EL PEOR TEMPORAL EN TRES DÉCADAS
Nevada a la luz de la vela
"A solidaridad no hay quien nos gane", proclaman los vecinos de la Montaña atrapado por la nieve. Prioro y Tejerina demandan mejoras en su tendido eléctrico tras pasar casi dos días sin suministro en la peor nevada que recuerdan en muchas décadas los más viejos del lugar.

En cuanto el cielo despeja un poco los hombres se arman de escaleras y palas para quitar nieve de los tejados en Prioro
Dos días sin pan y en algunas casas comida fría, la escuela y el ayuntamiento trancados por la falta de suministro eléctrico y pendientes de la bombona de oxígeno de la señora Avelina. Sin televisión y sin radio. Cargando los móviles en los coches, quien lo tiene, y a la luz de las velas para cenar. Parece muy romántico pero hay que vivirlo para saber la inseguridad que crea.
Aburridos están los vecinos de Prioro y de su convecino Tejerina, como la mayoría de los habitantes de la montaña leonesa desde Ancares hasta el Espigüete por el temporal de nieve y sus consecuencias. «En Palencia parece que están peor», dicen en el vecino Puente Almuhey, donde los operarios de Iberdrola comen a toda prisa para seguir ruta hasta la provincia vecina que todavía tiene poblaciones sin luz. «La montaña leonesa ya tiene toda servicio», comenta el joven electricista de Cistierna. Les pillará la noche
La UME ya estaba preparada para llevar dos torres de luz a Tejerina y la gente mentalizada de sacar las viandas del arcón y echarlas a la nieve. Contra los elementos no se puede luchar, pero la falta de luz durante la nevada «más desastrosa» que se recuerda en el valle sumió a los pueblos de Prioro y Tejerina en tiempos casi olvidados. Como dice Felicidad, «de vez en cuando se repite la historia».
«No recuerdo una nevada tan grande desde 1945, que fue cuando entré yo en quintas», comenta Isidro Fernández, de 90 años, a la puerta de casa en Prioro, apoyado en sus muletas, mientras la auxiliar de ayuda a domicilio espala nieve para abrir un sendero entre su casa y la calle.
«Tengo que quitar la nieve para poder entrar en la vivienda», dice María del Carmen Herrero, que tiene cuatro personas mayores que atender y apenas 55 minutos en cada domicilio. Isidro vuelve a la nevada del 45, cuando él y otros veinte vecinos salieron a La Mental en busca de un hombre que quedó atrapado. Entonces no tener luz eléctrica era normal. Ahora no.
Al vecindario le parece «muy triste que Iberdrola no tenga previsto proveer de generadores para situaciones de emergencia» y, sobre todo, que «mantenga un tendido anticuado y no revisado, como que no supieran lo que pasa con la nieve», apunta la concejala María Rodríguez.
No es que a la joven, embarazada de seis meses, le acobarden las condiciones de vida de un pueblo. Salta a la vista. Con la ayuda de un palo se desplaza por las calles heladas y flanqueadas por paredes de casi dos metros de nieve y, para llegar a la casa consistorial, no duda en abrir la senda, ya inexistente, con sus pisadas. Va bien abrigada y aislada de la humedad y del frío. La nieve, hasta la cintura.
Vivir en un pueblo no significa para sus gentes resignarse. «Estamos tan preparados como en una ciudad, nuestras calefacciones están conectadas a la luz y hay gente que reside aquí y trabaja a través de Internet», apostilla la auxiliar del Ayuntamiento de Prioro, Marta Cárcamo. Después de dos días cerrado, abrió las oficinas a las 8 de la mañana. Llegar hasta allí no fue fácil.
«Lo primero que hice fue contactar con las personas mayores que viven solas. Era lo más urgente. Saber que están bien y qué necesidades tienen», aclara. Habían resistido todas. «Esta gente mayor es muy dura», como comenta la asistente a domicilio. «Si no fuera por esta chica que viene a dar el servicio...», alega Isidro.
A la gente de Prioro y Tejerina la gran nevada del 15 no le pilló desprevenida. Llevan con vistas blancas desde el 17 de enero, así que cuando vieron la alerta de temporal hicieron acopio de alimentos y medicamentos. Pero quedarse sin luz durante 36 y 48 horas les hizo sentirse ciudadanos de otro siglo.
La corbata de San Antón
«Para cobrar los recibos lo tienen todo perfectamente informatizado pero las líneas son de hace 60 años y están en un estado lamentable», lamenta Silverio Díez, el pedáneo de Tejerina, un pueblo del valle del alto Cea, a 1.200 metros y 93 kilómetros de León.
