Diario de León

Sánchez descarta una gran coalición con el PP pero no pactos aislados

El líder del PSOE argumenta que las mayorías absolutas son «pésimas» para la democracia.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante su intervención ayer en un foro.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante su intervención ayer en un foro.

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paula de las heras | madrid
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Es una cuestión recurrente. La misma pregunta y la misma respuesta. Siempre. Y mejor que sea así porque, cualquier variación, da lugar a dudas. El secretario general del PSOE tuvo que emplearse ayer a fondo para volver a dejar claro que, bajo ningún concepto, contempla una gran coalición de Gobierno con el PP; ni siquiera si la fragmentación del voto es tan acusada como la que ya se produjo en las europeas y la suma de las dos formaciones que durante décadas han concentrado alrededor del 75% del voto en España, e incluso el 80% en algunas elecciones, les deja por debajo del 50%. Pero los socialistas saben que su negativa no zanja el asunto porque existe, dicen, una fuerte presión en ese sentido de algunas élites.

La pregunta volvió a Pedro Sánchez, de hecho, durante su charla en un foro organizado por el diario económico Cinco Días, al que asistían representantes del mundo empresarial. Dicen los suyos que, por no ser reiterativo, el líder del primer partido de la oposición omitió en esta ocasión el rechazo contundente y se limitó a teorizar sobre lo poco que comparte el discurso de que un Ejecutivo en minoría sea algo malo. «Que haya Gobiernos apoyados por distintas fuerzas políticas parlamentarias no me preocupa, al contrario, creo que es sano», dijo. «Lo pésimo son las mayorías absolutas; ahora hay muchas propuestas que se quedan fuera del debate por el rodillo del PP».

Quienes no le oyen todos los días desconocen que Sánchez suele poner como ejemplo de escenario plausible, e incluso deseable, los gobiernos en minoría de José Luis Rodríguez Zapatero y su ‘geometría variable’. Sin ese matiz, sus palabras sonaron a que dejaba una puerta abierta al entendimiento con la formación de Mariano Rajoy. Pero en su entorno insisten en que no es así.

Si algo trata de combatir el PSOE desde hace meses es el discurso que los equipara como miembros de una misma «casta» y que tanto ha ayudado a Podemos en su meteórico ascenso. Fue eso lo que le llevó a romper el acuerdo de los socialistas europeos en la Eurocámara y votar contra Jean Claude Juncker como presidente de la Comisión, a romper la negociación de medidas de regeneración democrática en el Congreso hace poco más de un mes o a votar, la semana pasada, a favor de la iniciativa de IU contra la reforma del artículo 135 de la Constitución que impulsó José Luis Rodríguez Zapatero en agosto de 2011, aun a costa de desconcertar y enfadar a no pocos diputados y dirigentes suyos.

El fantasma de la gran coalición, sin embargo, sigue vivo. Ni el anterior secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, ni su número dos y cabeza de cartel en las europeas, Elena Valenciano, lograron enterrarlo por más que lo intentaron el pasado mes de mayo, después de que Felipe González dijera en una cadena de televisión nacional que si fuera necesario para España PP y PSOE tendrían que intentarlo. La anterior dirección socialista y la actual comparten que, por más que se ponga Alemania como ejemplo de la enorme estabilidad que un pacto de esa naturaleza puede aportar a un país, la situación de ambos países no es análoga y un acuerdo de gobierno acabaría asfixiándolos.

Sánchez se mostró dispuesto, en todo caso, a llegar a pactos aislados sobre cuestiones concretas. El principal sería la reforma constitucional pero también puso sobre la mesa, una vez más, un pacto energético. Y poco más. En estos momentos, tiene que evitar que los ciudadanos perciban a Podemos como única alternativa real al Gobierno de Rajoy, sin caer en la tentación de dejarse arrastrar por su discurso. Su empeño es que se visualice al PSOE como «izquierda transformadora, no conservadora» y ofrecer «un proyecto de izquierdas, que atraiga al centro». El problema es que, tras haber engullido prácticamente a IU, ese es el hueco que busca llenar también Pablo Iglesias.

El líder del PSOE buscó un flanco débil en su adversario y afirmó que la evolución de la nueva formación en sus apenas nueve meses de vida (y con sólo quince días como partido) no resulta creíble.

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