POLÍTICA
El órdago de Sánchez en Madrid pone en peligro su futuro en el PSOE
La cúpula socialista pedirá su cabeza si no recupera crédito en las municipales
Una jugada maestra o un suicidio. La intervención por las bravas del PSOE de Madrid, ordenada el pasado miércoles por Pedro Sánchez, puede ser una cosa u otra en función de cómo se gestione el ruido inicial y de lo rápido que se pueda dar por cerrada la candidatura del exministro de Educación Ángel Gabilondo, un hombre ajeno al partido y sin tacha visible. Es lo que creen aquellos socialistas que, en esta ocasión, ven los toros desde la barrera. Sánchez es un secretario general sentado sobre una bomba lista para estallar el 24 de mayo, fecha de las elecciones autonómicas y municipales. La duda es si ahora ha sido capaz de desconectar el cable adecuado.
El secretario general del PSOE sabía que cortar la cabeza a Tomás Gómez iba a ser una operación de dificultad extrema y durante semanas discutió acerca de ello con distintos dirigentes del partido. No todos le animaron a hacerlo, por más que la mayoría creyeran entonces, y sigan creyendo ahora, que ir a las urnas con el ex alcalde de Parla como candidato era resignarse a ser tercera o incluso cuarta fuerza política —no ya por detrás de Podemos sino también de Ciudadanos—. Madrid es una plaza de enorme fuerza simbólica y una derrota de esa naturaleza sería un golpe mortal para el ánimo del partido en toda España. Pero para echarlo había que ensuciarse las manos. Ensuciarse de verdad. Y estar seguro de poder controlar el proceso.
Eso es lo que Sánchez parece haber descuidado. Son muchos los que están dispuestos a taparse la nariz y pasar por alto la violencia de la fórmula empleada —el derrocamiento de toda la ejecutiva del PSM con el argumento fabricado ex profeso de «deterioro grave de la imagen pública del PSOE» e «inestabilidad orgánica» y su sustitución por una gestora, o sea, una dirección provisional de afines a Ferraz— pero lo que no perdonarían es que todo acabe en una chapuza. Y chapuza sería, subrayan uno tras otro exdirigentes que en su día ocuparon altísimas responsabilidades en el partido, que Gabilondo diga que no. El catedrático de Metafísica, muy por encima del estilo marrullero que tanto se estila en los partidos ya advirtió a la vuelta del verano, cuando Sánchez le sondeó para ser candidato en una operación más limpia que la actual, que él iría sólo si no había bronca interna. Por eso quienes le conocen creen que mientras siga «manando la sangre» no estará dispuesto a convertirse en la supuesta tabla de salvación que no pocos creen que sería.
Haya primarias o no, la dirección del PSOE puede tener un problema si, en las asambleas convocadas por la comisión gestora que preside Rafael Simancas para oír lo que tengan que decir los militantes, los ‘tomasistas’ logran un apoyo masivo a Zerolo. La gestora sólo «interpretará» la voluntad de las bases pero el ruido sería colosal. Y lo peor para Sánchez es que podría acabar instalándose el mensaje, que desde el primer día, puso en circulación Gómez, de que todo lo ha hecho obsesinado por la debilidad de su liderazgo frente al de Susana Díaz para intentar controlar al partido.