«Llevamos más de veinte días nevados. San Antón por enero se puso corbata, por no ponerla negra la puso blanca», recita Felicidad pendiente de los tres hombres que se han subido al tejado para despejarlo de la capa de 1,30 metros de nieve que se acumulado sobre la cubierta de la nave.
«Sólo se muere una vez», replica el de más de edad . El buen humor no falta: «A ver si somos de gastar esto entre todos». Con razón avisaban en Puente Almuhey: «Tenemos nieve para rato».Menos mal que las gemelas, las nuevas vecinas de Prioro, Deva y Rocío, se adelantaron y nacieron el lunes, antes de que la «corbata blanca» de San Antón se convirtiera en una gigantesca boina de nieve sobre estos dos pueblos y el resto del valle.
El viernes la situación se empezó a ‘normalizar’, la gente se asoma por fin a la calle, tras recuperar la luz el jueves y las hogazas de pan de Pedro, cansado de «mirar para lo blanco» y con los brazos agotados de espalar nieve a espuertas. Tres horas necesitaron Amparo y su marido Jon para abrirse camino desde la puerta de casa hasta la calle en Tejerina, pueblo situado a seis kilómetros por encima de Prioro al que sólo se puede llegar en Land Rover. Aunque la fresadora de la Diputación sube puntualmente todos los días, el camino se vuelve a borrar. El panadero está avisado y espera en el pueblo para evitar cruzarse. «No vale cualquier todo terreno», aclara José Luis mientras se pelea con un ‘trabe’ en la curva más peligrosa antes de llegar al pueblo. Por el camino, muestra el pino que cayó encima del tendido eléctrico, una línea de postes de madera y jícaras de vidrio, y provocó el corte de luz que dejó a oscuras a los vecinos casi dos días. «Los del Icona —el nombre del legendario instituto es el que pervive por encima de la Junta y Medio Ambiente— no dejan cortar los pinos y luego pasa lo que pasa, tenían que estar ellos aquí», increpa el hombre.
Las cámaras frigoríficas de la tienda de Gracián eran las que más preocupaban «porque tiene muchos congelados», comenta María Rodríguez. Ya ha cursado una reclamación a Iberdrola por los perjuicios. «Si no regresaba la luz ya teníamos pensado echar las cosas a la nieve para que no se estropearan», apostilla. La televisión aún no ha vuelto, sólo tienen el canal de Castilla y León en servicio. «Lo malo es que cuando funcionen las otras ésta ya no la vemos», dice la dueña del bar contenta de servir por fin unos cafés.
Con cecina, queso y unas manzanas se agunta bien un par de días. La gente no busca alimnentos en la tienda de Gracián. De allí viene Miguel García tirando de los 89 años con la cacha y la pala nueva envuelta aún en plástico: «La otra pala se me cayó entre la nieve y no la encuentro. Tuve que ir a comprar otra a la tienda», comenta el hombre. No recuerda haber visto en su vida «ninguna nevada tan desastrosa, tan seguida y de tan mal rasque: se preparaban unas torvas, unos trabes... Coño, está la cosa muy mal».
El tiempo se congela
El miércoles fue el peor día en Prioro. Sin luz y con la ventisca silbando y azotando los árboles. Un rebaño de ovejas se quedó atrapado cerca de El Pando, puerto que está cerrado al tráfico. Para despejar los dos kilómetros de camino la ‘fresa’ empleó más de tres horas. Tampoco fue fácil abrir el camino hasta el polígono ganadero, hasta el viernes no pasan los tractores para dar de comer al ganado.
El tiempo se congela con la nevada y las casas, sin luz, empezaron a bajar de temperatura pese a que la mayoría tienen lumbre en las cocinas. Lore, una vecina que ha retornado al pueblo tras jubilarse en Barcelona, vive estos días entre la emoción de «estar en un sitio tan hermoso» y la sensación de que «todo es muy primitivo». Su casa es una de las que se ha quedado sin gasóleo. No sabe cuándo se lo podrán meter. El termómetro ya ha bajado a siete grados y hace la vida en la cocina. Gracias a la ayuda de su primo tiene la puerta despejada.
La solidaridad funciona en Prioro. «Estamos desfavorecidos, aquí los bomberos no llegan ni en verano, pero a solidaridad con los vecinos no hay quien nos gane», apostilla la funcionaria municipal. En plena ventisca, varios vecinos salieron de sus casas para socorrer a uno al que se le hundió el tejado: «Le ayudaron a apartar todo lo caído».
