Alfonso Alonso aterriza en Sanidad para «comunicar» la labor del Gobierno
El nuevo ministro achaca su designación a que «el presidente Rajoy confía en mí».

Ana Mato entrega la cartera ministerial a Alfonso Alonso durante la toma de posesión.
A la cartera de Sanidad tendrá que adaptarse poco a poco, pero su labor en el Ejecutivo trasciende de los asuntos propios de su departamento. Alfonso Alonso aterriza en el Consejo de Ministros para hacer política, para vender los logros de un Gobierno que adolece de falta de relato y que lo confía todo a la gestión. «Sí, yo estoy de acuerdo en que no soy un técnico», admitía ayer en el hemiciclo de la que hasta ahora ha sido su casa, el Congreso de los Diputados. Y ese es el encargo que Mariano Rajoy tiene para él. Comunicar la acción del Ejecutivo a un año de unas elecciones generales en las que los populares temen la catástrofe por, entre otras razones, no haberse explicado bien.
«Yo creo que el presidente confía en mí», presumía Alfonso Alonso en una mañana de despedidas en la Cámara baja. Confían Rajoy y, sobre todo, su mano derecha, la vicepresidenta del Gobierno, con quien Alonso mantiene una evidente complicidad desde los años que trabajaron juntos en la oposición. Ha sido el hombre de Soraya Sáenz de Santamaría en las filas del grupo parlamentario. El encargado de calmar los ánimos de algunos sectores por proyectos o anteproyectos como el de la reforma de la ley del aborto que presentó el entonces titular de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. Pero, sobre todo, ha sido la voz del PP en aguas revueltas.
Con la dirección del partido enmudecida en plena tormenta judicial de corruptelas y sospechas de financiación ilegal, todos los focos han recaído una y otra vez en Alfonso Alonso. Tras los cada vez más frecuentes silencios de Cospedal, Alonso respondía a los requerimientos. Las lagunas de comunicación de la secretaria general se veía obligado a cubrirlas el portavoz de los populares en el Congreso. Hablaba cuando le tocaba en una Cámara baja en la que es difícil esconderse y ante la indignación de los suyos por la falta de empuje político de la cúpula de la formación. «No hacéis una rueda de prensa amable nunca», bromeó ayer en su despedida de los periodistas parlamentarios.
Esa forma de lidiar le ha valido para ascender al Gobierno y cubrir una de las pocas bajas que se han producido y que parece se producirán hasta las elecciones generales. La dimisión de Ana Mato por su relación con el caso de Francisco Correa ha sido la excusa que Rajoy ha aprovechado para comenzar a virar lentamente y cambiar de estrategia en un periodo de comicios municipales, autonómicos y generales en el que el PP se la juega y mucho.
Alonso será una especie de ‘portavoz bis’ para cubrir los huecos que deja la vicepresidenta a lo largo de la semana.
Alonso avanzó, de entrada, que dará un «impulso social» a la acción del Gobierno para que la salida del agujero se realice «con justicia». «Lo que yo puedo aportar es escuchar, tratar de comunicar a los ciudadanos e impulsar la agenda social para este Ejecutivo», adelantó.
«Su marcha es un golpe», observaba mientras tanto el presidente del Congreso, Jesús Posada. La oposición tampoco dudó en reconocer el peso político del ministro de Sanidad, al que pidió que rectifique las políticas de su predecesora. Nervioso en la toma de posesión por ser «la primera vez», con la sorpresa en el cuerpo por la llamada del presidente a las seis de la tarde del martes, pero, sobre todo, Alonso se mostró exultante ante tanto halago.