Diario de León

LA LACRA DE LA CORRUPCIÓN

Pujol y la "hucha" maldita

El 'expresident' se desmarcó ante la jueza del "legado" que, según aseguró, dejó su padre a su mujer e hijos. Justificó no regularizar antes el dinero por "miedo" a que dañara su imagen

Imputado Jordi Pujol, durante su declaración en la Ciutat de la Justícia de Barcelona, el martes.

Imputado Jordi Pujol, durante su declaración en la Ciutat de la Justícia de Barcelona, el martes.

Publicado por
J. G. ALBALAT / R. JULVE
León

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Manos juntas en la espalda, andar pausado, Jordi Pujol se dirige hacia la pequeña mesa central de la sala 229 de la Ciutat de la Justícia de Barcelona. "¿Quiere tomar asiento, por favor, señor Pujol?", le dice la jueza. "Señor". Aquel tratamiento de 'president' o 'molt honorable' es propio de otros lares y, sobre todo, en este caso, de otras épocas. "¿Puc tenir un paper sobre la taula?", son las primeras palabras del fundador de CiU. Una empleada del juzgado le facilita un DIN A4, pero él saca un papelito del bolsillo de la americana. Se le comunica entonces que está imputado "por un delito contra la Hacienda Pública y de blanqueo de capitales", se le recuerda que tiene derecho a guardar silencio y a ser asistido por un intérprete "en caso de que deseara expresarse en lengua catalana?". "¿Ha entendido sus derechos?", le pregunta la jueza. "Perdó? Sí, sí. Em sembla que puc parlar en català", contesta él. Empieza entonces un interrogatorio que se alargará cerca de dos horas.

En sus respuestas a la instructora sobre la fortuna familiar oculta en Andorra, Pujol intenta por activa y por pasiva dejar claro que él no quiso "saber nada" de "una hucha" de "unos 140 millones de pesetas en dólares" que su padre, Florenci, depositó para sus hijos y su mujer. "Tenía miedo [de que esa decisión] tuviera efectos negativos tarde o temprano como, de hecho, ha tenido --se justifica--. Era una operación peligrosa". En su opinión, representaba un plan "arriesgado" tanto en 1980, cuando falleció su padre y pasó a gestionar ese capital Delfí Mateu, como en 1990, cuando su primogénito Jordi se hizo cargo del "legado". Estaba convencido de que su "imagen", por lo que él "representaba para el país", quedaría dañada en cuanto se regularizaran los fondos. ¿Por qué entonces su confesión del pasado 25 de julio? "Por una preocupación más ética que judicial" y al ver que la situación podía dañar a sus hijos. ¿Y porqué no hicieron ese escrito su mujer o sus hijos si eran ellos los implicados y no él? Porque él era quien conocía "la historia desde el inicio".

"PROBLEMAS" CON EL PADRE

Interrumpiendo en más de una ocasión o pidiendo que le repitan la pregunta ("es que estoy un poco sordo y aquí veo que resuena un poco"), el exmandatario nacionalista repite y vuelve a repetir que se desmarcó de la decisión que según él tomó su progenitor y que por eso desconocía si quiera en qué país estaban depositados aquellos fondos. Asegura incluso que hubo "problemas" entre ambos porque él no cesaba en su "obsesión" de dedicarse a la política y que esa carrera fue precisamente la que llevó a Florenci Pujol a crear una "hucha" ahora maldita.

Para tratar de apuntalar esa exposición, el 'expresident' asegura en su declaración que existe un escrito que envió su padre a su mujer, Marta Ferrusola, que viene a demostrar que fue él el artífice de aquella idea ante el empecinamiento de su vástago de seguir liderando CDC. Sin embargo, admite, ese papel tiene "valor relativo" porque "no está firmado". Encima, tampoco lo presenta ante la jueza. No aporta ningún papel que demuestre que aquella fortuna oculta era un "legado". ¿Se puede hablar de "herencia"? ¡Nooo! Al intérprete que le traduce al castellano (aunque él cambia a ese idioma al responder al fiscal) le recrimina que hable de "herencia" cuando él ha dicho "deixa" o "llegat". "Perdó, una espècie d'herència, no. En llenguatge popular es el que es diu 'un racó bo'", corrige. Por lo demás, en el juzgado sus formas son más tibias que las que mostró hace poco en el Parlament.

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