El peso de la nieve ha vencido las cubiertas de tres cuadras en el pueblo. Por eso los hombres cogen la escalera y se suben a los tejados en cuanto ven el cielo un poco despejado para espalar la nieve desde los altos. No les importan los riesgos.
Quitar nieve de un lado para amontonarla en otro es la actividad que más gente y tiempo requiere. Un trabajo desalentador, aunque en el Alto la Calle ya se van viendo resultados. El farmacéutico, un madrileño que lleva 14 años en Prioro y está enamorado de la comarca, se ha entretenido haciendo fotos a los pájaros. «Con la nieve, haces lo que quieres con ellos». Ahora intenta retirar el enorme manto blanco de su coche. «Me di una vuelta por el pueblo para ver si necesitaban algún medicamento, pero están bien surtidos», comenta.
«¿Por dónde se va para el Ayuntamiento?», pregunta un vecino, medio en broma medio en serio. No es que no sepa el camino, es que no hay por dónde ir sin hundirse en la gran tarta de nieve. Orestes avanza con la pala, pero hay mucho tajo.
En las calles, el tractor y la máquina del Ayuntamiento de Prioro no descansan. El alcalde, Francisco Escanciano, dice que «no quiere ni saber lo que nos costará todo esto, pero hay que tener atendida a la gente», apostilla. «No nos damos cuenta de lo que son estas máquinas», apunta Jesús Salio. «Vi nevadas grandes cuando era pequeño, sí, alguna como ésta, pero si es ahora no podríamos salir de casa», agrega.
El médico no llegó
El médico no ha podido llegar a Prioro, por suerte la enfermera vive en el pueblo. El acceso al consultorio es lo primero despejado. El cura llamó para la misa del domingo pero María Rodríguez, que también es la catequista, es partidaria de suspenderla. La nieve prácticamente cubre las puertas. «Lo malo no es quitarla, lo malo es que la gente viene y si se caen por el camino es peor», comenta.
Los chicos que van al instituto, a Cistierna, llevan una semana sin ir a clase porque el estado de la carretera, con máquinas y todo, ha desaconsejado el tránsito del transporte escolar. La escuela de Prioro, con ocho escolares, no ha podido abrir en tres días. Primero por la falta de luz, pues las persianas son eléctricas, pero también por la acumulación de nieve a su alrededor.
El pueblo sigue trabajando el fin de semana para que mañana lunes «todo vuelva a la normalidad», si es que este invierno da tregua a las poblaciones de la montaña. «Lo importante es que ahora no venga agua», desea el alcalde.
En Tejerina el agua del arroyo es la mejor quitanieves. El pedáneo la va soltando por donde se puede y el camino queda limpio.Pero son muchas las calles que están tapadas y para acceder a las casas hay que hacer pasillos. La nieve cubre hasta las ventanas de las viviendas que están cerradas. «Antes se tocaba la campana y se limpiaba todo el pueblo, pero con los que somos ahora...», comenta el pedáneo.
Celi cuenta que llora de pena al ver tanta nieve, «casi no cabe más», mientras Julio, jubilado y retornado al pueblo después de muchos años en el País Vasco, se ha entretenido en hacer un iglú después de despejar la puerta de su casa. Hasta Óscar, el más pequeño del pueblo, tira de la pala. «Es un chico como los de antes», comentan los vecinos.
«La luz te la vida, hasta que no te falta no sabes lo que es», recalcan Amparo y Jon, que abandonaron Bilbao para emprender una nueva vida en Prioro al frente del molino convertido en casa rural. «Es el primer año que estamos aquí y, como en enero y febrero cerramos, arreglamos esta casa de Tejerina y nos vinimos a vivir aquí», agregan.
La pareja está satisfecha con su nueva vida. «Se vive muy tranquilo», dice Jon, escolta muchos años. «Pero que en el siglo XXI los tendidos eléctricos estén como están no hay derecho, aquí tenía que venir Sánchez Galán, que viaja en avión particular», apostilla. Su hija Saray vino a pasar unos días y se ha quedado ‘atrapada’ por la nieve en el pueblo. «No puedo irme», comenta.
Fermín, ganadero, admite que se complica ir a dar de comer a las ovejas «con esta cantidad de nieve y estos trabes... pero hay que tirar para delante, vives aquí y ya sabes lo que hay. Mientras no tengamos problemas de salud...»,añade con resignación. «Y sin tele para entreternos...», agrega. Sin tele, viven en Tejerina con la ilusión de que llegue el marte de carnaval: «Ese día nos juntamos a comer todos los vecinos», apostilla Silverio. «¡Estáis invitados!», grita al despedirse.