Susana Díaz reconoce que tiene «ambición» suficiente para capitanear el PSOE
La presidenta de la Junta dice que si ese tren no pasa de nuevo, no ocurrirá nada, pero admite que aspira a tareas más elevadas.

Susana Díaz intervino ayer en un acto con militantes socialistas en Toledo.
La consigna de no «colaborar» a que el único mensaje del PSOE que llegue a la gente sea el del debate interno, reclamada por líderes territoriales como el extremeño Guillermo Fernández Vara, el asturiano Javier Fernández o el castellano-manchego Emiliano García-Page, se dio ayer de bruces con un torrente de sinceridad que la presidenta de la Junta de Andalucía fue incapaz de reprimir. Susana Díaz se había sumado la víspera a la estrategia de contención. «No voy a hablar más del partido», dijo. Pero bastó que le pusieran el trapo delante para que se animara a confirmar que, en realidad, ella tiene vocación de líder nacional.
La dirigente de la federación con más peso en el partido, referente interno y contrapoder en el que buena parte del PSOE descarga sus preocupaciones y enfados con Pedro Sánchez, participó en un desayuno informativo en Toledo, junto a García-Page. Y en la batería de preguntas habituales no faltó la de si aspira a lo más alto. Podía haberse salido por la tangente, pero prefirió no hacerlo. «En política hay que ser sincero -se arrancó-; yo tengo ambición por cambiar las cosas, y tener la confianza de la gente es a lo que uno aspira, pero sin preocupación, es decir, que no me importa, que si en la estación me quedo, pues en la estación me quedo, y si pasa otro tren ya se verá».
La analogía ferroviaria venía a cuento de la situación que ahora, tan sólo cinco meses después de haber elegido a un nuevo secretario general que simbolizara el cambio y llegara adonde Alfredo Pérez Rubalcaba no pudo, vive el primer partido de la oposición: un continuo runrún de fondo, un cuestionamiento ronco de las capacidades de Pedro Sánchez para cumplir su misión y poner al partido en el Gobierno. Un ajetreo que conduce sí o sí, una vez más, a Susana Díaz. Porque, como ocurrió en julio, cuando dijo ‘no’ a competir en unas primarias, a pesar de que más de una decena de barones le animaban a que diera el salto a Madrid, parece ser la única alternativa con suficiente respaldo.
En su día aseguró que no intentaría asumir el papel porque su prioridad era Andalucía y su marcha podía dejar en un equilibrio precario a la federación que es la «columna vertebral» del PSOE. Ahora su situación no es muy distinta. Y, sin embargo, se deja querer. «Yo ya pude ser secretaria general el pasado verano. O no, porque quizá no me habrían votado mis compañeros», se autocorrigió con una prudencia más formal que auténtica. «El tren pasó y ahora ya no me preocupa. Y si vuelve a pasar el tren, pues ya se verá. Y si no pasa, pues no pasa nada. Si yo no tengo ningún problema por eso…», insistió
Apoyo al cargo
No es la primera vez que lo dice. Pero esta vez fue si cabe más clara, por eso de reconocer su «ambición» controlada. Controlada porque la presidenta de la Junta de Andalucía intenta no pasarse de la raya. Una de cal y otra de arena. En esa línea, volvió a reiterar lo que ya dijo el martes, que «el secretario general del PSOE siempre ha tenido el apoyo de los socialistas andaluces», que ese afán de ejercer de sostén es algo que llevan en el «ADN». Sin embargo, eludió pronunciar el nombre de Pedro Sánchez o dedicarle el más mínimo elogio.
Es más, Díaz hizo hincapié en que ese apoyo se debe a que ella es «un persona de partido». Y punto. Nada tiene que ver con las capacidades del hombre al que sirvió en bandeja las riendas del partido este verano.
«Primero está mi país y mi tierra, Andalucía, y después está el PSOE. Pero soy una mujer del partido y siempre el secretario general del PSOE va a tener mi apoyo -reiteró-. Y él sabe que cuando haya cosas que no me gusten se las diré. A él y a todo el mundo. Sabe que no hay nada más importante en las relaciones humanas que la sinceridad».