. Una broma es la mejor forma de salir del paso, como en las situaciones más complejas —«que lo estés pasando mal no significa que no te puedes reír»—.
En la conversación en la base del Greim, el debate sobre el pago de los rescates es ineludible: «Hay quien nos pregunta cuánto le va a costar» e incluso quien «se niega a subir al helicóptero porque piensa que se lo vas a cobrar». Reconocen que el tema es complicado: «Una imprudencia clara es muy difícil de valorar» y obligar a que los montañeros posean una licencia con seguro «supone sancionar al que no la tenga».
El jefe del Greim, Enrique Ferrero, quiere un helicóptero con grúa que amplíe las posibilidades de rescate de la unidad. La Unidad de Helicópteros dispone de este dispositivo, pero descompensa la potencia del aparato y sólo se utiliza cuando es imprescindible.