Podemos exhibe su poder en Madrid con la mirada puesta en La Moncloa
La formación de Pablo Iglesias reclama un cambio político ante 300.000 personas.
Podemos refrendó ayer en las calles de Madrid la fortaleza que apuntan las encuestas. Según las estimaciones de la Policía, la formación de Pablo Iglesias reunió en Madrid a más de 100.000 manifestantes, una cifra que la organización elevó hasta los 300.000. Aún con la notable diferencia de recuentos que arroja el habitual baile de cifras, es impensable que otra fuerza política tenga hoy un poder de convocatoria semejante.
La concentración se llevó a cabo en un ambiente de fiesta y optimismo, como si fuera una celebración adelantada de un año que Podemos augura repleto de éxitos electorales. El acto central de la concentración se llevó a cabo en la madrileña Puerta del Sol. «No podría ser en otro sitio», decían los dirigentes de la formación: «Es el lugar en el que en 1808 el pueblo de Madrid se levantó contra los franceses, en el que en 1931 se proclamó la II República y en el que en 2011 se dijo ‘basta ya’ a las políticas de austeridad del bipartidismo».
Lo que comenzó como una manifestación con salida en la Plaza de Cibeles y llegada a la Puerta del Sol, se tornó en un mitin a la antigua usanza, como los de los partidos de siempre. A lo largo de los últimos días Podemos había insistido en la que ‘Marcha del Cambio’ no era su convocatoria, sino la de toda la gente «maltratada». Que no sería una manifestación monopolizada por el color morado, sino que incluiría los colores de todos los colectivos u organizaciones que quisieran sumarse al cambio. En consecuencia con este mensaje, Iglesias y su equipo declinaron colocarse en cabeza detrás de la pancarta principal y optaron por situarse filas más atrás. Pero a la hora de la verdad, fue una exhibición de poderío ciudadano de Podemos y no hubo espacio para nadie más que no fueran los líderes del partido.
Sobre el escenario levantado en la plaza madrileña, los cinco de la delantera de Podemos, Luis Alegre, Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa, Iñigo Errejón y Pablo Iglesias, abundaron en la misma idea. Las decenas de miles de ciudadanos reunidos no estaban allí para protestar ni para exigir al Gobierno la marcha atrás en sus políticas de austeridad. Ese tiempo, el de las reivindicaciones del 15-M, el del ‘Sí se puede’, es, dijeron, parte del pasado. Errejón lo resumió con un «demasiado hemos protestado sin que nadie escuchara». Ahora ha llegado el turno de una nueva etapa, la de ganar las elecciones. Es el tiempo del relojero grito de guerra acuñado por Iglesias el pasado domingo en Valencia. ‘Tic, tac, tic, tac’, se repitió una y otra vez durante la marcha a modo de recordatorio al PP y al Ejecutivo de Mariano Rajoy de que su tiempo «se ha agotado», de que en noviembre serán «desahuciados del poder» por un Gobierno de Podemos que «devolverá la soberanía al pueblo». «Se acaba el tiempo de los privilegiados y llega el de la gente», insistieron los responsables de Podemos.
Los discursos tuvieron varios puntos en común. Estuvieron llenos de bisutería verbal, soflamas, acusaciones y ayunos de propuestas, aunque los oradores pueden justificarse en que no era el sitio ni le momento de hacerlas. En todos se identificó al PP como el rival a batir en el camino hacia la Moncloa con un ostentoso ninguneo al PSOE. Los socialistas ya no cuentan como adversario para los de Iglesias. Otra palabra que se borró del vocabulario ‘podemista’ fue «casta», toda una seña de identidad de sus dirigentes desde el nacimiento de la formación hace apenas un año. En su lugar, Iglesias y su cuarteto de teloneros hablaron de «privilegiados», esos que, como definió Bescansa, «son los señores de los trajes ‘black’, de los sobres ‘black’ y de las tarjetas ‘black’, esos que no nos representan».
El momento álgido de la marcha llegó con la intervención de Iglesias, al que sólo Monedero logró empatar en aplausos. El secretario general, que fue recibido al grito de «presidente, presidente», pronunció un discurso impregnado de optimismo y con un marcado tono mitinero. «Qué bonito es ver a la gente haciendo historia. Es emocionante ver un pueblo sonreír en la Puerta del Sol, un pueblo con voz de gigante que pide cambio, justicia social y democracia. Veo gente digna y la esperanza de construir entre todos un futuro mejor», dijo a modo de calentamiento.
La intervención de Iglesias se centró en arremeter contra unas políticas, que, denunció, han cercenado los derechos ciudadanos, recortado la sanidad y la educación pública, desahuciado a miles de familias de sus hogares y obligado a los jóvenes a marchar al exilio. «Han querido humillar a nuestro país con esa estafa que llaman austeridad», resumió. Frente a esta realidad contrapuso su compromiso de poner en marcha un «rescate ciudadano» al día siguiente de alcanzar al poder. Como no podía faltar, puso el ejemplo de Grecia, donde «Syriza ha hecho más en seis días que otros gobiernos en seis años», dijo.