Diario de León

El kamikaze del PP quería castigar a los partidos porque estaba en el paro

Un turolense empotra su coche en la sede de la formación cargado con dos bombonas.

El coche, en el interior de la sede del PP en la calle Génova.

El coche, en el interior de la sede del PP en la calle Génova.

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ramón gorriarán | madrid
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Durante unos momentos Madrid vivió estremecido por la posibilidad de un atentado terrorista islamista. Los primeros minutos después de que un hombre empotrara su coche contra el vestíbulo de la sede nacional del PP en la calle Génova 13 se llenaron de confusión y rumores de un ataque yihadista en la sede del partido gubernamental. El desconcierto se desvaneció en cuanto el frustrado kamikaze confesó que de islamista, nada, y que era un «empresario que había perdido todo». Aseguró a los agentes que en su vehículo llevaba dos bombonas de butano y «una bomba» de 15 kilos de «amonal» con un temporizador. Era verdad lo de las bombonas, pero no lo del explosivo porque se trataba de gasolina y fertilizante que, según la policía, «difícilmente» podía haber explotado. El montaje del artefacto, además, era «casero y rudimentario».

Madrid, como otras ciudades, está en alerta máxima ante el riesgo de un atentado islamista radical. El director adjunto operativo de la policía, Eugenio Pino, remitió el pasado 9 de diciembre una nota al jefe superior de la capital y al jefe del grupo especial de operaciones en la que informaba del traslado de Guadalajara a Madrid de «un grupo operativo» de los GEO para conseguir «una mayor inmediatez y eficacia» si su intervención fuera necesaria. Como esta hay otras muchas notas internas en la policía en las que se reitera el estado de alerta ante eventuales acciones yihadistas.

En medio de este clima, estimulado por el reciente atentado en un café de Sidney que dejó tres muertos, Daniel Pérez Berlanga, de 37 años y residente en el municipio turolense de Bronchales, decidió poco después de las siete de la mañana empotrar su Citroën Xantia en el edificio de siete plantas de los populares, en pleno centro de Madrid. El ruido fue «brutal», según el testimonio de los vecinos, pero no explotó nada. La mujer que regenta un quiosco de prensa cercano creyó que era «un despistado o alguien que estaba bebido».

La pareja de agentes que vigila las 24 horas del día la sede del partido gubernamental no pudo hacer nada porque el coche entró a gran velocidad. Los dos policías no pudieron evitar el ataque, pero redujeron enseguida a Daniel Pérez, que contó lo de la bomba y el butano. La zona fue rodeada de inmediato con un gigantesco despliegue policial que cortó el tráfico en la calle desde la plaza de Alonso Martínez a la de Colón, y también por vías aledañas.

Daniel Pérez fue trasladado a la comisaría. En sus primeras declaraciones, según fuentes policiales, explicó que el objetivo de su ataque no era el PP, aunque escogió el edificio de la calle Génova porque era el que conocía. Quería castigar a todas las fuerzas políticas porque todas «son iguales». El frustrado kamikaze culpa a los partidos de su situación laboral, parado desde mayo después de haber trabajado en una empresa maderera y no haber pasado las pruebas para vigilante de los recolectores de setas en su pueblo. En un principio, sin embargo, dijo que era un empresario arruinado.

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